miércoles, 16 de mayo de 2007

Montalbano y las mujeres

De todos los machos, machitos, machorros y machotes de las novelas de polis, el comisario Montalbano, el siciliano, el hijo más famoso de Andrea Camilleri, se lleva la palma y no precisamente la del martirio.

Montalbano tiene tres mujeres. En el trabajo, en la comisaría de Vigata, ni una; hasta ahí podíamos llegar. En Génova, a horas de avión de su casa de Marinella, vive su novia Livia, una tipa siempre enfurruñada, con un carácter terrible, propensa a la bronca y muy maruja: cuando visita a Montalbano en su casa, da vacaciones a Adelina, la asistenta.

Adelina y Livia no se pueden ni ver: la típica lucha de hembras-hembras por el territorio del macho. Adelina es muy aldeana, casi analfabeta, sólo habla en dialecto, como buena siciliana tiene hijos delincuentes y cocina como los dioses.

En la ordenación del mundo de Montalbano hay dos tipos de mujeres: las que saben cocinar y las que no. Al comisario lo invitan a comer cada dos por tres sus paisanos en sus casas. Siempre cocinan las esposas. De hecho, lo único que sabemos de ellas es si son buenas cocineras o no. ¿Qué más hace falta saber? Montalbano es mujeriego a su manera.

La tercera churri de Montalbano es Ingrid, la sueca buenorra de conducta escandalosa para los paletos isleños. Montalbano se trae con Ingrid un rollito adolescente de lo más tontorrón: se rozan, se soban, duermen juntitos, charlan interminablemente de noche frente al mar...

Montalbano no es un comisario ortodoxo, no sigue siempre (o casi nunca) las reglas, investiga con métodos peculiares a espaldas de sus superiores y en esas aventurillas lo ayuda Ingrid, que, al parecer, no tiene otra cosa que hacer.

De todas sus mujeres, Ingrid es la más compañera, la más coleguita, la que está más a su altura, pues con la novia es una escaramuza continua y Adelina sólo está a su servicio.

En una de las novelas de la serie, Montalbano resulta herido y yace después inconsciente en su lecho. De repente, recobra el conocimiento, abre los ojos, ve a los pies de la cama a Adelina, Ingrid y Livia y se vuelve a desmayar. Sin comentarios.

Camilleri es también siciliano, de Agrigento, donde los templos griegos. ¿Compartirá con Montalbano su ordenación del mundo y los seres humanos? ¿O estará haciendo una caricatura de la mentalidad de sus paisanos?

Con Camilleri me pasa como con Sue Grafton: tiene ochenta y tantos años; dentro de poco, adiós al hombre, finito il maschio, no tendremos ya más montalbanos.

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11 comentarios:

Lucía dijo...

¿Sabes que Camilleri tiene preparada una novela que solo puede ser editada de su muerte?

Lucía dijo...

Quise decir: después de su muerte. Perdón.

Julen dijo...

Contado de esta forma, desde luego que es toda una manera ortodoxa de representar los papeles. Eso sí, creo que para ser justa también deberías citar -todo sigue siendo ortodoxia- que cuando a va a su restaurante favorito, allí hay... cocinero. Faltaría más.

Oscar Pita-Grandi dijo...

Esta no la he leído. Y yo que ando cazando letras y cine de la Italia. Buen dato.
Besos.

Fernando dijo...

Suscribo lo de la ortodoxia de Julen.
Por cierto, he terminado Ad vitam aeternam de Jonquet. Es muy curiosa, algo así como negra-fantástica.

Noemí Pastor dijo...

Pues no, Lucía, no lo sabía, y tampoco sé cómo interpretarlo. En principio, me parece original.

Es verdad, Julen, no me había acordado de que primero la trattoria favorita de Montalbano era, si mal no recuerdo, la de Calogero y luego, cuando cerró, se pasó a otra, también con cocinero varón. Porca miseria!

Óscar, si no conoces a Camilleri, enhorabuena: tienes todo un mundo por descubrir.

Fer, "Ad vitam aeternam" me la compré el viernes pasado en Bayona. Acabo de terminar de leer otra, negra-histórica, y un día de éstos pongo unas letras.

Francisco Ortiz dijo...

No conecto con el humor de este tipo, y mira que partiendo de un claro homenaje a Montalbán debería cautivarme. Menos mal que te tenemos a ti, nuestra preferida devoradora de libros. Un abrazo.

Noemí Pastor dijo...

Pues a mí el humor socarrón de Montalbano sí me hace gracia.
Y tampoco devoro tantos libros. Lo que hago es ver tele por un tubo.

EFE dijo...

Ah, el cocinero de la primera trattoria es San Calogero, y el de la segunda, Enzo.

Y, respondiendo a una pregunta que nadie ha hecho, Ingrid y Catarella son mis personajes preferidos de la serie.

PS: Estupendo blog.

Noemí Pastor dijo...

Hola, Efe. Creo que es Calogero, sin San. A mí me encanta Catarè. A Ingrid la encuentro demasiado sueca-ideal-de-sueño-calentorro-de-
macho-sureño. Dentro de poco le hincaré el diente a la última que se ha publicado de Montalbano. Ahora no recuero el título. Algo de la luna. Un beso y permanezca atento/a a esta pantalla.

Gloria Paladino dijo...

si alguien leee este comentario de seguro no va a tener ni la minima idea de que va la esencia de la serie ni menos de la tipologia del personaje. hay gente tan hueca y superficial que es capaz de desfigurar un producto de excelencia en media carilla. y dicen que escriben... povereto