martes, 17 de febrero de 2009

Fuego


Sara Paretsky: Fire Sale, 2005
Fuego, Ediciones B, 2008
Traducción de Borja Folch

Puede que sea ésta, Fuego, la última que ha salido en español, la novela que más me ha gustado de toda la serie de Paretsky y Warshawsky, quizás por la sencillísima razón de que me ha tocado en lo sentimental.

¿Por qué? Porque la gran Victoria Warshawsky vuelve al barrio, a South Chicago, territorio en progresivas vías de depauperamiento y descomposición moral y ambiental. Y ya sabéis, amigas y amigos, que a mí los barrios me pueden.

No es la primera vez que Vic regresa a casa. Ya lo hizo antes también en Golpe de sangre, pero esta vez hay ingredientes punzantes, picantes, chinchantes. Y ya estamos otra vez con las casualidades, pero resulta que no es Vic la única que ha nacido en South Chicago, pues de allí es también el sociólogo Richard Sennett, de quien cae en mis manos, por pura chiripa, una entrevista que le hacen en el Süddeutsche Zeitung Magazine (no la encuentro en la red, sorry) en la que habla del colapso del sistema financiero en relación con la (ausencia de) cobertura médica de los norteamericanos. Muy interesante todo lo de este tipo.

Pero tenemos más gente del barrio que ha triunfado, como, por ejemplo, el poderosísimo señor Bysen (éste es un personaje de la novela, así que no concede entrevistas), propietario del imperio By-Smart, trasunto de Wal-Mart, cadena de supermercados ultrarreaccionaria, enemiga acérrima de los sindicatos y de los pobres, y paradójicamente empeñada en fabricarlos, en dejarlos sin cobertura médica y en resucitar el esclavismo. Pero a esto ya le dedicaremos un articulito completo.

La cosa es que, en la novela, al fascistorrila del señor Bysen (a Paretsky se le ha derramado de verdad la tinta negra con este personaje) le ha salido un candoroso nietecito cristiano que ama a los pobres, se enamora de una quinceañera mexicana y la lía parda, que se dice.

Paretsky aprovecha el embrollo para arremeter contra el fundamentalismo religioso y las prácticas laborales esclavizantes y hace que Victoria se las tenga que ver con su novio actual y con otro, el policía, anterior. Menudo lío.

Como veis, la novela da mucho de sí, así que seguiremos informando.


Podéis leer otras entradas mías sobre Paretsky y Warshawsky: Punto muerto, Warshawsky y Paretsky.
Y también podéis leer el blog de Paretsy: saraparetsky.wordpress.com.



Technorati tags

domingo, 15 de febrero de 2009

Copyright Murakami

Takashi Murakami, japonés de Tokio que vive a ratos en Nueva York,
cuarenta y seis añitos, doctor en pintura tradicional japonesa,
muestra una retrospectiva en el Museo Guggenheim de Bilbao,
frente al cual posa en la fotografía, que he cogido de La Vanguardia.

Murakami pinta superflat, insectitos, setas con sombrero,
niñas de grandes ojos redondos, flores sonrientes y una hélice de ADN.

Es el dueño de Kaikai Kiki
y hace cositas para Vuitton (la muestra de Bilbao incluye tienda)
y para Issey Miyake.

Dice que empezó a crear porque, de niño,
el cuadro de Goya Saturno devorando a sus hijos le dio mucho miedo.
A mí también me aterrorizó esa pintura, pero sólo se me ocurrió
acurrucarme en un rinconcito y cerrar mucho mucho los ojos.


"Copyright Murakami" estará en el Museo Guggenheim de Bilbao
desde este martes 17 de febrero hasta el 31 de mayo.

Yo me paso fijo a verlo. Ya os contaré.




Technorati tags

miércoles, 11 de febrero de 2009

Grafton superstar

La señora Sue Grafton, con sesenta y ocho años, minifalda, unas piernas estupendas y simpatía permanente, nos contó todo esto una tarde de febrero en Barcelona, como ya blogueó Julen en directo, y se dejó hacer estas fotitos.

Mi padre escribía novelitas policiacas. A los ocho años me enseñó cosas muy útiles: a enlazar una escena cumbre con otra y a trabajar bien los personajes secundarios.

Conozco a gente mayor dinámica e inteligente y así lo reflejo en mis novelas. Tranquilo todo el mundo: Henry el casero vivirá hasta el final del alfabeto.

Mi novela favorita del alfabeto es J de juicio, porque escribiéndola aprendí a trabajar en libertad, a jugar con los libros y a no intentar siempre la perfección. Si intentas ser perfecta, acabas siendo mediocre. No hay que tener miedo al juego ni al fracaso.
Trabajé quince años en Hollywood, así que sé muy bien cómo destruyen las obras. Por eso no les venderé nunca los derechos de mis novelas. Es un regalo que hago a mis lectores. No los venderé porque no merece la pena. [Aplausos]

Ya tengo pensados todos los títulos de la serie. El último será Z is for Zero.

Kinsey Milhone es mi alter ego, la persona que habría sido yo, si no me hubiera casado ni tenido hijos. Así vivo, mediante ella, una vida de aventuras, sin padecer el lado negativo de todo eso.

En la U tiene ya 37 años. En la Z tendrá cuarenta. Es una buena edad para dejar de perseguir a los malos.

Como Kinsey, yo también hacía jogging por las mañanas y consumía comida basura. Yo también me he divorciado dos veces. Voy por mi tercer marido.

Los políticos son los mejores novelistas negros del mundo. Ni a Kinsey ni a mí nos interesa la política. Y no he votado a Obama.

Los autores clásicos del género negro eran hombres que escribían para hombres. Paretsky, yo y otras empezamos a cambiar las cosas y, así, liberamos a los hombres, pues desde entonces ya pueden describir sin complejos el vestuario de los personajes.

El vestido negro de tela mágica de Kinsey existe. Lo compré por 98 dólares (lo más que he pagado jamás por una prenda) y estaba hecho de una tela que se retiró del mercado porque resultó ser cancerígena. Mis hijos me prohíben ponérmelo.


Technorati tags

lunes, 9 de febrero de 2009

Noticias multicolor de la Barcelona Negra

A ver cómo resumo varios días en un post.

Jueves. Por la mañana, Sitges, con Julen, es todavía más hermoso en la realidad que en mi recuerdo. Empieza a llover y, poco después, se forman tremendos charcos en la calzada. Esto es el Mediterráneo, pienso.
Por la tarde, atravieso a toda prisa, de Horta a la plaza Letamendi, la cuadrícula del plano de Barcelona, para encontrarme con Cacho de Pan en el Flamant. Té de maracuyá, frugal cena italiana y charla deliciosa.

Viernes. Librerías y librerías. En Laie me como un bacalao en la buena compañía de Odilas y, a las cuatro de la tarde, estoy en La Capella, para oír a Leonardo Padura (tercero por la izquierda en la cutrefoto) hablar de la irreverencia, el compromiso con las verdades inamovibles y la lucidez escéptica de su tocayo Sciascia, desde una agreste y pedegrosa colina siciliana.

Luego vino Sue Grafton y, un rato después, aparecieron Jokin Ibáñez y Ricardo Bosque, con un número especial de .38 dedicado a Michael Connelly.

Bosque repite el sábado en la estupenda biblioteca de La Barceloneta (en la foto), pues hay un relato suyo en La lista negra.
Paseo hasta el centro, como en el café del Museo Textil (¡qué magnífico patio!) y vuelvo luego a reactivar el sector librero barcelonés en La Central.
Más tarde me tomo un chocolate con Dante, Jorge y Julen en Farga y, tras despedirnos, camino de Horta, paro en una tasca y ceno ¡por fin! pan con tomate y sobrasada.
El domingo, paseo por Montblanc y carretera hacia casa.
Bueno, podría hablar de más cosas, pero tampoco voy a aburriros ni a contarlo todo.

Technorati tags

jueves, 5 de febrero de 2009

Párrafos selectos de Rankin y Rebus


Ian RANKIN: The Falls, 2001
Aguas turbulentas, 2007, RBA
Traducción de
Francisco Martín Arribas
Adaptación mía.

Rebus y su atracción por el lado oscuro del ser humano
Me llama la mala vida.

Rebus y las nuevas tecnologías
Sigo peleándome con la máquina de escribir eléctrica. Para mí el correo electrónico es como magia negra y la red, lo que defiende el portero en el fútbol.

Rebus y la vida sociosentimental vasco-escocesa
En un bar el mundo deja de existir y, con ello, el mundo exterior. Mientras uno está en un pub, se siente inmortal y joven, y cuando sales tambaleante a la hiriente luz del día, rodeado de gente que va a sus cosas, el mundo brilla de otra manera. En definitiva, es lo que hace la gente desde hace siglos: anestesiar su conciencia con alcohol.

Rebus y el crimen perfecto
Emborrachar a la víctima en la cocina y poner una sartén con aceite al fuego. Sencillo e ingenioso.

Technorati tags

martes, 3 de febrero de 2009

Aguas turbulentas


Ian RANKIN: The Falls, 2001
Aguas turbulentas, 2007, RBA
Traducción de
Francisco Martín Arribas

Es lo último que he leído de Ian Rankin y su inspector Rebus. La novela empieza bien: una millonaria veinteañera desaparecida siempre es un buen comienzo. Tiene montones de ingredientes morbosillos y la acción queda muy centrada, muy focalizada, nada de dispersión: una víctima, una familia, un novio, un círculo muy pequeño, para que los lectores no nos perdamos entre datos y nombres, que hay novelas que son un verdadero embrollo, algunas de Rankin, sin ir más lejos, que a veces te pone, de entrada, sobre el papel, tres muertos y una se hace un lío, no porque sea tonta, corta de entendederas o de costosa retención, no; es que el argumento está embarullado, lo cual no tiene nada que ver con la complejidad conceptual.

Sea como sea, volviendo a Aguas turbulentas, dice Rankin en esta novela que al inspector Rebus lo que le gusta de su trabajo es "fisgar en las vidas de los demás, reflexionar y plantear preguntas". Y eso es precisamente lo que nos atrae de esta obra: que nos permite meter las narices en una vida que no es la nuestra, que no se parece en nada a la nuestra, porque es la de una muchacha de familia superacomodada de Edimburgo, que ¡oh, sorpresa!, también tiene sus miserias, su lado cutre, su parte invisible y tan desagradable que acaba en tragedia.

Al fisgón Rebus le sucede que, al convertirse en protagonista de saga de novelas, permite que los demás también fisguemos en su vida, en esa vida que a mí tanto me seduce, llena por completo de trabajo policial y vacía por completo en los días libres. Es curiosa la vida de Rebus, en ese apartamento tan grande para él solo y con esos ligues de tanto nivelito.

Dos cosas hay que no me gustan en la novela. Una es la muerte de su amigo el sacerdote católico, un episodio que no tiene que ver con nada, que queda como cabo suelto, como si en la editorial le hubieran dicho a Rankin que tenía que rellenar unas paginitas más o como si se hubiera hartado de repente del personaje y hubiera decidido matarlo sin más, porque sí.

Tampoco me gusta el malo de la novela. Ya tengo escrito por ahí que no me molan nada esos malos listillos, al estilo de los de Mankell, que hacen cosas teatrales y bobas. Menos aún me gusta que mi admirada Siobhan (pronúnciese "Choban") Clarke caiga en la trampa y se dedique a seguir su jueguecito idiota, sus pistitas falsas, para manejar a los polis como marionetas con su inútil inteligencia superior.

Y esto es todo lo que tengo que decir de la novela. Bueno, también que la banda sonora está muy bien: Mutton Birds, Van Morrison, Dr John, Mogwai, Hawkind, Janis Joplin... Es que este Rebus, baby, is a rocker.

Otro día os pongo unos párrafos selectos. Besos y hasta pronto.

Technorati tags

domingo, 1 de febrero de 2009

My Blueberry Nights


Wong Kar Wai
2008
Guión de Wong Kar Wai y Lawrence Block


Es extraño que una chica de letras, pero de letras letras, como yo, diga que a una peli le sobran los diálogos, pero así es, amigas y amigos, así me lo parece y así lo sentía, una y otra vez, mientras me dejaba llevar por los paisajes míticos del cine americano, por los lugares comunes mil veces revisitados y, a pesar de todo, aún arrebatadores a los ojos de un hongkonés como Wong Kar Wai y de una margenizquierdera como la que escribe este humilde blogsito.

Le sobran los diálogos; y los monólogos, claro; más aún en la versión doblada al castellano, con una traducción que al menos un par de veces me ha dado dolor de oídos. Cuánto mejor habría sido reducirlos a lo mínimo minimorum, algo así como lo que hizo Kim Ki-duk en Hierro 3, y dejar que narraran las imágenes (los semáforos colgados de Nueva York, los neones recalentados de Las Vegas, las aceras rotas, los restaurantes baratos, los bares nocturnos ahuyentadores de la soledad) y la banda sonora impagable a cargo, entre otros, de Norah Jones, la hija guapa de Ravi Shankar. Para eso os dejo en manos del señor Escalones.

Merece la pena, pues, embarcarse con Norah Jones y con Jude Law, como nos embarcamos en su día con Thelma y Louise, hacia la América profunda y no tan profunda, al encuentro de nuestros mitos.


Technorati tags