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viernes 20 de junio de 2008

Alacranes en su tinta y en bolsillo


Varias veces hemos hablado en este blog de Juan Bas. Hace más de un año os conté cómo transcurrió la charla que nos ofreció en Portugalete; luego os trasladé su agradecimiento por la atención que le dedicamos y también puse unas letritas cuando le concedieron el Premio Euskadi de Literatura por su novela Voracidad.

Ahora volvemos a tener noticias suyas, porque ha salido en bolsillo Alacranes en su tinta, quizás su novela más conocida. El señor Bas ha tenido la deferencia de dirigirse a esta humilde bloguera para anunciárselo, así que, como estoy vaga, os copio su mensaje sin más:

Acaba de editarse en la colección Zeta de Bolsillo de Ediciones B mi novela 'Alacranes en su tinta'.
Coincide esta nueva edición (las anteriores fueron de Destino -5 reediciones- y de Booket) con que la novela acaba de publicarse en Italia y Rusia (ya lo estaba en Francia -Série Noire de Gallimard- y Alemania).
Estoy muy contento y doy las gracias a todos los lectores por el poco habitual hecho en España de que un libro haya llegado a una edad de publicación de seis años y siga vivo.
Y que haya inspirado un restaurante en Bilbao: el estupendo EL MAPAMUNDI DE BILBAO. Lo cual es todo un honor.
Un abrazo.
Juan Bas

Es cierto eso que dice de que los libros suelen tener muy corta vida comercial. ¿Por qué perduran los que perduran? Ahí os dejo la pregunta, para que reflexionéis durante el fin de semana.

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domingo 25 de mayo de 2008

Impostura (V)


Leí El adversario, de Emmanuel Carrère, hace tanto tiempo que, cuando visité Ginebra y alrededores, no me di cuenta de que estaba en "el lugar de los hechos". Una lástima. Pasé unos días en Ferney-Voltaire, la pequeña ciudad en la que residía Jean-Claude Romand y en la que asesinó a su mujer, a sus hijos y a su perro. Ferney-Voltaire está pegadita a Ginebra, es una ciudad-dormitorio en la que viven pudientes funcionarios internacionales ginebrinos, pero es Francia. De Ferney a Ginebra se puede ir en autobús; la línea viene de Gex (en color lila en el mapa), atraviesa la frontera, que está en un túnel bajo la pista de aterrizaje del aeropuerto de Ginebra, y te deja en la estación de Cornavin. A veces la policía de aduanas detiene el bus y pide los pasaportes a la gente que va a currar.

Ahora me he vuelto a leer El adversario y me ha dado el mismo escalofrío; o mayor, porque me he acompañado de los mapas de Michelin para poner suelo a la peripecia: además de Ferney y Ginebra, Clairvaux-les-Lacs, donde se crió Romand y donde seguían viviendo sus padres; Lons-le Saunier, donde estuvo en un colegio internado; Dijon, a donde se suponía que asistía a un curso semanal... La Francia relativamente profunda, verde, boscosa, solitaria y de inviernos duros.

La novela, aunque releída, sigue siendo devoradora. Te traga desde el primer párrafo y no hay manera de que te suelte. Cuando la acabas, sigues revolviéndola en la cabeza. Pero, así y todo, podría decirse que es una novela fallida. ¿Por qué? Porque Carrère no consigue su objetivo. Él se proponía llegar a conocer qué se le pasaba a Romand por la cabeza mientras se paseaba, con traje y corbata, por los bosques del Jura, cuando todos lo creían trabajando en su prestigiosísimo puesto de la OMS. Y no lo consigue, porque, a poco que penetra en su cabeza, se encuentra una mentira tras otra, montones de falsas paredes protectoras que lo alejaban de la realidad que nunca le gustó.

Pero Carrère nos da pistas, nos dice cuál fue el mundo del que Romand quiso huir; y nos habla de una madre eternamente enferma, una de esas mujeres con permanente mala salud, sin que se sepa bien qué padecen; seguramente un mal que nadie comprende. También nos habla de un Jean-Claude niño demasiado serio, reposado, calmado, mesurado, silencioso, incapaz de comunicar su angustia y su tristeza

Pero madres pachuchas y niños calladitos los hay a montones en el mundo y, por fortuna, eso no convierte a nadie automáticamente en asesino múltiple.

Durante el juicio a Romand, el corresponsal del periódico Le Monde escribió que en él había visto "el rostro del diablo". Carrère dice también algo parecido cuando se pregunta por los últimos pensamientos de los padres de Romand, al ver que su adorado hijo blandía hacia ellos la escopeta.
Dice que vieron, con los rasgos de su hijo bien amado, a aquel al que la Biblia llama Satán; es decir, al Adversario.


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sábado 17 de mayo de 2008

Así transcurrió lo de Fernando

Me habían pedido cosas raras en la vida, pero nunca que hiciera de gymnopedia. Me habían pedido, por ejemplo, que escribiera invitaciones de bodas ajenas, que entrevistara a un sepulturero o que tradujera al vasco el Corán. Pero "Hice de gymnopedia" es algo que poca gente puede escribir en su currículum. En realidad, sólo tres personas. Y yo soy una de ellas. Las otras dos son Elena y Beatriz. Me explico.

Todo empezó el día en que Fer escuchó las Tres Gymnopedias de Satie. Se le ocurrió la idea de una novela que también tendría tres partes, que corresponderían respectivamente a tres personajes, que serían concretamente tres tristes tigres. ¡No! Serían tres mujeres en tres momentos decisivos, cruciales, críticos, de sus vidas; unos momentos en los que tienen que tomar decisiones que hagan que sus vidas se conviertan, para bien o para mal, en otra cosa.

Entonces Fer escribió el libro, lo tituló también Tres Gymnopedias y un buen día de mayo de 2008 lo presentó en La Librería de Deusto y sus personajes se hicieron carne y habitaron entre nosotros: Elena fue Enma, Beatriz fue Celina y yo fui Julia.

Además de como personaje, también asistí como cronista decimonónica, con mi libretita y mi bolígrafo, a ser vencida por las cámaras de Mak. Id a su blog y será como si hubierais estado allí, porque lo ha registrado todo, todo, todo. La foto del satisfecho autor se la he cogido también a él.

Y actualizo para contar que también el satisfecho autor, como era de esperar, ha publicado su crónica y amenaza con más. ¡Bieeeeeen!

Y vuelvo a actualizar para enlazar a Txetxu, que incluye reseñas de prensa y otros sitios interesantes.


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lunes 12 de mayo de 2008

Fernando García Pañeda presenta "Tres Gymnopedias"

En esta librería


que tiene web, el miércoles 14 de mayo, a las 19:00, Fernando García Pañeda presentará su libro Tres Gymnopedias.



Quiero veros allí a todos. Y a todas. Paso lista. Y no me vengáis con la excusita de que vivís al otro lado del océano. Yo también tengo que cruzar la ría y no me quejo.


viernes 18 de abril de 2008

Tres Gymnopedias


Ya está aquí. Mira que se ha hecho esperar.

Le dan la bienvenida su propio autor, Txetxu, Mak y una servidora.

Yo ya me lo he leído, pero me lo voy a leer otra vez. Fíjate tú. En papel. En libro-libro. Soy una clasicona.

¡Ah! Y tiene su propio biblog. Vayan allá sin falta y compréndanlo todo.


Aktualisaision. El artesano también ha escrito unas palabritas muy tiernas sobre esto.


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jueves 6 de marzo de 2008

Premio Arte y Pico

El insigne escritor vasco don José Fernando García Pañeda, o sea, el Fer, ha tenido la magnanimidad de concederme el premio Arte y Pico, cuya imagen no sé cómo describir.Yo se lo agradezco de corazón, y más viniendo de un enemigo; territorial, sí, pero enemigo al fin y al cabo.
Fer tiene dos novelas publicadas: Kismet y Las lágrimas de Eurídice. Quien no las haya leído, que lo haga ¡ya! y que se vaya preparando para la tercera, que está al caer.
Ojalá todos los enemigos fueran como éste.


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domingo 4 de noviembre de 2007

Enhorabuena

En abril pasado esta humilde bloguera asistió a una conferencia de Juan Bas, escribió unas palabritas sobre ella y el señor Bas lo agradeció amablemente.

Esta pasada semana el Departamento de Cultura del Gobierno Vasco le ha concedido el Premio Euskadi de Literatura por su novela Voracidad. Ved la noticia en El País.

Señor Bas, enhorabuena.


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miércoles 31 de octubre de 2007

En una cosa estamos de acuerdo

Como me dejo impresionar fácilmente, me ha impactado la entrevista del Babelia del sábado pasado con Jonathan Littell, un tipo fiero e interesante que en esta foto se parece a Matthew Modine, ha ganado el Goncourt sin pretenderlo y se ha permitido la chulería de no ir a recogerlo, pues opina que los premios no tienen nada que ver con la literatura, sino con la publicidad y el marketing.

Littell ha ganado el Goncourt con Las benévolas, una novela sobre el nazismo de la que Vargas Llosa ha dicho que es "impresionante", pero que "no deja resquicio de esperanza".

Como digo, en una cosa estamos de acuerdo Littell y servidora. Es algo sobre lo que ya escribí hace tiempo. Copio literalmente de la entrevista de Babelia:

Sólo los ingenuos pueden creer que la cultura te ayudará a ser majo. (...)
La cultura no nos protege de nada. Los nazis son la prueba. Puedes sentir una
admiración profunda por Beethoveen o Mozart y leer el "Fausto" de Goethe, y ser
una mierda de ser humano.

Y, al parecer, así lo demuestra en una novela de mil páginas que servidora no ha leído. Todavía.


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lunes 1 de octubre de 2007

Mi hermano el alcalde

Fernando Vallejo tuvo veinte hermanos "sin contar las mujeres ni los niños". Uno de esos hermanos, Carlos, enfermó un buen día de dengue y, en su desvarío, se le metió entre ceja y ceja que tenía que ser alcalde de Támesis, un pueblecito "alegre y parrandero" de las montañas de Antioquia (Colombia), que produce café, mangos, chirimoyas, papayas, higos, curubas, chachafrutos, guamas, mamoncillos, algarrobas, piñas, maracuyás, yuca, arracacha, plátano y panela.

Támesis, además, recibe de vez en cuando la visita de coloridas bandadas de loros, como bien se aprecia en la bonita cubierta del libro, de Nora Garzón.

A Carlos intentaron quitarle la idea de ser alcalde de la cabeza (Te matará la guerrilla. Y si no te mata la guerrilla, te matarán los paramilitares. Y si no te matan los paramilitares, te matará lo que queda del cartel de Medellín), pero no sirvió de nada. Carlos fue candidato, votaron por él las monjas, las putas y los muertos, y así fue elegido limpia y democráticamente alcalde de Támesis.

Carlos fue un alcalde peculiar. Hacía que lo pasearan en andas y bajo palio, como a la Virgen Dolorosa; hablaba a sus administrados en el perfecto latín que había aprendido con los salesianos; asfaltó la carretera, que hasta entonces era de tierra; instaló en el pueblo columpios, toboganes y mataculines, para que los niños "le fueran perdiendo el miedo a la muerte"; y puso a Támesis en Yahoo. Carlos tenía un novio dentista y un "negrito" llamado Eufrasio, "un moreno de diecinueve años y ojos verdes, hermoso" y muy borracho. Carlos y su novio adoptaron a un niño de bucles de oro, llamado Cagaíto, y lo coronaron rey de Támesis.

Carlos fue un alcalde peculiar de un pueblo "pichanguero" y peculiar. Porque en Támesis pasaban cosas raras. Se aparecían los curas años atrás fallecidos, con un mensaje claro desde el más allá: "¡Me enterraron vivo, hijueputas!". Otra vez también se le apareció a Carlos, en una mata de plátano, el ánima fosforescente y en pena de un hermano de La Salle, pero Carlos no le hizo mucho caso, porque no creía en Dios.

Todo eso nos lo va contando Vallejo con mirada de loro, desde arriba, donde "uno no distingue el oro de la escoria", con su prosa arrebatadora y con reflexiones simples y absolutas como ésta: "¡Mejor un piquito en la boca que un machetazo en la cabeza!".


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lunes 21 de mayo de 2007

El secreto del rabino

Así se titula la última novela que he leído de Thierry Jonquet, aunque la publicó por primera vez hace la friolera de veintiún años en la editorial Joseph Clims de París. A mis manos ha llegado, cómo no, en Folio Policier.

No es una novela de Jonquet al uso. No se parece a las demás, no es exactamente una novela negra, aunque tiene su intriga. Es casi un relato de acción, de aventuras, que conserva, sin embargo, la estructura típica jonqueana de líneas que convergen: cuatro primos judíos que viven en puntos del planeta bastante alejados entre sí (Nueva York, Palestina, París y Moscú) reciben una carta: su tío el rabino ha muerto en su pueblecito de Polonia. Deben reunirse allí para recibir la herencia.

Otra diferencia es que los escenarios de esta novela no son contemporáneos ni trascurre en París, como en la mayoría de las de Jonquet, sino en la machacada Polonia de los años veinte del siglo pasado. De hecho, si dejamos a un lado el epílogo, que se va a 1945, la acción principal tiene lugar en un puñado de días entre junio y agosto de 1920, exactamente cuando tuvo lugar la batalla de Varsovia. Jonquet aprovecha para ilustrarnos sobre la convulsa historia de la Europa de entreguerras, que no fue precisamente un remanso de paz, pero sí, como todas las guerras y como dice un personaje, un escenario ideal para los negocios. Sólo un detallito para saber de qué hablamos: la ciudad de Varsovia fue destruida por completo; repito: por completo; comenzó a reconstruirse en 1945.

Se centra más concretamente en la historia de los judíos europeos, dispersos por el mundo, como los cuatro protagonistas. Uno, Moses, cruza el charco hasta Nueva York, pasa por la isla de Ellis y acaba comandando un grupete mafioso. Aquí introduce Jonquet escenas fuertecillas, de tortura y ejecuciones, a la altura de otras obras suyas como, por ejemplo, Moloch.

El siguiente protagonista, David, vive en Haifa, Palestina, cerca del Tel Aviv. Es un activista al servicio del ala dura de la derecha sionista. Trabaja concretamente en la preparación de un ejército de defensa judío.

Léon vive en París. Es un militar retirado, herido en una pierna en la Gran Guerra, se mueve en un ambiente marcadamente antisemita y reniega en cierto modo de sus orígenes judíos, hasta el punto de que ha afrancesado su apellido, Hirschbaum, y ahora se llama Hirchebin.

La cuarta en discordia es Rachel, una alta dirigente del partido comunista soviético, coleguita del mismísimo Lenin.

Como digo, los caminos de los cuatro primos, los cuatro gentes de acción, acostumbrados a buscarse la vida y defenderse en situaciones difíciles, se cruzan y entrecruzan, tras muchas peripecias (llegan a coincidir con Trotsky y con Einstein), en una Varsovia asediada por los rusos. A partir de entonces, a medida que se acercan a Niemirov, el pueblecito del tío rabino, los capítulos se hacen más cortos y la acción se precipita hacia el final.

Ya sabéis que servidora tiene debilidad por los insultos y las expresiones malsonantes en general y ya ha dicho aquí algo sobre insultos colombianos y peruanos. En El secreto del rabino se llaman unos a otros, con bastante frecuencia, racaille: los judíos a los comunistas, los aristócratas a los judíos, todos a los socialistas... Es curioso, porque racaille fue lo que llamó nuestro común amigo Nicolas Sarkozy a la gente de los barrios periféricos de París, cuando los altercados callejeros de 2006. Ésa fue la palabra que prendió la llama en la que ardieron tantos coches. Para que digan que las palabras no son importantes.

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sábado 5 de mayo de 2007

Fernando García Pañeda presentó su libro

Como estaba previsto, el viernes 4 de mayo, a las 19:30, en la Casa del Libro de Bilbao, una librería tan grande y tan bonita como la de la foto, asistimos a la presentación de Las lágrimas de Eurídice (Aurea Editores). Ésta es la crónica de lo que allí sucedió, en estilo directo libre.

César Coca: "El sitio de Portugalete tuvo lugar pocos años después del sitio de Atlanta. El sitio de Atlanta lo conocemos todos, aunque sólo sea por Lo que el viento se llevó. El de Portugalete, en cambio, no es tan conocido, pero sabremos mucho más de él cuando leamos Las lágrimas de Eurídice.

No diría yo que sea ésta una novela histórica, sino más bien barojiana, de aventuras, y centrada en un hecho histórico, que recrea, sin embargo, el lenguaje de la época y el estilo folletinesco de las publicaciones de entonces. Hasta los personajes se parecen a los de las novelas del siglo XIX.

Decía Nabokov que un buen lector nunca debe identificarse con los personajes. Pero es inevitable que un personaje bien construido nos haga sentir admiración, amor u odio. Y así sucede con los de esta novela.

[En este momento suena un teléfono en la sala y uno de los asistentes contesta y abandona la charla durante unos minutos]

Fernando García Pañeda es un hombre aquejado por una enfermedad: la pasión por contar historias; un mal que padece gente muy diversa a la que debemos agradecer los buenos ratos que nos hacen pasar. Gracias, Fernando."

Fernando García Pañeda: "Tengo que corregir algo a mi amable presentador: lo de contar historias no es enfermedad, es vicio: algo adquirido a conciencia.

Para escribir esta novela me he basado en el Diario de los Sucesos de Portugalete, Sitio y Bombardeo, escrito entre los años 1873 y 1874 por Marcos Escorihuela Conesa. Como su nombre indica, se trata de un diario real que escribió el médico de la villa. A estos hechos históricos quise añadir unos personajes de ficción e intenté hacerlos humanos, concederles sentimientos casi vulgares, para que no fueran estereotipos: "la chica", "el héroe" o "el villano".

[Aquí se oye el ladrido de un perro. ¡Qué extraño, en una librería!]

En España vivimos hoy un boom de la novela histórica, que curiosamente se centra casi en exclusiva en la Edad Media y en la Guerra Civil de 1936. El siglo XIX español, que es apasionante, está, en cambio, muy poco explotado literaria y cinematográficamente. Y, sin embargo, creo que ahí se encuentran las raíces de los problemas actuales del País Vasco."

Luego hicimos un coloquio-charleta muy agradable y fuimos felices todo el tiempo.

Otras versiones (menos fiables) de lo allí ocurrido, pero con fotos y todo, son la de Mak y la de Txetxu.


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miércoles 2 de mayo de 2007

El acontecimiento literario del año

Fernando García Pañeda, ese señor que habita en territorio enemigo, presenta su novela Las lágrimas de Eurídice el viernes 4 de mayo, a las 19:30, en la Casa del Libro de Bilbao (Alameda de Urquijo, 9).

Allá nos veremos.

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Juan Bas os da las gracias

Pues eso, que os da las gracias a través de este mensaje enviado a mi correo:
Muchas gracias, Noemí, por todos los elogios sobre mi charla en Portu que has hecho en tu blog. Así como a todas las personas que han hecho los comentarios. Para mí fue un placer estar allí con vosotros, fue sumamente agradable.
Un abrazo.
Juan Bas
Yo también agradezco su amabilidad.

Ved aquí una minicrónica de su charla en Portugalete.

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jueves 26 de abril de 2007

Se lo debo

Gracias al Statcounter sé que este mi humilde blog recibe muchísimas visitas de Argentina, de gente que ha tecleado en Google "Manuel Puig, Boquitas pintadas". Algunos dan más pistas, pues teclean: "Boquitas pintadas trabajo práctico de tercero".

Como me siento en deuda con toda esa gente que busca información sobre esa obra cumbre de su literatura, voy a recopilar todo lo que pueda sobre Manuel Puig, patrón de este blog, y la novela que le da nombre. Va por ustedes.

El primer sitio al que acudo yo casi siempre en busca de información es la Wikipedia. Ésta es la entrada de Manuel Puig en español y ésta en inglés.

En esta web he descubierto que existe una versión en cómic de Boquitas pintadas.

Este sitio recopila varios artículos interesantes sobre Puig. El de Vargas Llosa, con el bonito título de Disparen sobre el novelista, habla de la biografía que publicó en español en 2002 Suzanne Jill Levine, su traductora al inglés. Esa biografía la tiene servidora en casa y la recomienda vivamente.

Por una vez en mi vida no coincido con Vargas Llosa: dice que su novela favorita de Puig es The Buenos Aires Affair. La mía, no.

Otro libro sobre Puig que tengo por casa es La realidad en la novelística de Manuel Puig, de Patricia B. Jessen, en la editorial Pliegos.

Aquí hay una entrevista a Puig de 1986.

Este artículo en Clarín conmemora los quince años transcurridos tras su muerte. Lo firma Patricio Lóizaga y al pie leo que fue el encargado de un homenaje a Puig celebrado en el Centro Borges. ¡Ja! ¡Qué hermosa venganza! Borges, un misógino genial, saludó sarcásticamente la publicación de Boquitas pintadas con la frase: "¡Qué bien! ¡Por fin una novela Max Factor!"

Aquí hay algunos apuntes biográficos y varios artículos sobre Puig y su obra.

También he encontrado este artículo, muy interesante, de 2004. Y aquí, información sobre el Archivo Manuel Puig.

Dante Bertini, que trató a Puig en Buenos Aires, se lanza a escribir por entregas Las cenizas de Manuel Puig en su blog Cacho de pan.

Tengo pendientes mis cuatro letras, mi homenaje personal e intransferible a uno de mis escritores favoritos y a una de mis novelas preferidas. Un día de estos me pongo a ello.

Y sin más, espero que esta recopilación les haga perdonarme por haberles hecho perder el tiempo. Ha sido un placer. Hasta siempre.

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sábado 14 de abril de 2007

¡Qué envidia tengo a los franceses!

Adoro la France por muchas razones y no es la menor de ellas el respeto que allí tienen al género negro.

Así pues, arrastrada por este tipo de bajas pasiones, una cuasiabstemia como yo recaló en Cognac, deliciosa ciudad llenita de ingleses que van a pillar priva, con estupendos restaurantes y un festival de cine negro para caerse de espaldas.

En Burdeos y Toulouse, ciudades que me tocan por cercanía geográfica, tenemos librerías gordas, de las buenas, de las de siempre. En Burdeos está Mollat, que, según reza en su publicidad, es la mayor librería independiente de Francia. No está mal. Y en Toulouse, en plena plaza del Capitolio, bien céntrica para que nadie se la pierda, está Castela, que, al parecer, no tiene página web o no he sabido encontrarla.

Tanto en una como en otra (y en muchas más de Francia, claro, pero no puedo hablar aquí de todas) te encuentras varias paredes enteras, hasta el techo, de polar. Mi idea del paraíso se parece mucho a eso. Allí topa una, por ejemplo, unos tochos enormes de "Todo Wexford", es decir, todas las novelas del Wexford de Rendell en un solo volumen. También son mis lugares habituales de aprovisionamiento de las novelas de Jonquet, que en español no tiene mucho traducido, por lo que aprovecho la ocasión para ofrecer mis servicios: señoras y señores editores, si hace falta una traductora, aquí está servidora dispuesta.

Sí tiene algo más traducido y, por supuesto, también se encuentra fácilmente en su país, Fred Vargas, que no es santa de mi devoción, pero también la leo y le debo unas líneas. Por cierto, a la señora Vargas, señal de que vende bien, le ha nacido un clon editorial descarado: una tal Ben Pastor, que no es prima mía y de la cual no sé nada. Enhorabuena, Fred, maja: cuando te salen imitadores es que has llegado.

En las librerías de Francia no mezclan jamás el género negro con la novela fantástica. Aquí, en cambio, me pongo de mala leche cuando veo en una tienda el rotulito de "Novela policiaca, fantástica y de terror". Se me abren las carnes al encontrar en la misma mesita a Chandler y a esa Neville o Melville o como se llame, la de "El ocho". ¡Por favor! ¡Por misericordia! ¡Un poco de respeto y de convergencia europea!

En fin, que me nacionalizo francesa ya-ya-ya. Y aprovechando que hoy es catorce de julio, digo de abril: Vive la République!

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miércoles 14 de marzo de 2007

Por qué me gusta Bayly

El título suena a justificación y lo es. Siempre me siento estúpidamente obligada a justificarme cuando digo que me gusta Bayly. ¿Por qué? Porque no es un tipo que cuente con las bendiciones de la crítica literaria ortodoxa. ¿Por qué? Porque dicen que hace literatura light, pero yo sospecho que es porque Bayly, además de escritor, es una estrella de la televisión; y eso no se lo perdonan. Y también porque quedó finalista del Premio Planeta en 2005; y eso es todavía más imperdonable.

Así que servidora tiene andar siempre diciendo por qué le gusta Bayly y cantar sus virtudes literarias. Veamos unas cuantas.

Bayly escribe siempre en primera persona, como Fernando Vallejo. Bueno, no siempre: "La mujer de mi hermano" era una novela en tercera persona, con narrador omnisciente, más decimonónica y más al uso. Pero todas las demás discurren de forma paralela a su existencia. El hombre se ha inventado una vida literaria que se entremezcla con la verdadera, hasta el punto de que me pregunto si sabrá distinguir entre una y otra. Yo no sabría. Y tampoco han distinguido bien, según parece, muchos de sus allegados, pues su impúdico exhibicionismo literario le ha traído problemas y con los problemas ha hecho también literatura: publicó "Los amigos que perdí", primero en Internet, con capítulos dedicados a las muchas personas que se le mosquearon por haber visto su intimidad más cruda novelada. Me gusta Bayly porque lo recicla todo, todo lo que vive, lo que le pasa, lo que piensa, y todo lo convierte en materia literaria. En general, me gustan los novelistas que hacen eso; es a la vez fácil, valiente y peligroso (además de impúdico, que ya lo he dicho). En la lista tengo al ya citado Vallejo y a Hanif Kureishi.

Me gusta también porque maneja como nadie la lengua hablada. En sus novelas oímos a coqueros limeños, chachas analfabetas, funcionarios jubilados, pijas de Miami, periodistas alcohólicos, militares en la reserva... Cada uno en su registro perfectamente logrado, con toda la seducción del habla peruana, insultos incluidos. Gracias a él, a mi colección de insultos colombianos aprendidos de Vallejo, he añadido un bonito repertorio de expresiones malsonantes peruanas: tremendo comepingas, que te chanque un tren y que te cache un burro siego.

Me gusta Bayly porque es políticamente incorrecto. Sus personajes, sus alter ego literarios no se cortan un pelo: son racistas, clasistas, sexistas, consumistas, materialistas, egoístas y todos los istas malos que se te ocurran. En absoluto se esfuerzan por caernos simpáticos, pero lo consiguen. Nos hacen encontrarnos con nuestros demonios interiores y reconocernos como los miserables que somos.

Me gusta Bayly porque sabe ponerse tierno. De hecho, de sus libros, mi favorito es el más blandengue, el más cursi, el más ñoño, el de más blancos sentimientos: "Amo a mi mami", donde declara su eterno amor a la empleada que lo cuidó de niño. En esa línea, la novela con la que quedó finalista del Planeta, "Y de repente, un ángel", que no es para nada la mejor de las suyas (lean crítica venenosa aquí), está dedicada a la mujer que cuida de sus hijas.

Y qué demonios, ya vale de justificaciones. Me gusta Bayly porque sí. ¿Qué pasa?

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jueves 8 de febrero de 2007

Qué rico insultas, Fernando

El mismo Fernando Vallejo cuenta que su traductor al alemán se le queja porque no sabe cómo poner en la lengua de Goethe los sabrosos insultos colombianos de sus escritos.
Pues vaya traductor más torpe, digo yo, porque está chupao decir en alemán, en francés, en inglés o en vasco "patirrajado, saltapatrás, culicagao, comemierda, cagatintas, matacuras, escupehostias, lambón, lambeculos o lambiscón". Y es también superfácil de traducir su insulto favorito: hijueputa; con las variantes hijueputazo e hijueputica. ¿Qué pasa?, dice Vallejo, Cervantes usaba "hideputa" y nadie se mete con él. Claro, como es Cervantes...
Los blancos de sus odios son (no necesariamente por este orden) Octavio Paz, el papa Wojtyla y su madre. Y sus grandes amores, la abuela Raquelita, los perros y la lengua española, de la cual lamenta haber presenciado "en cuestión de semanas" la desaparición "del milenario verbo 'oír' reemplazado por 'escuchar'".
Vallejo sólo escribe en primera persona y, como no tiene blog, se inventó en "La Virgen de los Sicarios" un amante asesino a sueldo que le hacía el favor de cargarse gratis a todo el que lo molestaba, sin tener siquiera que pedírselo: el sueño de todo misántropo.
Podría contar muchas cosas más de sus odios y amores. Podría decir que es médico veterinario, pianista, gramático y director de cine, pero prefiero que, quien no lo conozca, lea su discurso de aceptación del Premio Rómulo Gallegos. Y ya está.


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