viernes, 20 de marzo de 2020

María Antonieta

En los años previos a la Revolución de 1789, la corte de Versalles vivía en su burbuja de refinamiento, del todo ajena a lo que se cocía más allá de las imponentes verjas del palacio.

En esos años se centra María Antonieta, una peli de Sofía Coppola que me gusta mucho mucho mucho.

Tanto que he escrito un articulito y lo he publicado en Zinéfilaz. Allí nos leemos.

¡Ah! Y feliz primavera.

jueves, 5 de marzo de 2020

Tentacular y devorador

"No era este el mundo en el que quería vivir, tentacular y devorador, en el que la única manera de salir adelante era luchar con uñas y dientes, ¿para obtener qué? Ni siquiera un pedazo de felicidad; solo esa rabia que te empuja a sobrevivir, a seguir comiendo, bebiendo y llenando el depósito de gasolina. Un combate estéril y agotador por conseguir una plaza en la miseria y conservarla cueste lo que cueste."

Sandrine Collette: Les larmes noires sur la terre, 2017

La traducción y la adaptación son mías.

lunes, 22 de julio de 2019

El sentido de lo maravilloso

"Hay una edad, hacia el final de la infancia, en la que las antenas con las que percibimos los secretos del mundo alcanzan su máxima potencia. 
Eso sucede justo antes de la pubertad, antes de que las hormonas, el racionalismo adulto y el sistema educativo nos atrofien definitivamente el sentido de lo maravilloso."

  
Bernard Minier:
Una maldita historia 
Une putain d'histoire
XO Éditions 2015  

La traducción y la adaptación son mías.

sábado, 18 de mayo de 2019

Pecho Frío



En Lima, esa ciudad para mí mítica que solo conozco a través de la literatura y de Google Earth, habita Pecho Frío, el treintañero más anodino que te puedes echar a la cara; empleado de banca, encorbatado pobre y aburrido, predecible y vulgar, que, de repente, por pura chiripa, de la forma más insustancial, se encuentra siendo objeto de tremenda atención mediática.

La vida de Pecho Frío cambia en horas, en minutos, y de una existencia monótona y tediosísima da el paso (o le dan el empujoncito; un poco de todo) que lo introduce en una escalada demente que imperceptiblemente casi lo coloca, como arrastrado por un torbellino, en la presidencia de la República del Perú.

Para este relato cuya moraleja podría ser que todo el mundo es corrompible, Bayly ha elegido un tono de farsa en el que los personajes se llaman Pecho Frío, Poto Roto, Culo Fino, Chucha Seca, Lengua Larga… No tiene nada de corrección, pues, y, sí, en cambio, bastante de mal gusto y de farsa, de bufonada, porque seguramente sea ese el tono más adecuado y el que vaya a dar una noticia más fiel y más exacta de una Lima desquiciada pero muy real: barrios, calles, entidades, instituciones y empresas mantienen sus denominaciones, al contrario de lo que ocurre con los personajes, que, como digo, lucen apelativos crueles y descriptivos como Gorda Pasiva o Mama Güevos.

El desquicie de Lima, del Perú entero, ya estaba presente en la magnífica “La lluvia del tiempo”, escrita también por Bayly como novela en clave, pero con más pistas, con personajes más reconocibles y menos astracán.

Son bastante protagonistas de “Pecho Frío” los medios de comunicación. Y Bayly sabe de lo que habla, pues ha trabajado en televisión durante décadas. Los medios tienen el poder de encumbrar a un cualquiera, un don nadie, como Pecho Frío, al culmen de la notoriedad, de la popularidad. De encumbrar o de enfangar, según se mire. Todo el mundo (en esta novela y en la realidad) parece despreciar a los medios, su ramplonería, su mal gusto, su crueldad y su descaro, todo el mundo se refiere a ellos con suficiencia, con altanería, con una pose de hartazgo, pero todo el mundo vive pendiente de lo que producen y todo el mundo quiere subirse al carro del famoseo y participar del oropel que lo rodea.

Lamento mi desconocimiento de la actualidad política, económica y social del Perú porque eso me priva de saber a quién se refiere Bayly con esos nombres y apellidos despellejantes. Llego a alguna conclusión que no me atrevo a compartir aquí porque no estoy segura, pero alcanzo, cómo no, qué menos, a reconocer al propio Bayly en ese Niño Terrible que aparece hacia el final de la novela: un tipo de vuelta de absolutamente todo, que no trabaja, que vive en la playa feliz y solo, que se la pasa fumando porros el día entero y dedicado exclusivamente a chiquilladas y travesuras que le diviertan.

“Pecho Frío” es, como digo, un relato muy destructivo que no se apiada de nadie. Así como en “La lluvia del tiempo” había una niña, una menor, que encarnaba la esperanza en el futuro, la valentía, la sinceridad, la fidelidad o, al menos, el respeto a la verdad por descarnada que sea, ahora, en “Pecho Frío”, donde no aparecen niñas ni niños, todo el mundo está podrido; cada cual de lo suyo (envidia, avaricia, ansia de venganza, de poder y notoriedad…) y algunos especímenes selectos, de todo.

Sin embargo, el final sabe ser tierno y se esfuerza un poquitín por que nos apiademos del pobre Pecho Frío, a quien, en las penúltimas páginas se le pasa la vida por delante, como en diapositivas, de manera que, aunque ya al final, in extremis y en ráfagas fotográficas, por fin sabemos con seguridad lo que veníamos sospechando desde el principio: que no es más que un pobre hombre, un pobre diablo, un cuitao, un desdichao, exactamente igual que mucha de la gente que se nos aparece envuelta en un destelleante halo de celebridad.

Jaime Bayly:
“Pecho Frío”
Alfaguara 2019

lunes, 22 de abril de 2019

Un poso de embestida de alces

"Se abrazan como se abrazan los hombres. No frente a frente, sino oblicuamente, en diagonal: la cadera de uno junto al muslo del otro, con la pierna izquierda y la entrepierna un paso atrás, en zona segura, a salvo. 

Son hombres, al fin y al cabo. Todos los abrazos masculinos guardan en su interior un poso de embestida de alces, de carneros, cuerno contra cuerno, pese a que los machos de la especie humana lo intenten disimular, con mayor o menor talento."

Harkaitz Cano:
Fakirraren ahotsa (La voz del faquir)

Susa, 2019

La traducción y la adaptación son mías.

sábado, 20 de abril de 2019

De oídas

La revolución y la contrarrevolución, las dos se hacen de oídas. Porque alguien oye algo en alguna parte y se lo cree. Y luego toma una decisión. ¿Cuántas veces no habrá sido así?

Lo que sabemos de oídas, sin querer creer que solo se aproxime a la verdad; lo que repetimos una y otra vez, tras un eslogan demasiado categórico o un testimonio inseguro, se nos aloja cómodamente en la garganta, como si fuera nuestro y no construido de oídas, con total confianza en lo escuchado.

Y exactamente igual deconstruimos, desconfiamos, insultamos, nos convertimos más o menos en lo que somos, de oídas e imperceptiblemente.

La reflexión no tiene cabida; solo nos cabe en la garganta algo que una vez le oímos a alguien. Y se borra casi entera la distancia entre la boca y la oreja.


Harkaitz Cano:  
Fakirraren ahotsa (La voz del faquir)
Susa, 2019

La traducción y la adaptación son mías.

jueves, 18 de abril de 2019

La indiferencia no tiene idioma


Tatiana le aclara que es traductora. Domina media docena de lenguas.

"Entonces, puedes amar en media docena de idiomas, ¿no?".

"Puedo amar y puedo odiar; según por dónde lo mires".

"Bueno, siempre será mejor eso que la indiferencia".

"La indiferencia no tiene idioma. La indiferencia es muda".
 


Harkaitz Cano:  
Fakirraren ahotsa (La voz del faquir)
Susa, 2019

La traducción y la adaptación son mías.