
Ya os he contado mil veces que una de las cosas que más me gustan del Alfabeto del Crimen de Sue Grafton (en la foto) es su protagonista, la simpática detective Kinsey Millhone.
Kinsey, además de protagonista, es narradora. Nos cuenta sus peripecias en primera persona y, entre carrera y titoteo, suele intercalar amenas reflexiones sobre su modo de ver la vida. Como no tiene pelos en la lengua, yo me divierto enormemente con su descreimiento y su desapego a muchas convenciones.
Sólo en "F de fugitivo", que acabo de releer, ya nos deja una buena colección de párrafos envenenados. ¿Queréis leer algunos? Os los clasifico por temas.
Kinsey y la familia:
De pequeña no tuve tiempo de saber lo que era una familia y
cuando tengo una a tiro me distancio para observar mejor sus costumbres.
(...) Se habla de familias "desunidas", pero yo no he conocido otras. Mi
orfandad ganaba en atractivo a cada minuto que pasaba.
Kinsey y la religión:
La religión institucionalizada dejó de interesarme a los cinco años por
culpa de una profesora de catecismo a la que le salían pelos de la nariz y le
apestaba el aliento. (...) Lo que yo quería era otra lámina de cromos adhesivos.
Al Niño Jesús se le podía poner pelusa en la espalda, pegarlo en mitad del
cielo igual que un pájaro y que arrojara bombas sobre el pesebre.
(...) Un rasgo característico de los baptistas era que no malgastaban el dinero
de la parroquia contratando arquitectos. (...) Había vidrieras decoradas con
imágenes estereotipadas en las que se veía a Jesús con una especie de camisón
que le llegaba hasta los tobillos; si se hubiera presentado con aquella
indumentaria en el pueblo, lo habrían matado a pedradas. A sus pies se
encontraban los apóstoles, todos con la cabeza cubierta de rizos innegablemente
femeninos y mirándole con cara de bobos. ¿Se afeitaban los tíos en aquella
época? De pequeña nadie sabía responderme, cuando hacía estas preguntas. (...) June Haws interpretaba al órgano un himno que traía a la memoria las pujas económicas de las teleseries matutinas.
Kinsey y las armas pequeñas:
Los aficionados a las armas desprecian las pistolas de seis milímetros
porque creen que un arma que no abre un boquete como un puño en un tabique no
vale para nada. Que un proyectil de seis milímetros de diámetro os perfore las
tripas y veréis qué gusto da. Rebotará en el hueso como un auto de choque en
miniatura y desgarrará todos los órganos que se le pongan por delante.
Kinsey y la naturaleza:
Me revienta el campo. Lo detesto. ¿Sabéis qué es la naturaleza? Palos,
tierra sucia, raíces para tropezar, agujeros para perder pie y caerse, bichos
que muerden, bichos que pican y promitivismos sin cuento que ningún catálogo
agotaría. Y no soy la única que piensa así. Venimos construyendo ciudades desde
que Noé salió del arca única y exclusivamente para huir de tanta inmundicia. Por
eso enviamos ahora cohetes a la luna y otros lugares desiertos donde nada crece
y donde se puede levantar una piedra con toda tranquilidad sin que te salte un
bicho a la cara. Por lo que a mí respecta, cuanto antes lleguemos, mejor.
Kinsey y su condición:
El único inconveniente de ser mujer es que no hay más remedio que mear
agachada.
¿No es encantadora?
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