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sábado 1 de marzo de 2008

El meme de los libros que todo el mundo ha leído menos yo


¡Por fin he creado un meme! ¡Tenía una ilusión! Como lo he creado yo, va a ser un meme un poco bobo y desorganizao.

Consiste en hacer una lista de eso, lo que dice el título: los libros que todo el mundo ha leído menos quien suscribe. No hay que dar ningún número concreto de libros; pueden ser dos, diez o quinientos. Tampoco hay que pasárselo a un número concreto de gente. Yo se lo paso a quien lo quiera coger.

Es interesante, sin embargo, citar la razón por la cual no los hemos leído. La mía es la misma en casi todos los casos: no los he leído para no tener que hablar de ellos.

Y los libros no leídos son: El Principito, Rayuela, El código Da Vinci, Los pilares de la tierra, su secuela oficial y sus innumerables sucedáneos catedraleros, El niño del pijama a rayas, La sombra del viento, El señor de los anillos (con éste lo intenté varias veces y jamás pasé de la página 3), ninguno de Harry Potter, ninguno de Pérez Reverte ni de Toti Martínez de Lecea ni de Stephen King ni de Isabel Allende. Tampoco he leído ninguno de la saga del oso carvernario (es que no recuerdo los títulos ni el autor) ni Seda de Baricco.

Seguro que se me olvida algún "muss". Bueno, si me acuerdo, lo añado en los comentarios.

Según hacía la lista, se me estaba ocurriendo otro meme: el de los libros que he leído enteritos sin entender ni papa. Ésta sí que sería larga. Otro día me pongo a ello.

Venga, animaos, que nos vamos a reír.


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martes 8 de enero de 2008

Impostura (IV)

Suele suceder: te pasas la vida sin reparar en algo y, una vez que lo haces, se te aparece por todas partes. Eso me está ocurriendo con la impostura: me paré a reflexionar dos minutos sobre el asunto, parí tres capítulos (I, II y III) y ahora me encuentro impostores en el café con leche.

A Christopher Rocancourt me lo he topado en el Vanity Fair de noviembre. No conocía su existencia, pero llego tarde: hay abundante material sobre él en la red, también circula por ahí un reportaje televisivo que no he visto, y hasta tiene web propia: http://www.rocancourt.com/.

Os resumo su edificante historia. Rocancourt es hijo de una prostituta y un alcohólico. Se crió en un orfanato de Normandía. De allí pasó a las calles de París y de París a Rodeo Drive. En California se hizo pasar por el millonario playboy Cristopher Rockefeller y timó a montones de americanos: les vendía casas que no le pertenecían y los convencía para que invirtieran en cosas inexistentes, claro. También se hizo pasar por estrella de cine, boxeador, hijo de Sofía Loren y sobrino de Dino de Laurentiis.

Lo arrestaron en la Columbia Británica en abril de 2001. En la cárcel concedió entrevistas a a 60 Minutes y The New Yorker y se convirtió en una celebridad en Francia, donde, al parecer, hacía mucha gracia que un paisanito pobretón hubiera tomado el pelo a americanotes forrados de pasta.

En 2003 escribió un libro, Yo, Cristophe Rocancourt, huérfano, playboy y presidiario, un exitazo de ventas en Francia.

Lo juzgaron, lo declararon culpable, pasó cuatro años en una cárcel de Pennsylvania y fue enviado a Francia en 2006. En París lo recibieron como a una estrella, concedió entrevistas a un montón de medios e incluso se habló de comercializar una línea de moda que llevara su nombre.

Escribió otro best-seller, Mis vidas, y un tercero: Estafas. Historias reales. Hoy vive en París; tiene esposa (una ex Miss Francia y conejita de "Playboy"), hija, agente de prensa y, como ya he dicho, web propia (fea que te mueres; no os perdáis a su señora, bien guapa, medio en bolas).

Se habla también de una película sobre su vida con Edward Norton y Heath Ledger.

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miércoles 2 de enero de 2008

Ya vienen los Reyes


La foto es canija y mierdosa, lo sé, pero mis recursos técnicos no dan para más. Y tampoco es tan interesante. La de la foto soy yo, hace unos añitos, la primera vez que tuve el honor de desfilar el día 5 de enero con el séquito de Su Majestad el Rey Mago Melchor de Oriente.

Desde entonces casi todos los años he acompañado a Melchor o a Gaspar en la cabalgata. Este año he conseguido desfilar con Baltasar, que es el más queen, el más exótico y el más glamuroso, con diferencia. Un par de zancadillas más y por fin lograré subirme a alguna carroza, en vez de patear las calles con babuchas y esas antorchas que me asustan un poco.

Podría mentir como una hipocritona y decir que lo hago por los niños, por sus caritas de ilusión y sus ojos encendidos de magia. Pero no. Lo hago porque me encanta travestirme y porque me lo paso pipa. Si, al mismo tiempo, doy un poquito de felicidad a alguna criatura, mejor que mejor.

En fin, que ése es mi planazo para Reyes. Y ya puesta a derramar alegría por el mundo, os voy a hacer un favorcete. Como sé que sois unos desastres humanos y nunca sabéis qué pedir ni qué regalar, aquí os doy noticia de este libro, apto para toda edad y condición, y que os hará reír. Os pongo un enlace a su ficha, para que no haya pérdida. Ahí mismo lo podéis comprar por Internet.

Esto puede parecer propaganda descarada y lo es.

Felices Reyes.


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lunes 3 de diciembre de 2007

Help!

No voy a ser menos que Mak y os voy a poner deberes.

Tengo que pronunciar unas palabritas, un breve discurso, en la entrega de premios de un concurso de cuentos para jóvenes. Había pensado decir algo sobre blogs, jóvenes, literatura, libros, lectura, etc. O sea, de blogs de jóvenes que hablen de eso. Pero, como soy boba, no sé por dónde empezar.

Así que recurro a ustedes en busca de ayuda. Agradezco ideas, sugerencias, enlaces, lo que sea. Una cosa: sabed que, a efectos del Gobierno Vasco, se es joven hasta los treinta años.

Gracias y help.

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domingo 11 de noviembre de 2007

Lingüística y política

Un interesante batiburrillo de ideas nos ofreció Umberto Eco hace unos días en Le Figaro Magazine. El hombre anda concediendo entrevistas porque acaba de publicar dos ensayos en francés: uno sobre la traducción y otro sobre la fealdad.

Os traduzco, resumo y adapto la entrevista. Si queréis leer la original, la tenéis aquí.

(...) Un traductor tiene que saber negociar. Es imposible traducir perfectamente, pues de una lengua a otra no hay jamás una sinonimia perfecta. La negociación se ha hecho importantísima tanto en semántica como en política. Cuando no hay negociación, hay guerra. La negociación era una de las características de la guerra fría. Los dos bloques funcionaban así: "Yo no pongo los pies en tu terriorio y tú los quitas del mío. Yo limito la produción de armas atómicas y tú dejas de fabricarlas." Era una forma de negociación silenciosa, implícita. Hoy hemos perdido ese saber negociar. Hemos vuelto a la política de los cañonazos, al choque frontal.


(...) Nuestra época, con sus grandes movimientos migratorios, me recuerda a la caída del Imperio Romano, hacia el año 500. Tras la caída del imperio soviético, el americano comienza también a tambalearse. Podría compararse el incendio de Roma con el desplome de las Torres Gemelas.


(...) Una característica de nuestra época es la velocidad. Pero también la aceleración. Escribimos con pluma durante siglos; a máquina, durante ciento cincuenta años; y ahora cambiamos de ordenador muy a menudo. Y con esto entra en conflicto otra característica: que vivimos más años. En la época napoleónica, alguien que muriera a los cuarenta sólo habría conocido un cambio histórico. Hoy puede haber gente que haya vivido la Segunda Guerra Mundial, la caída de la Unión Soviética y el desplome de las Torres Gemelas. Tenemos una vida más larga, pero también más alocada. Debemos enfrentarnos a una sucesión casi insoportable de cambios.


(...) Por un lado, tenemos un lenguaje cada vez más reducido. Pero, por otro, la televisión nos proporciona un bagaje léxico medio relativamente importante. Un taxista italiano que conozco emplea palabras que su padre desconocía, porque las ha oído en la tele. Es una especie de compensación.


(...) Oigo a menudo quejas porque supuestamente la gente ya no lee. Sin embargo, hoy lee mucha más gente que hace un siglo. En los grandes almacenes se ven centenares de personas hojeando libros. En cambio, cuando yo era joven, las librerías no eran lugares para todos los públicos.


(...) Las imágenes no son exclusivas de nuestra época. Siempre ha habido imágenes. Una catedral gótica es como un televisor repleto de imágenes para los pobres, para los analfabetos.


(...) Los libros nunca cambian el presente; sólo pueden cambiar el futuro. Tú lees un libro y puede que ejerza sobre ti una influencia profunda. Poco a poco, vas cambiando tu manera de pensar, tu personalidad, y mañana, o pasado mañana, te comportarás de forma diferente. Es un error pedir a los intelectuales que resuelvan los problemas del mundo.



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miércoles 31 de octubre de 2007

En una cosa estamos de acuerdo

Como me dejo impresionar fácilmente, me ha impactado la entrevista del Babelia del sábado pasado con Jonathan Littell, un tipo fiero e interesante que en esta foto se parece a Matthew Modine, ha ganado el Goncourt sin pretenderlo y se ha permitido la chulería de no ir a recogerlo, pues opina que los premios no tienen nada que ver con la literatura, sino con la publicidad y el marketing.

Littell ha ganado el Goncourt con Las benévolas, una novela sobre el nazismo de la que Vargas Llosa ha dicho que es "impresionante", pero que "no deja resquicio de esperanza".

Como digo, en una cosa estamos de acuerdo Littell y servidora. Es algo sobre lo que ya escribí hace tiempo. Copio literalmente de la entrevista de Babelia:

Sólo los ingenuos pueden creer que la cultura te ayudará a ser majo. (...)
La cultura no nos protege de nada. Los nazis son la prueba. Puedes sentir una
admiración profunda por Beethoveen o Mozart y leer el "Fausto" de Goethe, y ser
una mierda de ser humano.

Y, al parecer, así lo demuestra en una novela de mil páginas que servidora no ha leído. Todavía.


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viernes 28 de septiembre de 2007

La biblioteca de Cottbus

La ciudad de Cottbus está al sudeste de Berlín, pegadita a la frontera con Polonia y no lejos tampoco de la República Checa. No hace falta añadir, pues, que perteneció a la Alemania del Este, a la República Democrática Alemana.

Cottbus tiene muchos encantos. Si os metéis un poquito en su web oficial (en cuatro idiomas, flipadlo), veréis que allí hay un casco viejo espléndido, murallas, varios museos y galerías, un castillo con su parque alrededor, bonitas iglesias...

Pero lo que a mí me chifla de Cottbus es la biblioteca. Por poco que os gusten los libros, os enamoraréis perdidamente de este edificio (¿Queda exagerado llamarlo "templo"? Sí, demasiado reverencial) firmado por el estudio de arquitectura suizo Herzog & de Meuron.

El nombre oficial de la biblioteca es IKMZ, es decir, Informations-, Komunikations- und Medienzentrum (¿pero quién dijo que el alemán era difícil? ¡si se entiende todo!) y depende de la universidad técnica.

Puesta a decir lo que se me pasa por la cabeza, como ya no me queda vergüenza, diré que el edificio simula el rollo de pergamino de cuando aún no había libros, o el rollo de Colhogar que tan práctico resulta en toda cocina.

En fin, que la biblioteca es requetechula por fuera y por dentro, y que para mi barrio la quisiera (aunque la de la Diputación, en Bilbao, no está nada mal). Emborrachaos de fotos aquí y morid de envidia.


PS. Dedico este post a Nieves Lorenzo, liburuzaina de pro y lectora fiel de este humilde blogsito.


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lunes 4 de junio de 2007

Los libros nos salvarán de todo

Hay quien cree firmemente en la omnipotencia de los libros y la lectura. Ejemplos de esta fe tan optimista los hay a montones en la red. Si lees, dicen, hablarás mejor, escribirás mejor, entenderás mejor, se te desarrollarán ciertas capacidades mentales que, si no, permanecerán atrofiadas, serás más libre, tendrás opiniones propias, podrás participar en más conversaciones.

Y, claro, en sentido contrario, quien no lee es un borrico que abre la boca y no habla, sino rebuzna. Como si no hubiera otros escapes culturales, como si no existieran la música, el cine, la pintura y otras actividades que también estimulan el cerebro.

No comparto yo, en fin, esa excesiva confianza en las bondades de la lectura ni esa satanización total de los iletrados. Conozco demasiada gente a la que los libros no han hecho más sabia ni más bondadosa: sólo más erudita. Y una cosa es la cultura y otra, la erudición. Estoy segura de que todos habéis tenido una abuela, un tío, alguien que apenas sabía escribir su nombre y, sin embargo, poseía una innegable sabiduría.

Sí es cierto que la afición a la lectura te permite, como suelo decir, no vivir apegada a lo terrestre, poder flotar unos centímetros por encima de la vulgaridad. Y eso es algo parecido a ser más libre. También creo que Platón es un buen complemento del prozac. Pero leer no te salva de todo, no te insufla seguridad en ti misma, no te inmuniza contra la desdicha, no te hace mejor persona, ni más simpática, ni más querida, ni más tolerante. Y sobre todo: la afición no se hereda. Hay hijos iletrados de padres cultivadísimos y devoradores de libros con padres analfabetos.

Y esto lo escribo recién regresada de la Feria del Libro de Madrid, a la que yo llamo (con todo cariño, por supuesto) la feria de las vanidades.

En la foto, un sillón-librería. ¿A que es chulo?

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