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lunes 30 de junio de 2008

No tengo edad

No tengo edad
para vestirme de novia
ni para descuidar el peso
ni la depilación.

Estoy, en cambio, en la edad adecuada para comprar bolsos caros,
pagar las copas,
portarme bien con las veinteañeras
y dar yogur a la boca, a cucharaditas,
a las amigas que sufren.


Tengo edad para escribir libros,
ser corta de vista,
querer a quienes me quieren
e insultar, rápido y fuerte,
a quienes me ofenden
,
abandonar a un amante joven y bello
y celebrar
por todo lo alto
muchos cumpleaños.


El color blue está dedicado a Agatha.


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jueves 10 de enero de 2008

El síndrome de don Quijote

No os molestéis en buscarlo en ningún manual de psiquiatría: el síndrome de don Quijote me lo acabo de inventar yo para explicar lo que me pasa. Os cuento.

Así como don Quijote, hartito de leer novelas de caballerías, se convirtió él mismo en caballero andante, servidora de ustedes, emborrachada de novelas de crímenes, está convencida de que ha desperdiciado su vida, pues tenía que haber sido policía. Sí, sí, policía, detective, investigadora, pasma, madera, ertzaina, cop o flic, que también se dice, por no usar otras denominaciones más despectivas.

Mi vida habría sido maravillosa: sin horarios laborales, todo el día y toda la noche investiga que te investiga, husmea que te husmea, sin fines de semana libres, sin vacaciones, sin apenas dormir, comiendo de mala manera y donde caiga, sin vida social, sin familia, sin ex maridos siquiera...

Qué gustazo ir siempre mal vestida, mal peinada, mal calzada, sin gotita de maquillaje, sin depilar. Pero cachas, eso sí, con buenas sesiones de gimnasio, que hay que estar en forma para alcanzar corriendo a los malos. Y entrenada en artes marciales, porque una chica tiene que saber defenderse.

Viviría en un apartamento minúsculo (como todo el mundo sabe, el jornal de policía no da para más) en un barrio obrero de la periferia, donde quizás conservara algún resto de familia y amigos de la infancia; para no perder el contacto con la realidad, más que nada. Pero sería, por supuesto, una loba solitaria y me compraría la comida en esas tiendas pequeñas que están abiertas a deshoras.

Tendría un carácter dificilillo, pero no agrio. Sería malhablada, lenguaraz y sarcástica, pero sin exageraciones. Sólo lo justo para no conseguir nunca novio.

Sería adicta a la tele y a las gafas de sol y no tendría vehículo propio, pues el transporte público ofrece impagables oportunidades de observación de la conducta humana.

Fumaría y bebería algo, por darme cierto aire de malditismo, y quizás me luciría también algún toque intelectual. Podría ser, por ejemplo, aficionada a la historia sagrada y a las vidas de santos.

¡Ay, amigas y amigos! Me he perdido una vida estupenda, pero he ganado un personaje. Sólo me falta una trama para tener una novela. ¿Alguien tiene alguna de sobra por ahí?


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martes 8 de enero de 2008

Impostura (IV)

Suele suceder: te pasas la vida sin reparar en algo y, una vez que lo haces, se te aparece por todas partes. Eso me está ocurriendo con la impostura: me paré a reflexionar dos minutos sobre el asunto, parí tres capítulos (I, II y III) y ahora me encuentro impostores en el café con leche.

A Christopher Rocancourt me lo he topado en el Vanity Fair de noviembre. No conocía su existencia, pero llego tarde: hay abundante material sobre él en la red, también circula por ahí un reportaje televisivo que no he visto, y hasta tiene web propia: http://www.rocancourt.com/.

Os resumo su edificante historia. Rocancourt es hijo de una prostituta y un alcohólico. Se crió en un orfanato de Normandía. De allí pasó a las calles de París y de París a Rodeo Drive. En California se hizo pasar por el millonario playboy Cristopher Rockefeller y timó a montones de americanos: les vendía casas que no le pertenecían y los convencía para que invirtieran en cosas inexistentes, claro. También se hizo pasar por estrella de cine, boxeador, hijo de Sofía Loren y sobrino de Dino de Laurentiis.

Lo arrestaron en la Columbia Británica en abril de 2001. En la cárcel concedió entrevistas a a 60 Minutes y The New Yorker y se convirtió en una celebridad en Francia, donde, al parecer, hacía mucha gracia que un paisanito pobretón hubiera tomado el pelo a americanotes forrados de pasta.

En 2003 escribió un libro, Yo, Cristophe Rocancourt, huérfano, playboy y presidiario, un exitazo de ventas en Francia.

Lo juzgaron, lo declararon culpable, pasó cuatro años en una cárcel de Pennsylvania y fue enviado a Francia en 2006. En París lo recibieron como a una estrella, concedió entrevistas a un montón de medios e incluso se habló de comercializar una línea de moda que llevara su nombre.

Escribió otro best-seller, Mis vidas, y un tercero: Estafas. Historias reales. Hoy vive en París; tiene esposa (una ex Miss Francia y conejita de "Playboy"), hija, agente de prensa y, como ya he dicho, web propia (fea que te mueres; no os perdáis a su señora, bien guapa, medio en bolas).

Se habla también de una película sobre su vida con Edward Norton y Heath Ledger.

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martes 23 de octubre de 2007

Impostura (y III)

Contábamos antes de ayer la atribulada vida de Jean-Claude Romand y ayer, que Emmanuel Carrère se había servido de toda esa materia literaria bruta para pulir una interesante novela.



No mucho después, en 2001, saltó a las pantallas la primera película basada en la historia de Romand: L'Emploi du temps, de Laurent Cantet, que se tomaba algunas lícitas libertades con respecto a los hechos. Así, al protagonista lo despedían de su trabajo y acababa por confesar la mentira a su esposa.

Un año más tarde, Nicole Garcia permaneció fiel al texto de Carrère y presentó en Cannes El adversario, construida como un flash back desde el día que Romand pasó solo en su casa después de haber cometido los asesinatos. Es una película glacial, opaca e inquietante que no muestra sangre ni violencia.

También en 2002 hubo una tercera película basada en la historia de Romand: la española La vida de nadie, ópera prima de Eduard Cortés. Cortés traslada la acción a Madrid, convierte al personaje principal (estupendo José Coronado) en economista del Banco de España y hace que su engaño se tambalee al enamorarse de una joven, enamoramiento que será lo único verdadero en su vida en muchos años.

Un impostor mucho más simpático que Romand fue Frank W. Abagnale Jr. Todavía no había acabado el instituto y ya se hacía pasar por piloto en una compañía aérea. Luego se convirtió en médico, abogado y profesor de universidad, mientras cobraba millones de dólares falsificando cheques. Abagnale no era un mitómano ni un enfermo, sino un caradura, un sinvergüenza que se tomaba la impostura como un juego y se divertía fingiendo.

Abagnale publicó su autobiografía, Atrápame si puedes, en 1980, y con ella Spielberg nos hizo una película en 2002, con Leonardo Di Caprio y Tom Hanks.

Y acabamos este repertorio de imposturas con una novela de Santiago Gamboa que se titula precisamente Los impostores. Varias personas que desean ser lo que no son, viven una peripecia detectivesca en China. Es la historia de un gran malentendido, con intriga, humor e ironía. Mirad lo que dice Gamboa sobre el asunto que nos ocupa: No creo que la impostura sea mala. Es parte del ser humano, todos vivimos dando imágenes de nosotros mismos que no se corresponden con la realidad. Cuando hablamos de nosotros mismos, todos somos buenos, tolerantes, justos...


Todo nace de la insatisfacción que nos provoca nuestra vida real frente a lo que quisiéramos que fuera nuestra existencia. En el principio siempre estuvo el fracaso. Hasta Don Quijote fue un gran impostor que quiso construir otro mundo y transformarse a sí mismo.

Truman Capote lo expresa triste y claramente: ... tragedia: el destino que aguarda a todos aquellos que rechazamos nuestra propia naturaleza e insistimos en ser algo distinto de lo que somos.



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domingo 21 de octubre de 2007

Impostura (II)

Contábamos ayer la edificante historia de Jean-Claude Romand y decíamos que había inspirado una estupenda novela, El adversario, a Emmanuel Carrère.

Carrère, intrigado y apasionado por la peripecia vital de Romand, enseguida quiso escribir un libro, pero no sólo para relatar los hechos, ya de por sí suficientemente novelescos, sino que también pretendió comprender al protagonista, descubrir en qué pensaba cuando se paseaba solo por el bosque mientras todo el mundo creía que estaba trabajando; acercarse, a fin de cuentas, a lo inexplicable.

Carrère siguió puntualmente el juicio contra Romand, intercambió correspondencia con él, se entrevistaron tres veces en el locutorio de la prisión y escribió, en fin, con un estilo a veces neutro y a veces frío y toques de humor negro, esta novela fascinante que se lee en una o dos sentadas y sigue el método que ya utilizó Truman Capote en A sangre fría.

La impresión que nos deja es que Romand no llevaba una doble vida, sino que tenía, por un lado, su vida falsa, imaginaria, y, por otro, la nada, el vacío, de manera que, en realidad, no tenía vida, o su vida era un sinvivir.

La novela es también una reflexión sobre lo que somos, lo que podemos ser, lo que queremos ser y lo que queremos ignorar de nosotros mismos.


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miércoles 17 de octubre de 2007

Impostura (I)

El caso de Alicia Esteve, del que nos hablaba hace poco Javier Vizcaíno, me ha hecho recordar, cómo no, el de Jean-Claude Romand (en la foto) y me ha hecho también pensar cuán fascinantes son los impostores, incluso cuando te tocan de cerca (en mi aburrida vida he conocido a dos o tres) y te tocan también las narices.

No es el caso de Romand, claro, porque, gracias al cielo, sólo me toca en lo legendario. Antes de resumiros la historia de este hombre, os cuento qué he leído por ahí sobre la mitomanía, que parece estar en el origen de muchos casos de impostura. La mitomanía es una patología mental. Las personas mitómanas no son mentirosas: un mentiroso sabe que miente, quiere engañar a alguien, actúa con plena consciencia y no confunde sus invenciones con la realidad. Los mitómanos, en cambio, se creen lo que cuentan; no mienten para engañar, sino para convencerse a sí mismos. Quieren que se les reconozca por lo que no son. La mitomanía tiene que ver con el narcisismo y con los delirios de grandeza.

Vamos ahora con Romand. Os resumo su historia. Si queréis más detalles, echad un vistazo a http://jc.romand.free.fr/. Romand fue un niño francesito modelo y un adolescente solitario. Sus acomodados papás lo enviaron a estudiar medicina a Lyon. Romand dejó los estudios en segundo de carrera, pero se las arregló para hacer creer a todo el mundo (padres, esposa, allegados, amigos...) que había obtenido su licenciatura y un brillante puesto de trabajo en la Organización Mundial de la Salud, en Ginebra.

Romand vivó, pues, casi veinte años en una ficción de respetado burgués con vivienda unifamiliar, cochazo y colegio privado para los niños, sin tener siquiera un puesto de trabajo. ¿De dónde sacaba la pasta? Pues seguía retirando cantidades de la cuenta bancaria de sus papás, vendió el apartamento que le habían comprado en Lyon y se guardó el dinero, también vendió un medicamento fraudulento contra el cáncer y, valiéndose de su posición de alto funcionario, había convencido a su entorno (suegros incluidos) para que le confiaran sumas de dinero que él "colocaba" en bancos suizos.

Un día su suegro le dijo que quería retirar una parte de ese capital. Semanas después, el anciano se encontraba solo en su vivienda con Jean-Claude, se cayó por las escaleras y murió. Nunca se pudo probar que Jean-Claude tuviera algo que ver con esto. La suegra vendió la casa y confió otra vez el pastón al yerno perfecto.

Pasaba el tiempo, Jean-Claude tenía que inventar mentiras cada vez más grotescas y gastaba cada vez más francos. Para colmo, se echó una amante en París. Su esposa empezó a sospechar.

El 9 de enero de 1993 Jean-Claude se dijo eso de año nuevo, vida nueva, por la mañana temprano se cargó a su mujer, a sus dos hijos y al perro, y se fue a comer a casa de los papás. Tras la sobremesa, les metió una bala de rifle a cada uno. Volvió a casa y la incendió con él dentro, después de haber tragado barbitúricos. Lo rescataron los bomberos.

En 1996 lo condenaron a cadena perpetua. Deberá permanecer, pues, al menos veintidós años en la prisión de Châteauroux.

Con todo esto, Emmanuel Carrère escribió una valiosa novela. Pero de eso hablaremos en el próximo capítulo. Continuará.

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viernes 12 de octubre de 2007

Vantage Point

Me entero por Unantonio de que esta peli ist coming soon.

Os cuento: resulta que el presidente de los EEUU va a Salamanca (sí, sí, a Salamanca, Spain), en plena Plaza Mayor le pegan un tiro (¿dando ideas?) y no veas la que se monta por semejante bobada.

Están en el ajo mi adorada Sigourney Weaver, Dennis Quaid, al que también tengo aprecio, Forest Whitaker, William Hurt, Matthew Fox el de Perdidos, y Eduardo Noriega, que pone el toque racial-sureño-subdesarrollao, y no lo digo por él, válgame el cielo.

El director es Pete Travis, que no tiene un currículum muy allá.

Echad un vistazo al official site. Dará que hablar, seguro. Yo iré a verla porque me hace gracia la visión que tienen los yanquis de sus colonias de ultramar.

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viernes 21 de septiembre de 2007

La jungla 4.0. Bruce Willis está mayor o la que puede armar un funcionario resentido

Brus Wilis tiene problemas con la generación siguiente: su hija Luci no le habla (no me extraña, porque se pone con ella en plan machito protector y no le deja tener novios) y no acaba de encajar con los nuevos tiempos de ordenadores y tal.

Resulta que le encargan llevar a no sé qué sitio importante del gobierno a un chaval jáquer que es un genio de la informática y los cacharritos y vive en un piso cutre en plan hikikomori. Entonces llega a casa del chaval y coincide que unos malos van a matarlo, al chaval, y Brus Wilis lo protege y se monta un tiroteo de tres pares de narices y una explosión y al final queda el piso destrozao.

Entonces llegan a lo del gobierno y el que manda es un señor guapo con pinta de árabe, porque en esta peli es al revés: el bueno es como árabe y el malo malísimo es una monada que parece que acaba de desfilar para Givenchy. Y de los otros malos, los que matan a las órdenes del malísimo superior que manda, uno es gabacho que habla en franchute con subtítulos y otro es italianini, pero a éste no le subtitulan porque se creen que le entendemos. O sea, que los malos somos ahora de la maldita unión europea.

El malo que manda era funcionario del gobierno americano. Después de lo de las torres gemelas, les había dicho a los del gobierno que tenían un sistema de ordenadores que era una mierda y que cualquier terrorista torpe se lo podía cargar, pero no le hicieron caso, lo echaron a la calle y el tío se rebotó y se volvió malo y dijo: "Ahora vais a ver, que voy a hacer yo de terrorista". Y arma una gorda. Pero Brus Wilis no le tiene miedo y le llama capullo, payaso y gilipollas.

Que no se me olvide la chinita mala, que es la novia del que manda guapo. Ella también es muy guapa, muy mala y muy lista. Como es china, sabe artes marciales y le da una somanta de palos al Brus Wilis, patadas y de todo. Pero Brus Wilis tampoco le tiene miedo y la llama puta como doce veces.

Bueno, pasan más cosas, pero no lo voy a decir todo, que sería el cuento de nunca acabar. Voy a proponer, para ir terminando, que los calvos del mundo reconozcan lo que Brus Wilis ha hecho por ellos al poner de moda el pelo rapao y hacer que parezcan atractivos. Probablemente será su mayor aportación al progreso de la humanidad.

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miércoles 19 de septiembre de 2007

Harkaitz Cano y Wong Kar-Wai

El masoquista estilístico se apasiona, se arrebata o se entusiasma a menudo. Ve una película, pongamos, por ejemplo, In the mood for love, y sale del cine diciendo: "Ésta es la mejor película de la historia del cine. Y Maggie Cheung es la mejor actriz de la historia del cine. Y Wong Kar-Wai será desde hoy mi director de cine favorito de entre todos mis favoritos de la historia del cine."

Y el masoquista estilístico se toma unos cuantos vinos en el casco histórico de su ciudad, mientras recita en voz alta un panegírico en favor de Wong Kar-Wai y, contando la película a quien le quiere oír y a quien no le quiere oír, goza tanto o más que viéndola. Incluso, sin darse cuenta, reinterpreta, recrea e inventa pasajes y secuencias que no están en el filme. Se muestra dispuesto a defender la película y las tesis de Wong Kar-Wai en un combate de boxeo en la Academia de la Lengua Mandarina de China, a hacerse el hara-kiri y a convertirse en kamikaze, siempre en favor de In the mood for love, siempre.

Se va a casa y todavía lo acompaña el embrujo de la película, y en Internet se entera de que el director la quería rodar en Pekín, pero, como no se lo permitieron, tuvo que trasladarse a Hong Kong. Y el masoquista estilístico piensa "¡Qué injusticia!" y, si en ese mismo instante no se hubiera quedado dormido, a consecuencia de todos los vinos que ha tomado, habría empezado a tramar un complot para derrocar al gobierno de China.


Bilbao, Fórum Bilbo Zaharra, 18 de noviembre de 2004
La traducción es mía.
¿Hay alguien que no se identifique, aunque sea un poco, con el masoquista estilístico?


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jueves 13 de septiembre de 2007

Death Proof


Fui a ver Death Proof, de Tarantino, en estado "virgen", es decir, sin haber leído ni oído casi nada sobre ella, pero con la intención de poner luego aquí unas letras. Según la veía, pasé por diferentes estados de ánimo, no todos positivos, y cuando acabó, solté varias exclamaciones aprendidas de mi abuela: "¡Madre del Divino Verbo!", "¡Alabado sea Cristo!" y "Ene Jainkoa!", que viene a significar oh my God, oh my God, oh my God!

Después de exclamar, pensé: ¿qué escribo yo ahora de esto? Y puse la cabeza en otras cosas. Me fui a la cama, dormí, me levanté y leí varias cosillas sobre la peli en Internet. Ahora ya puedo decir que me he reconciliado con ella y soy capaz de diseccionarla. La película consta de:

1.- Una escena inicial laaaarga. Las chicas, bellísimas, conducen por la avenida Congress de Austin, Texas, y charlan. Los típicos diálogos tarantinianos, que siempre han sido intensos y desternillantes, no están aquí a la altura. ¿Por qué? Se me ocurren dos razones: una, que a Tarantino no le quedan tan bien las charlas de chicas como las de chicos; dos, que no han dado con el punto de naturalidad de los tacos y expresiones malsonantes, tremenda asignatura pendiente de la traducción cinematográfica del inglés americano al español.

2.- Las chicas visitan un par de bares y siguen charlando. El terrorífico Kurt Russell las sigue de cerca. De las paredes del bar Güeros cuelgan carteles de películas españolas. O flipo o veo en uno a Lola Flores. Anyway, Vanessa Ferlito, esa chica que antes era CSI en Nueva York y tiene sexy hasta en las fosas nasales, se marca un lap dance y supera a Salma Hayek en Abierto hasta el amanecer.

3.- Las chicas salen del bar y Russell va por ellas. Ahora viene la escena cumbre. No os hablo de ella por dos razones: porque me tapé los ojos aterrorizada y porque no la quiero destripar. Digamos sólo que la escenita de marras merece la pena.

4.- Delirio tarantiniano: dos sheriffs paletos conversan. Sin comentarios.

5.- Catorce meses después, otras chicas, otro coche, otro bar y el mismo cabronazo que las acecha. Se va el color de la cinta, vuelve, no pasa nada. Las chicas charlan un poco más eficazmente que las anteriores.

6.- Russell se las hace pasar canutas, pero ¡oh sorpresa! Estas chicas deciden hacérselo pagar. ¡A por él! Veinte minutos de persecución de coches.

7.- Escena final. La violencia es tan exagerada, que acaba convertida en tebeo, en parodia. Termina la peli y la gente aplaude. No sólo en mi cine; me consta que lo han hecho en más.

De Death Proof se pueden decir muchas otras cosas, claro: está plagada de guiños, citas y homenajes de Tarantino a sí mismo, a las viejas series de televisión ("El gran chaparral", "El Virginiano"), al slasher, al cutrecine y a la subcultura en general.

Y que no se me olvide: la banda sonora es impecable.


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domingo 15 de julio de 2007

Spike Lee en Vitoria

Va a ser una auténtica gozada. Este próximo jueves, 19 de julio, el mismísimo Spike Lee (¿tras los pasos de Woody Allen?) será el maestro de ceremonias en el concierto titulado "La música de Spike Lee", con motivo del Festival de Jazz de Vitoria. Cómo no, estará con él, a la trompeta, Terence Blanchard, su compositor e intérprete de confianza, que por algo han trabajado juntos en doce películas.

El jueves, en Mendizorroza, sólo interpretarán la música de seis: Plan Oculto, Malcolm X, Fiebre salvaje, Clokers, La última noche y, of course, Mo' Better Blues. Que no se queje nadie, que al mismo tiempo proyectarán fragmentos de las pelis.

No hace falta recordároslo, pero lo haré de todos modos: la música es uno de los muchos atractivos de los filmes de Lee, que nos ha regalado los oídos también con Public Enemy y Stevie Wonder y con el buen hacer de su papá, Bill Lee, contrabajista de jazz.

Para que vayamos abriendo boca mientras esperamos babeando a que el documental de Lee sobre Nueva Orleans y el Katrina se nos estampe en las pantallas.

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lunes 7 de mayo de 2007

Malos que molan

Ya lo decía Hitchcock (¿lo he escrito bien?): los malos no pueden ser malos durante todo el metraje; hay que adornarlos con rasgos humanos para que resulten interesantes. Si el malo funciona, la historia funciona. El éxito de las historias reside en los malos y en las malas.

Sin dejar a Hitchcock (sí, lo he escrito bien), un ejemplo estupendo de buen malo es Alexander Sebastian en Encadenados. El gran Claude Rains hizo un nazi malo, tan malo como deben ser los nazis en las pelis americanas, y al mismo tiempo derretidito de amor por Ingrid Bergman, hijo solícito de su venerada madre y muertecito de miedo por lo que pudieran hacer de él sus amigos de la cuadrilla nazi, al enterarse de que se había casado con una espía.

Eso es un malo conmovedor, de los que llegan. Por citar otros, hablaré de Hannibal Lecter, el gastrónomo, melómano y amante de la pintura italiana, la mejor creación de Thomas Harris. Y tengo otro ejemplo más reciente: Idi Amín Dadá, el que vimos en el filme El último rey de Escocia, de la novela de Giles Foden. Idi Amín es un personaje literario donde los haya, un tipo que nació en la miseria y llegó a presidir ejércitos y todo un país, por obra y gracia de sus aliados británicos. El hombre se cargó a centenares de miles de opositores a su régimen y a otros tantos inocentes que pasaban por allí; los pasó a cuchillo, los ametralló, los colgó por la piel... También era un buen amante de sus esposas y cariñoso padre de sus hijitos, le encantaba el fútbol y las faldas escocesas y tenía un gran sentido del humor. Era un tipo afable y un anfitrión perfecto.

[Perdonad el siguiente comentario tontorrón que no puedo evitar: me chifla el ojo semicerrado de Forest Whitaker.]

En la peli (la novela no la he leído) lo mismo que pasa con Idi Amín, pasa con Uganda, con África. En África hay hambre, enfermedades, tragedias, matanzas. Y niñas y niños que ríen y juegan en las calles, mujeres que visten de alegres colores, gentes que bailan y cantan en toda ocasión, hermosísimos lagos, playas, bosques. Así es la vida de complicada.

No puedo dejar de hablar de mis dos malas favoritas. La number one es Judith Anderson, la inmensa, la irrepetible señora Danvers, devenida icono sexual de la carnicería-bollería global. Y last but not least, Bette Davis, mala redimida en Jezabel, mala redomada en La loba. ¡Qué puedo decir yo de ella, si llevo años copiándole el flequillo!

A Lily Danvers ya le tengo hecho mi pequeño homenaje. En homenaje a Davis, me despediré a su manera: os quiero mucho, estaría escribiéndoos horas y horas, pero tengo que ir a lavarme el pelo.

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viernes 20 de abril de 2007

Los Who tocan en Barakaldo

Nunca creí que escribiría una frase así y que fuera cierta.

Yo pasé mi infancia en Barakaldo, acompañada, entre otros, de The Who, de Roger Daltrey y de Keith Moon.
Luego nos separamos: yo me fui a vivir a otro sitio, Roger Daltrey marchó a rodar Tommy y Keith Moon se mudó al paraíso de los baterías locos.
Desde entonces ha pasado mucha agua bajo los puentes del Galindo y el Cadagua, que son los ríos que separan Barakaldo de Sestao y de Bilbao. Y décadas después, ahora, tenemos una cita otra vez en Barakaldo.

Yo no voy a poder ir: tengo otro compromiso. Se confirma que Keith Moon tampoco va: tiene que seguir en el más allá destrozando escenarios. Así que allí aparecerá Roger Daltrey solito.

Vas a ver, Roger, qué cambiado está todo.

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