martes 9 de febrero de 2010

Lo que contó Ian Rankin en BCNegra

La foto no es muy allá, así que os digo que esos son, de izquierda a derecha, Jordi Cervera, Ian Rankin, Fermín Goñi y Jokin Ibáñez.

Os extracto, más o menos, lo que contó el señor Rankin, hábilmente interrogado por sus compañeros de foto.

Cuando comencé a escibir mi primera novela con John Rebus, no sabía nada de novela negra, pues sólo leía a los clásicos escoceses, y tampoco sabía nada de la policía. Con todo, envié una carta al jefe de la policía de Edimburgo, para que me ayudara a escribir mi libro y se ofreció a ayudarme muy amablemente. Resulta que en ese momento estaban investigando un caso muy parecido al que yo había ideado para Rebus, de manera que me convertí automáticamente en el sospechoso número uno en un asunto muy desagradable, con niños secuestrados y siete asesinatos.
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Yo creía que el apellido Rebus lo había inventado yo, pero diez años después de publicar esa primera novela, conocí en un pub a un hombre llamado Jules Rebus, que me dijo que era un apellido polaco. Miré en el listín de teléfonos de Edimburgo y encontré un J. Rebus ¡que vivía en la calle Rankin! La vida está llena de estas casualidades que en una novela no funcionarían nunca, pero la realidad no tiene por qué ser verosímil.
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Uno cree que escribiendo puede hacer algo para mejorar el mundo, pero no es así. En Callejón Fleshmarket, por ejemplo, critiqué muy duramente la política de inmigración en el Reino Unido. Me consta que el primer ministro Gordon Brown lee mis novelas. ¿Cambió por eso un ápice su forma de tratar a los inmigrantes? No. En absoluto.
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No soy el primer escocés que ha jubilado a su personaje. Conan Doyle incluso mató a Holmes y J.K. Rowling ha "jubilado" a Harry Potter. Como yo no sabía nada de novela negra, tampoco sabía que los protagonistas eran como Peter Pan y que no envejecían al ritmo del resto de los mortales. Por eso para Rebus ha pasado el tiempo como para mí. Otra cosa que no sabía era que los policías de Edimburgo se jubilan a los 60 años, y no a los 65 como los demás escoceses. Cuando era inminente la jubilación de Rebus, un parlamentario pidió al Ministro de Justicia  que retrasara la edad de retiro de los detectives para que Rebus pudiera seguir en activo, por lo cual recibí mensajes de odio de gente que quería ya dejar de trabajar.
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La jubilación de Rebus me ha dado libertad y, desde entonces, he escrito una ópera, una novela breve para alfabetización de adultos, una novela gráfica, letras para música, un guión y una serie para el New York Times, que se ha publicado en español con el título de Puertas abiertas. Pero llegó el momento de tener que escribir una novela "de verdad" y mi mujer me dijo: "¡Qué suerte! Ahora puedes escribir lo que quieras. ¿Qué vas a hacer? ¿Ciencia-ficción, novela sentimental, psicológica...?" Y yo le contesté: "Voy a escribir una novela negra que se desarrolle en Edimburgo".
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Y así he publicado The complaints, protagonizada por el inspector Malcolm Fox, que es una especie de anti Rebus. Pero resulta que Rebus no se ha jubilado del todo, sino que trabaja, con un grupito de policías retirados, revisando casos antiguos, en el mismo edificio de Fox, de manera que a veces se cruzan por los pasillos, se saludan e incluso comen juntos.
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Cuando era joven vivía en el barrio en el que vive Rebus. Ahora vivo en el que vive Cafferty, su amigo-enemigo y capo de la mafia. Un día se me acercó una señora en el supermercado y me dijo que no le gustaba que Cafferty viviera en su barrio, porque eso hacía bajar los precios de las propiedades inmobiliarias.
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Edimburgo no es una ciudad tan grande como para tener un gran capo mafioso. Hay pequeños jefecillos y todos creen que Cafferty está basado en ellos. Hay incluso uno que está empeñado en que escriba una novela sobre él, intenta ponerse en contacto conmigo y yo procuro viajar todo lo que puedo al extranjero, porque ¿cómo se le dice que no a un tipo que lleva en el coche varios kalashnikoff?

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jueves 4 de febrero de 2010

A Santa Juana me encomiendo, cumplo años y me voy pa Barcelona

Hoy jueves 4 de febrero cumple tres años este humilde blogsito. De entre todas las santas y santos que la Santopedia me ofrece para este día, elijo para encomendarme a Santa Juana de Valois porque me ha caído simpática: fue reina de Francia, fundadora y gobernanta, o sea, manducona; su padre el rey la despreció por mujer, coja y fea; estuvo casada, pero se anuló su matrimonio; y se retiró a vivir a Bourges, una ciudad con un catedralón y estupendas creperías; me consta.

En fin, que, como digo en el título, a Santa Juana encomiendo este blog, doy las gracias a todas las amiguitas y amiguetes que me han ayudado a mantenerlo vivo, sano y guapetón, y aviso que me voy pa Barcelona, con la excusa de la BCNegra, que estaré muy ocupada comiendo bien y callejeando mucho y que igual no tengo tiempo de pasarme por aquí ni para saludar. Así que hasta pronto; os quiero, besos.

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lunes 1 de febrero de 2010

BCNegra

Para animarnos el mes de febrero creó dios la "trobada" (en la página oficial sólo viene en catalán y yo el catalán sólo lo traduzco en la intimidad) de novela negra de Barcelona.

Aquí tenéis el programa: http://www.bcn.cat/cultura/bcnegra/2010/es/programa2010.pdf

Ya veis que os invita a seguir una Black Serial Chicken, la primera novela que servidora ha conocido en Twitter.

Intentaré llegar el viernes y echarle un ojo y una oreja a Ian Rankin.

¿Alguien más andará por allí? Nos vemos. Si os apetece.


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viernes 29 de enero de 2010

Un tipo serio

Me da a mí que, sin ser judío, no capta uno todo lo que tiene que captar en esta película, así que, como mis conocimientos sobre el judaísmo se reducen a las películas de Woody Allen y a los episodios de Sexo en Nueva York en los que Charlotte deja de ser católica para poder casarse con Harry Goldenblatt, me temo que se me habrán escapado referencias importantes y quizás imprescindibles.

Así y todo, me ha entusiasmado el prólogo y más todavía el final de esta peli. Siempre he pensado que, si yo hiciera cine, pondría finales así: fríos, limpios, sobrios, demoledores, tajantes. Que la gente se fuera hecha polvo a casa, vamos. Aunque no es eso lo que sucede con este tipo serio, no, porque, como no somos judíos, el pobre Larry Gopnik, el protagonista, nos queda lejos y su suerte como que no nos afecta.

¿Y quién es este Larry Gopnik? Pues un insípido e irreprochable padre de familia, judío hasta las gafas, a quien la vida se le ennegrece por todos los frentes imaginables. ¿Lo tratan por ello los hermanos Coen con un poquito de compasión? No. Se ensañan con él, le disparan con todo su humor negro, ácido y corrosivo, con su cinismo simpático, con su nihilismo descacharrante, lo asfixian con versículos cantados de la Torá y guitarreos de Jefferson Airplane, se pitorrean hasta el sarcasmo de sus creencias, ritos, costumbres y de todo lo que le merece respeto, rabinos esperpénticos incluidos. Y al final le zumban una puntilla pesadillesca y genial.

¿Qué más? Pues que todo eso lo hacen los angelitos Coen con su reconocible y agradecible mano visual, pero sin su star system de casi siempre. ¿Alguien lo echa en falta?



Un tipo serio (A serious man, EEUU, Francia y Reino Unido, 2009). Dirección: Joel y Ethan CoenInterpretación: Michael Stuhlbarg (Larry Gopnik), Richard Kind (tío Arthur), Fred Melamed (Sy Ableman), Sari Lennick (Judith Gopnik), Adam Ar (el abogado), Peter Breitmayer (Sr. Brandt), Jessica McManus (Sarah Gopnik), Aaron Wolff (Danny Gopnik). Música:  Carter Burwell

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martes 26 de enero de 2010

La isla

 
Hierro (España, 2009). Dirección: Gabe Ibáñez.  Interpretación: Elena Anaya (María), Bea Segura (Laura), Andrés Herrera (Antonio), Mar Sodupe (Tania), Miriam Correa (Julia), Kaiet Rodríguez (Diego). Guión: Javier Gullón. Producción: Álvaro Augustin y Jesús de la Vega. Música: Zacarías M. de la Riva. Fotografía: Alex Martínez.  Dirección artística: Patrick Salvador. Vestuario: Patricia Martínez. 

Tres cositas diré de esta peli: lo malo, lo bueno y un aviso importante.

Lo malo. Lo previsible del guión y el empeño por explicarnos lo obvio como si fuéramos tontos; el relato repetitivo, las escenas que se suceden idénticas unas a otras, los insuficientes ingredientes narrativos; la excesiva secuencia subacuática, con madre e hijo que se rozan los deditos mientras canta un coro como de ángeles ¡Aaaaaa!


Lo bueno. Elena Anaya, que se roba todos los planos, y bien robados; su técnica sólida; la puesta en escena impecable (no parece una película española, me decía un amiguete); la secuencia de madre e hijo en la bañera: simple y muy expresiva; el clima desasosegante de los escenarios, los pájaros de mentirijillas, mi islita bonita con sus playas rojas y sus piedras negras.


Un aviso importante. Aunque sólo se la nombra en el título y en algún topónimo suelto, "la isla" de la peli es El Hierro y ya sé que ustedes saben que el cine es todo mentira, pero, por si acaso, me urge decir que, además de paisajes soberbios, que ya se ven en el filme, allí hay hoteles estupendos y gentes acogedoras y nada patibularias. ¡Ah! Y en toda la isla no hay ni un camping de caravanas. 


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sábado 23 de enero de 2010

Historia de dos ciudades

Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto.

Charles Dickens

Sírvame ese comienzo, que siempre me ha gustado mucho, para hablar de dos ciudades que también me gustan, París y Bilbao, unidas por una inundación.


Bilbao se inundó el 26 de agosto de 1983. Llevaba días lloviendo, pero aquella tarde cayó una tromba que coincidió con la marea alta y la ría se desbordó. Murieron más de treinta personas. Al día siguiente, por la ría, cerca de la desembocadura, bajaban sofás y televisores.

En 2008 se cumplieron 25 años de estas inundaciones y el aniversario se conmemoró con varios actos; entre ellos, una exposición en el Mercado del Ensanche.


París se inundó en enero de 1910, hace exactamente un siglo. Para conmemorarlo, el ayuntamiento de la villa ha organizado una exposición magnífica en la galería de las bibliotecas municipales (http://www.paris.fr/). Estará visible hasta finales de marzo.

Las inundaciones de París fueron, si no la primera, sí una de las primeras catástrofes mediáticas de la historia. Se difundieron por fotografía, prensa, cine y otro medio encantador por ya desusado: las tarjetas postales. Impulsaron un movimiento de solidaridad sin precedentes: en muchos ayuntamientos franceses recogieron fondos de ayuda y tres asociaciones de mujeres de la alta sociedad fueron especialmente activas en la asistencia.

Los políticos frecuentaban tanto los lugares arrasados como los periódicos. Había elecciones a la vista, en mayo de aquel mismo año, y los más protagonistas fueron reelegidos. Incluso el arzobispo de París saltó a la palestra para identificar la inundación con un castigo divino y pedir el voto para los partidos católicos.

París, convertido en Venecia, se llenó de periodistas y fotógrafos franceses, ingleses y americanos, tanto profesionales como aficionados. Y en esto también me recuerda a Bilbao: desde 1983, cada vez que la ría tiene una crecida un poco fuerte, los puentes se abarrotan de gentes con todo tipo de cámaras.

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miércoles 20 de enero de 2010

Otro Holmes es posible


Pues sí, porque Holmes, el Holmes literario de Conan Doyle, da para mucho, y éste que nos ha puesto en la pantalla Guy Ritchie dista bastante del Holmes cinematográfico al que estábamos acostumbrados.

Primero, por los protagonistas. Ya era hora de que viéramos a Holmes y Watson requeteguapos. Como, al parecer, no podemos evitar que todas las protagonistas de todo, hasta de los telediarios, sean despampanantes, como las feas han desaparecido de las pantallas sugiriendo quizás que deberían desaparecer de la faz de la tierra, algo igualamos con Robert Downey Jr. y Jude Law, estos hombretones vistosos que, así y todo, no son yogurines como su parternaire Rachel McAdams, sino unos veinte años más viejos, calculo.

Segundo, porque el guión, que rebota varias veces, nos muestra cosas de Holmes que hasta ahora no habíamos visto en el cine, como su afición y destreza en la lucha (demasiada pelea para mi gusto de escasa testosterona, demasiada payasada innecesaria lo del gigantón franchute), o como esa pareja cómica que forman Holmes y Watson, más House y Wilson que nunca, que parecen esos jubilados que llevan décadas y décadas juntos y han creado ya su folclore particular. También es este de la peli un Holmes desarrapado, misántropo (aunque de misoginia tambaleante), canalla y un poco hikikomori; para nada el gentleman de otras veces.

¿Sabéis qué es lo que más me ha gustado de la peli, además de los ojitos negros del señor Downey Jr.? Pues la otra negrura, la de los cielos de Londres y las aguas del Támesis, las industrias encarbonadas, las grúas de las orillas, la Bridge Tower a medio hacer, tan parecido todo a mi rutina, yo que me las tengo que ver todos los días con las obras de la Supersur.

La ambientación, el vestuario incluso, los decorados magníficos nos dicen que estamos ante un tebeo, una de acción y aventuras.  Y le ha debido de coger Ritchie el gustillo al cómic, pues anuncia que su próxima película será Lobo, otra de Warner Bros., que va poniendo en la pantalla los personajes de DC Comics.

Sherlock Holmes (EEUU, 2009)
Dirección: Guy Ritchie
Interpretación: Robert Downey Jr. (Sherlock Holmes), Jude Law (Dr. John Watson), Rachel McAdams (Irene Adler), Mark Strong (lord Blackwood).
Guión: Michael Robert Johnson, Anthony Peckham y Simon Kinberg; basado en los personajes creados por Arthur Conan Doyle
Música: Hans Zimmer.
Fotografía: Philippe Rousselot.
Vestuario: Jenny Beavan.

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