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jueves 3 de julio de 2008

Yo también soy miembra


Ey, ey, ey... Espera un momento. ¿Cómo es posible que tengan blog, si no existen?

Chascarrillo adicional. En la Real Academia de la Lengua Española hay 42 académicos de número: 39 excelentísimos señores y 3 excelentísimas señoras. Eso es porque las chicas no hablamos. Ni leemos. Ni escribimos.

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martes 4 de marzo de 2008

El ciberspanglish, el español comercial y el español neutro en la red

Así se titula un artículo ya viejito, de 2001, de Xosé Castro Roig. Por si no lo conocéis, Castro es traductor, revisor e intérprete y en su completísima web tiene, entre otras muchas cosas interesantes, un Diccionario de burradas que me ha hecho pasar muy buenos ratos.

Pero como éste es un blog serio, vamos con cosas un poco más aburridas. El artículo del título (lo tenéis completo aquí) habla de preocupaciones que servidora tiene respecto a la lengua. Voy a copiar las afirmaciones que allí he leído y más me han interesado, para que os hagan pensar y me digáis qué os parecen. Yo, en general, estoy de acuerdo con el señor Castro. Recordad que su punto de vista es el de "escribidor".

Hoy en día, los lectores de nuestros textos, de nuestras traducciones, están en contacto directo con la tecnología aun antes que nosotros y eso nos hace llegar al confuso supuesto de que «si el hablante conoce la terminología en el idioma original, ¿para qué vamos a traducirla?». A mi modo de ver, este peligrosísimo argumento está logrando dos cosas: 1) crear una serie de «cibermarginados», de personas ajenas a ciertas tecnologías, a Internet, a las computadoras, al conocimiento de otros idiomas, para los cuales, todo el mundo de los bits, las páginas web y la inmediatez les resulta cada vez más críptico y lo ve pasar como un tren veloz al que ya no sabe ni puede subirse, y 2) emplear el inglés como lengua franca en muchísimos campos porque consideramos que, ante la duda, los lectores y hablantes preferirán la palabra inglesa antes que una traducción cuyo significado no sea fácil deducir. En resumidas cuentas, el peligro que veo es que cada vez traducimos más no para hispanohablantes sino para hispanohablantes que —creemos— saben inglés.

Actualmente, los jóvenes de todos los países hispanohablantes viven inmersos en una cultura audiovisual, frente a la cultura más oral, radiofónica y lectora de generaciones anteriores. ¿La principal diferencia es el formato? No, la principal diferencia estriba en que la cultura audiovisual actual (cine, televisión, cd-rom, Internet...) es principalmente una traducción del inglés, a diferencia de la cultura de sus padres y abuelos que, aunque no exenta de extranjerismos, no era tan permeable porque no había tal cantidad de «puertos de entrada» de nuevas palabras. En las nuevas generaciones no se está produciendo un simple cambio de vehículo cultural, sino un cambio de conductor, por así decirlo.

El espanglish cultural se cuela en nuestra lengua por los más ligeros intersticios, mediante elementos aparentemente insignificantes del idioma, como las onomatopeyas en el español televisivo. En España, los niños pequeños exclaman oh-oh porque los Teletubbies están mal traducidos y lo dicen constantemente, aunque esta expresión de sorpresa sea inglesa e impropia del español.

... la teoría traductológica según la cual «traducir términos del inglés que a uno le consta que el hablante emplea en inglés es ir contracorriente», (...) cuestiona la existencia del traductor como tal, borra de un plumazo a los hispanohablantes que no dominan otras lenguas y deja el papel del traslado cultural en manos de empresas, fabricantes y proveedores de servicios; (...) no contribuye a mejorar ni el inglés ni el español, y tampoco mejorará la comunicación de los angloparlantes que no hablen español ni de los hispanohablantes que desconozcan el inglés.


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sábado 12 de enero de 2008

Bienvenida


Saludo el nacimiento de la wikilengua en español.

Como está la pobre recién llegadita al mundo, no he tenido tiempo de explorarla a fondo, pero el asunto promete.

La parte mala de esto es que ya no tenemos excusa para meter la pataza.

Echad un vistazo y contadme qué os parece.


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domingo 11 de noviembre de 2007

Lingüística y política

Un interesante batiburrillo de ideas nos ofreció Umberto Eco hace unos días en Le Figaro Magazine. El hombre anda concediendo entrevistas porque acaba de publicar dos ensayos en francés: uno sobre la traducción y otro sobre la fealdad.

Os traduzco, resumo y adapto la entrevista. Si queréis leer la original, la tenéis aquí.

(...) Un traductor tiene que saber negociar. Es imposible traducir perfectamente, pues de una lengua a otra no hay jamás una sinonimia perfecta. La negociación se ha hecho importantísima tanto en semántica como en política. Cuando no hay negociación, hay guerra. La negociación era una de las características de la guerra fría. Los dos bloques funcionaban así: "Yo no pongo los pies en tu terriorio y tú los quitas del mío. Yo limito la produción de armas atómicas y tú dejas de fabricarlas." Era una forma de negociación silenciosa, implícita. Hoy hemos perdido ese saber negociar. Hemos vuelto a la política de los cañonazos, al choque frontal.


(...) Nuestra época, con sus grandes movimientos migratorios, me recuerda a la caída del Imperio Romano, hacia el año 500. Tras la caída del imperio soviético, el americano comienza también a tambalearse. Podría compararse el incendio de Roma con el desplome de las Torres Gemelas.


(...) Una característica de nuestra época es la velocidad. Pero también la aceleración. Escribimos con pluma durante siglos; a máquina, durante ciento cincuenta años; y ahora cambiamos de ordenador muy a menudo. Y con esto entra en conflicto otra característica: que vivimos más años. En la época napoleónica, alguien que muriera a los cuarenta sólo habría conocido un cambio histórico. Hoy puede haber gente que haya vivido la Segunda Guerra Mundial, la caída de la Unión Soviética y el desplome de las Torres Gemelas. Tenemos una vida más larga, pero también más alocada. Debemos enfrentarnos a una sucesión casi insoportable de cambios.


(...) Por un lado, tenemos un lenguaje cada vez más reducido. Pero, por otro, la televisión nos proporciona un bagaje léxico medio relativamente importante. Un taxista italiano que conozco emplea palabras que su padre desconocía, porque las ha oído en la tele. Es una especie de compensación.


(...) Oigo a menudo quejas porque supuestamente la gente ya no lee. Sin embargo, hoy lee mucha más gente que hace un siglo. En los grandes almacenes se ven centenares de personas hojeando libros. En cambio, cuando yo era joven, las librerías no eran lugares para todos los públicos.


(...) Las imágenes no son exclusivas de nuestra época. Siempre ha habido imágenes. Una catedral gótica es como un televisor repleto de imágenes para los pobres, para los analfabetos.


(...) Los libros nunca cambian el presente; sólo pueden cambiar el futuro. Tú lees un libro y puede que ejerza sobre ti una influencia profunda. Poco a poco, vas cambiando tu manera de pensar, tu personalidad, y mañana, o pasado mañana, te comportarás de forma diferente. Es un error pedir a los intelectuales que resuelvan los problemas del mundo.



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jueves 5 de julio de 2007

Más experiencias de un traductor

La semana pasada ya os hablé de este libro: Experiencias de un traductor, de Valentín García Yebra. Es, en realidad, una recopilación de artículos y conferencias que el buen hombre ha escrito en su larguísima carrera. El contenido es, pues, muy variado: tiene capítulos especializadísimos (¿es apropiado verter en endecasílabos el hexámetro clásico?) y otros interesantes para el común de los mortales. De estos últimos, entresaco algunas ideas sueltas que encuentro polémicas o novedosas. Ahí van.

Nadie debería ponerse a traducir si no escribe bien en su propia lengua. Damos excesiva importancia al conocimiento de lenguas extranjeras y poquísima al de nuestra lengua madre. Un traductor debe poseer un conocimiento profundo de su propia lengua, de su léxico y de su sintaxis. Debe manejar con soltura nociones que antes se grababan profundamente con el estudio del latín. El abandono del latín ha causado un daño enorme en el conocimiento lingüístico profundo de los españoles, comenzando por su propia lengua.

Hoy día se valora cada vez más el multilingüismo desde la cuna. Sin embargo, los monolingües de nacimiento (por así llamarlos) tienen una ventaja a la hora de traducir: perciben más fácilmente las interferencias con otras lenguas y las interferencias son el principal enemigo de una buena traducción.

España es el segundo país del mundo en número de libros traducidos: aproximadamente la quinta parte de su producción editorial. El primer país antes era la Unión Soviética. Ahora me falta el dato. Añado un par de cosas más para que triunféis en el Trivial. La primera es fácil: ¿cuál es el libro más traducido? La Biblia. ¿Cuál es el autor más traducido? Walt Disney.

El traductor debe ser un lector extraordinario. Si alguna vez contratáis un traductor, desconfiad si os dice que no lee, que no le gusta leer o, lo que es lo mismo, que no tiene tiempo para leer.

Continuará.

[En la foto, san Jerónimo, patrón de los traductores; el cuadro es de El Greco, como ya habréis adivinado por la cara larguirucha.]


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lunes 25 de junio de 2007

Isabel Elexpe, abogado

Todos los días, cuando salgo de casa, me encuentro una placa junto a un portal que dice eso. El viernes pasado, en el periódico leí una noticia breve que hablaba de una señora que era "médico". Y el mismo sábado vi en la tele un trocito de esa tontorrona versión de "Sabrina" que hizo Sydney Pollack en 1995, en la que David Larrabee se prometía con una "médico" pediatra.

Ya entonces tenía yo entre manos un libro delicioso: "Experiencias de un traductor", de Valentín García Yebra (Gredos, 2006). Valentín García Yebra es, junto con Julio César Santoyo, uno de nuestros más prestigiosos traductores y traductólogos y es, además, miembro de la Real Academia de la Lengua Española.

En ese mismo libro nos recuerda García Yebra que "abogada" y "médica" están en el Diccionario de la Academia (el DRAE) desde 1970. O sea, casi cuarenta años con bendiciones y todavía no han entrado en el habla con normalidad. Para que digan, como se oye a menudo, que la Academia está llena de carcas. Pues mira tú por dónde en esto se ha adelantado a los hablantes.

Además, nos sigue recordando García Yebra que mucho antes de 1970 ya estaban "médica" y "abogada" en la lengua española, referidas en ambos casos a la Virgen María: "abogada" en la Salve ("Señora abogada nuestra") y "médica" en un clásico, el Padre Nieremberg, que llamaba a la Virgen "médica celestial".

Dice el maestro de traductores que "suelen ser las mujeres más proclives a masculinizar los títulos que les corresponden" y no diré yo lo contrario, pues he conocido a arquitectas que decían "Arquitecta suena fatal. Yo soy arquitecto", a pesar de que "arquitecta" e "ingeniera" también están en el DRAE desde 1984.

Según García Yebra, el uso de profesiones en masculino referidas a mujeres es un galicismo que, por supuesto, debe evitarse. En francés hay muchísimos sustantivos que significan oficio o profesión y no distinguen entre masculino y femenino (sécrétaire, journaliste) y otros que sólo tienen forma masculina y se usan tanto para hombres como para mujeres (professeur, écrivain).
Yo soy más pesimista y peor pensada y opino que el galicismo no tiene nada que ver con esto; que las mujeres dicen que son "abogado" o "médico" porque creen que ser abogado o médico es mejor, tiene más prestigio, que ser médica o abogada.

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viernes 15 de junio de 2007

Se te va a pasar el arroz

Veo en uno de esos periódicos gratuitos que reparten en el metro una acertadísima campaña de Amnistía Internacional. El lema principal es "La discriminación genera violencia" y se refiere a la violencia contra las mujeres. Pone el dedo en la llaga porque da con la causa fundamental de este tipo de violencia, que no es otra que la desigualdad. Ni el alcohol, ni otras drogas, ni la pobreza, ni la falta de formación, ni los celos, ni la marginación, ni la frustración. La violencia se da en todas las clases sociales, entre gentes con estudios y sin estudios; y las mujeres también estamos marginadas y frustradas, también somos celosas y también consumimos alcohol y otras drogas, pero no matamos. Así que dejémonos de bobadas.

La campaña ofrece un repertorio de esas bonitas frases que forman casi parte del folclore y que mucha gente dice "sin maldad": "Calla, que tú de esto no entiendes", "Mujer tenía que ser", "Una hija no es lo mismo que un hijo", "Se viste así para que la miren"...

De todas mi favorita es "Se te va a pasar el arroz". ¿Por qué? Porque he discutido millones de veces con gentes que piensan que esa frase no es ofensiva ni humillante, qué va a ser, si sólo es constatar un hecho objetivo e irrefutable, que te haces mayor y que ya, si no resultas deseable a los ojos masculinos y no puedes traer sus hijos al mundo, ¿para qué vales?

En fin, que me he llevado una pequeña alegría al ver que AI está de mi lado en mi personal cruzada contra esa especie de "violencia lingüística de baja intensidad", contra esas perlitas de que se te pasó el arroz o "se te secó el arbolillo" (bonita, elegante y fina, ¿eh?), que jamás de los jamases se dicen a un hombre.

PS. Los cuencos de arroz de la foto son una instalación de Wolfgang Leib. Podéis verlos, junto con otras cosas sencillas y deliciosas, en el Reina Sofía de Madrid. El arroz no tiene culpa de nada.

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