lunes, 2 de julio de 2007

A vueltas con la tele

Tengo yo una cruzada personal con el asunto este de la televisión, algo de lo que se habla mucho (y muy a lo bobo), se sabe poco, se reflexiona menos y se teoriza casi nada. Por eso aprovecho todo lo que encuentro por ahí disperso para construir, aunque sea a retazos, algo que merezca la pena decirse.

Cae en mis manos una entrevista ya un poco vieja (enero de 2006) realizada a Michael Haneke en El Cultural de El Mundo. Haneke es, entre otras cosas, el director de Caché, una de las mejores películas que he visto en los últimos tiempos, y de la inquietante e inclasificable La pianista. Dice en la entrevista este buen hombre:

Las imágenes son el arma más poderosa para dominar la mente. Me preocupa el rol de la televisión como el símbolo de la representación de la violencia en los medios. Y como causante de la gran crisis que supone su influencia en la pérdida de la noción de la realidad y la desorientación generalizada. La alienación es
un problema muy grave y la televisión desempeña un papel predominante.

Dejando al margen si estoy o no de acuerdo con Haneke, me gusta de lo que dice que concede importancia al fenómeno, que se acerca a él con espíritu crítico y analítico, y no sólo con rechazo frontal.

La crítica literaria ve también la huella de la televisión en la obra literaria de Hanif Kureishi. Así, en su novela El regalo de Gabriel se aprecia un tono de comedia que quizás venga de la pasión declarada del escritor por las comedias de situación televisivas. Es más: Kureishi practica, como en las teleseries, el cross over y hace que los protagonistas de El buda de los suburbios aparezcan brevemente en El regalo de Gabriel.

También en su novela El cuerpo analiza Kureishi el culto a la celebridad, algo que tiene mucho que ver con la cultura televisiva actual. Dice en una entrevista al respecto:

Crecí con las celebridades. En mis tiempos todo el mundo vivía en torno a los Beatles, pero las celebridades se han vuelto más interesantes, complicadas y veneradas que nunca. Mi biblia es la revista "Hello"; me intriga el porqué de tan superlativo interés. Quizás todo el mundo piense que detrás del "glamour" se esconden vidas fascinantes.

El Statcounter da para mucho. El 24 de abril de este año, una persona de Honduras permaneció en mi blog 56 minutos y 6 segundos, es decir, un buen rato. Vino a parar aquí después de haber tecleado en Google porque me gusta mas la television que la literatura (sic). Esa frase la pueden suscribir millones de seres humanos, si a los hechos nos remitimos. Por favor, a mí no me obliguéis a elegir.

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12 comentarios:

Alorza dijo...

Precisamente estoy leyendo "Yo y tú: objetos de lujo", de Verdú, donde desmonta brillantemente el cultismo trasnochado que venera al libro, a las artes clásicas y a un cierto cine como únicos productos de la cultura.

Los chavales de hoy tienen suerte: pueden elegir los libros, el cine... pero también la televisión, los videojuegos, internet... sin prejuicios.

Julen dijo...

Pero la televisión está mediatizada por el arsenal publicitario en que se desarrolla. Yo creo que una de las causas por las cuales mucha gente no somos capaces de quedarnos quietos delante de la pantalla es por la forma en que somos invadidos por la publicidad. Creo que desvirtúa el medio de forma descomunal.
Las tácticas de invasión, además, parecen de tiempos pasados: volumen más alto para los anuncios, integración del anuncio en el propio guión, repetición hasta la saciedad...
En fin, me ido del asunto, pero es que creo que la televisión hoy en día no se puede entender sin la propaganda en que vive inmersa, ¿no?

39escalones dijo...

No me repugna la televisión, sino sólo el 95% de sus programas, lo cual es sustancialmente diferente y que podría justificar examinándolos uno por uno. Además, creo que cualquier análisis televisivo no debe separarse de un análisis social, porque le tele es reflejo de la sociedad. Me parece un medio de comunicación fantástico, "el medio", pero como casi todo, predomina su mal uso(como ocurre también con Internet o el móvil). No es cuestión de ser más o menos "cultureta" o preferir algo y excluir lo demás; todo puede mezclarse si nos produce satisfacción (en todo caso, el problema es con qué nos sentimos satisfechos, la tele hoy en día da pocas opciones, es un monolito casi uniforme de banalidad, al menos en sus programas destinados "a amplios espectros de población").
En 1976 se estrenó "Network" (titulada en España "Un mundo implacable", con William Holden, Faye Dunaway, Peter Finch, Robert Duvall...). La peli no es gran cosa, pero acierta en la reflexión que plantea sobre la televisión, sus ventajas potenciales y como se pervierte el medio por el sistema del beneficio (como el resto de cosas).
Un abrazo

Lucía dijo...

Como 39 Escalones yo tampoco tengo nada en contra de la televisión. Pero no la veo. No me aporta nada, no aprendo nada, es todo un sin sentido, un despropósito. Prefiero leer el periódico o un libro, escuchar un buen disco antes que encender la tele. Lo tengo claro.
Un abrazo.

Noemí Pastor dijo...

Alorza, a ese libro de Verdú le tenía yo echado el ojo, pero se me había ido de la cabeza. Gracias por recordármelo. Creo que los prejuicios tienen bastante que ver con esto.
Julen, ya sabes que yo tampoco aguanto los anuncios en la tele. Hay algunos que son verdaderas joyitas, pero sólo gusta verlos las primeras veinte veces; a la veintiuno ya cansan. Y sí, hay que tener en cuenta la publicidad al hablar de la tele, porque es de lo que se alimenta, al igual que otros medios.
39escalones, ¡qué grandes Finch y Dunaway en Network! Era una reflexión muy lúcida sobre lo que se nos venía encima, porque cuando la estrenaron aquí, la tele que conocíamos todavía no era tan perversa como luego se ha hecho.
Lucía, menos mal que no tienes nada contra la tele, porque si lo tuvieras, ¿qué dirías? Yo creo que, salvo honrosas excepciones, sí tiene un sentido y un propósito muy claros: ganar dinero, como casi todas las empresas del mundo.
Un abrazo a mis comentaristas del alma.

Peke dijo...

Yo no veo la tele, entre otras cosas porque soy sorda y con los audífonos me molesta la alteración de volumen que se tiran con los anuncios. Como a Lucia, tampoco me aporta nada. Prefiero un buen libro o una charla agradable con gente de verdad.

Noemí Pastor dijo...

Peke, a mí la tele me aporta entretenimiento y diversión, me renueva la capacidad de escándalo, me dice mucho sobre la sociedad en la que vivo y me da la oportunidad de meterme en debates como éste. Un beso muy grande.

Francisco Ortiz dijo...

Sin duda estoy con Haneke, y ese tipo ha ganado muchos puntos gracias a la frase que has elegido dicha por él.Me quedo con la literatura.

La Dueña dijo...

Me gusta la TV como medio,pero la nuestra actualmente me parece aburrida.

Estando de acuerdo con 39 escalones merece reflexionar cuando dice:"Además, creo que cualquier análisis televisivo no debe separarse de un análisis social, porque le tele es reflejo de la sociedad", la cuestión es si la TV refleja la sociedad o es la sociedad la que copia modelos propuestos, poco a poco impuestos, y luego consolidados socialmente.

Noemí Pastor dijo...

Francisco, yo estoy con Haneke sobre todo en lo de la "pérdida de la noción de la realidad", pues a veces consideramos más real lo que emite la pantalla que lo que tenemos alrededor.
Dueña, la tele, como la publicidad, hace las dos cosas: se fija en la realidad para saber qué vamos a consumir y, al mismo tiempo, crea modelos y los difunde.

Fernando dijo...

Yo creo que en el amor (en sentido amplio) también hay prioridades y compartimentos permeables, sobre todo cuando abunda. Yo tengo demasiados amores ocio-culturales: la lectura, la escritura, la música, el teatro, el cine... y la tele; pero como buen polígamo, procuro contentarlos a todos con egoísmo (el mío). A mí tampoco me gusta que me obliguen a elegir, pero yo sí elijo, dependiendo de cada ocasión o de las circunstancias.

Noemí Pastor dijo...

Lo bueno es eso, tener varios escapes culturales, en el sentido más amplio de la palabra cultura, que incluye también a la presunta subcultura. Creo que la televisión sólo es dañina cuando es la única vía de información y no se la contrasta con nada.