lunes, 9 de julio de 2007

Silva

Jorge Luis Borges decía siempre que no leía nada que se hubiera publicado en los últimos cincuenta años; es decir, que antes de leer un libro había que esperar a que transcurrieran cincuenta años desde su publicación. Yo no me puedo permitir el lujo intelectual de ser tan exagerada como Borges, pero tampoco me gusta estar pegada a la actualidad; apenas leo novedades editoriales; sólo estoy al día con un puñadito de escritoras y escritores y uno de esos pocos es Lorenzo Silva.

Y con limitaciones; porque en realidad sólo soy fiel a las novelas de Bevilacqua y Chamorro, que tienen dos enormes virtudes. Una, los personajes. Rubén Bevilacqua es el primer investigador de mi generación, la que accedió en masa a la universidad, la que se encontró con un veinte por ciento de desempleo cuando acabó la carrera, la que tuvo que aceptar (e incluso buscar con denuedo) empleos por debajo de su cualificación, la que tuvo que emigrar a las nuevas tecnologías y se mueve entre el inconformismo radical de los jipis que la precedieron y el conformismo consumista de los que vienen detrás.

Virginia Chamorro es un poco más joven y tiene el interés de ser una mujer que habita uno de los muchos reinos de la testosterona que aún quedan en nuestro mundo. Virginia es dura y voluntariosa, trabajadora y callada, inteligente y taciturna, peligrosa y vulnerable al mismo tiempo. Una guardia civil de sangre y hueso (porque es flaquita), más que un personaje.

La segunda virtud de estas novelas es la inmediatez que da el relato en primera persona y el tono directísimo del habla, la prosa fluidísima, contundente, eficaz, que también luce en otras novelas menos negras, como la estupenda La flaqueza del bolchevique. Una tiene la sensación de que Bevilacqua, el personaje narrador, está sentado en el sofá de su casa hablándole de su trabajo, como hace cualquier amiguete, y salpicando el relato de reflexiones personales y universales que yo al menos tengo en todos los libros subrayadas con lápiz y vienen muy bien cuando una quiere lucirse con las citas.

Bueno, creo que puedo añadir una tercera virtud o acierto. Silva, que es muy listo, sabe que a los humanos en el fondo lo que nos gusta es revisitar lo conocido, y ambienta sus novelas en territorios que resultan cercanos y familiares a los lectores hispanos: Guadalajara, Baleares, Barcelona... En ese sentido, a mí me sedujo especialmente con la novela La niebla y la doncella, porque me llevó a dos islas que adoro, La Palma y La Gomera, y me hizo, así, disfrutar el doble.


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14 comentarios:

Julen dijo...

Hay que ver cómo evoluciona la Guardia Civil, que ahora tienen personas humanas y todo. A mí, puñeteros prejuicios, lo que me cuesta es colocarles el uniforme mientras trabajan. ¿Habrá que imaginar el tricornio o eso sólo es para las parodias?

39escalones dijo...

Qué alegría encontrarme con el post de hoy. A mí me encantan las novelas de Bevilacqua y Chamorro (aunque "La reina sin espejo" me parece bastante, muy floja), sobre todo "El alquimista impaciente".
Además, comparto con Silva el interés por lo sucedido en el protectorado de Marruecos y en el Rif durante la ocupación española. Prácticamente en todas sus obras hay una referencia a ese asunto, por pequeña que sea, desde la primera, "Noviembre sin violetas". En fin, gracias por recordarnos a este hombre.
Un abrazo

Lucía dijo...

Tienes razón a mi me gustan sus novelas por lo cercanos que me resultan los personajes (Virginia me encanta),los lugares y sus situaciones personales. Espero con interés la próxima novela, a ver si no tarda...
Un abrazo.

Lucía dijo...

Noemí, si tienes un rato pásate por este blog:
http://notasmoleskine.blogspot.com/
Y échale un ojo (mejor los dos) al post de hoy.
Un abrazo.

peke dijo...

¡Vaya! Al empezar a leer quise pensar que había una nueva novela de los guardias, pero ya veo que no. Yo también sigo a Silva por esa serie. ;)

Noemí Pastor dijo...

Ja, Julen, eso es lo bueno de Bevilacqua, que es un picoleto que cae bien y parece coleguita y todo.
39escalones, también me he leído los libros de Marruecos. Creo que es porque su abuelo luchó en aquella guerra, ¿no? Lo explica en "El nombre de los otros". Le echaré un vistazo.
Lucía, a mí lo que me gusta de las novelas es lo que he dicho en el artículo. Lo que no me gusta es que la trama no está del todo bien construida. En eso coincido con lo que dice 39escalones de "La reina sin espejo". Ta he echado un ojo al blog ese de notasmoleskine y he dejado un comentarito. Tiene buena pinta.
Peke, no hay novela nueva (valga la redundancia etimológica), que yo sepa. Pero, como es uno de mis escritores fijos y no había escrito nada sobre él, pues ya era hora de poner unas letras. Un besito.

peke dijo...

Otro bico para ti, Noemí. Admiro tu manera lúdica de hacer crítica literaria. Me temo que yo me lo tomo demasiado en serio cuando no es para el blog. Me como mucho el tarro, a pesar de mis "numerosos" años.

Fernando dijo...

He leído poco, pero bueno, del amigo Silva. Y coincido con lo del tono de narrador cercano y con una especie de emotividad reprimida.

ALBERTO LÓPEZ dijo...

Hola noemí.Muchas gracias por tu interes en mi pequeña ausencia, pero necesitaba unos dias de lapsus o un pequeño alto en el camino para oxigenarme. Un abrazo.

Noemí Pastor dijo...

Peke, sí es verdad que hay cierto tipo de crítica que exige demasiada seriedad y demasiado "aparato". Yo no entiendo cómo se pueden escribir textos aburridísimos sobre libros apasionantes. Suena bien lo del bico.
Fer, lo de la emotividad reprimida no acabo de pillarlo. Cierta tendencia a la ternura, ¿quizá? Acabo de recordar que estuvimos una vez en una charleta de Silva y como orador no se parecía a sus narradores.
Alberto, por decirlo a la manera del doblaje puertorriqueño de mi infancia, ¡qué bueno que regresaste!

Fernando dijo...

Sí, ternura, pero que sale sólo como en las válvulas de las ollas exprés; a eso me refería con reprimida.
Estuvo muy bien la charleta; pero eso creo que pasa con el cien por cien de los escritores (y, en algunos casos, como en el de Gabo, da hasta penita).

Noemí Pastor dijo...

Sí, creo que ya sé a lo que te refieres: a algo que dijera como con la voz llorosa y dosificándose para que no le domine el sentimiento del todo. Creo que lo he liado más.
También estuve oyendo a Rosa Regás y a Lucía Etxebarria y me parecieron mucho mejores oradoras. De sus obras literarias no sé nada. Sólo he leído algunas columnillas en periódicos.

Francisco Ortiz dijo...

Tu descripción de los personajes es magnífica. Lorenzo Silva es "uno de los nuestros".

Noemí Pastor dijo...

Good fellas, yeah.