jueves, 13 de marzo de 2008

El extraño envejecer de Montalbano

No tiene confines esta selva enferma que huele a muerte. Y cuanto más te adentras en ella, más te espera al acecho el horror que no quisieras ver ni sentir.

Montalbano se hace mayor. Unas cuantas entregas atrás leí que tenía cuarenta y cuatro tacos, así que calculo que debe de andar por los cincuenta, que no es edad, en mi humilde opinión, para pensar en la muerte todas las mañanas cuando uno se despierta. Otra historia es la de su papá, Camilleri, cumplirá en septiembre ochenta y tres.

A estas edades Camilleri ha liberado ya a Montalbano de muchas esclavitudes y se dedica a estropearlo con mimos. Así, de regalo, en La luna de papel apenas aparecen sus mujeres (Livia, en una breve conversación telefónica; Ingrid le envía desde Suecia una carta y un salmón; Adelina está missing) y Montalbano se deja arrebatar por otras dos señoras muy diferentes y enemigas entre sí. !Ay, la eterna y estúpida insolidaridad femenina! ¡Cómo disfrutan algunos hombres con ella!

El arrebato que le provocan estas dos mujeres pone a Montalbano efervescente, soñador, chispeante, adolescente casi; hace cosas extrañas e inmaduras como escribirse cartas a sí mismo y, de tal manera, de agradable sobresalto a inesperada efusión, construye Camilleri una novela ligera que habla, sin embargo, de cosas terribles; entre otras, el inacabable tráfico de drogas y el goteo incesante de muertes por sobredosis, que aquí (ya era hora) no sólo tumba a yonquis arrastraos, sino también a todo un señor senador. Y muy conectados a esto, los turbios tejemanejes de la industria farmacéutica.

La traducción de María Antonia Menini Pagès resulta chisporroteante y muy acertada y vuelven a brillar con luz propia los deliciosos secundarios de siempre: el inefable Catarè, el cabroncete del doctor Pasquano y el empalagoso superior Lattes, el que siempre pregunta por los hijos inexistentes de Montalbano.

Para acabar, he descubierto que tengo otra cosa en común con mi querido Salvo: a los dos nos gusta una bella passeggiata digestivo-reflexiva tras comer bien. ¿Será que Salvo es un poco vasco o que yo también envejezco extrañamente?

PS. No os perdáis lo que escribieron sobre la novela Lucía y Peke.


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11 comentarios:

Helua dijo...

Sabes? me encanta el personaje de Montalbano y no me importa nada, q se vaya haciendo mayor, pq creo q envejece "bien", cosa q no se puede decir de todo el mundo. Ojalá los q me conocen, digan de má lo mismo.
Un besito Noemí.

goroka dijo...

Desconozco estos personajes pero parecen bastante irónicos,investigaré!!

ALBERTO LÓPEZ dijo...

A Montalbano le van obsesionando cada vez más lo años, "esas unidades de medida que advierten pero no perdonan"

Julen dijo...

Pues yo soy incapaz de modificar mi imagen de Montalbano. Le he dejado estancado en la típica edad de señor mayor, constante para poder ser policía, con algún que otro kilo de más. Lo siento, no puedo añadirle años.

39escalones dijo...

Jo, aún no la he leído. De Montalbano pervierte mucho la serie televisiva de la RAI. Acostumbrado a las descripciones de Camilleri te encuentras con Luca Zingaretti, y no es lo mismo...

Lucía dijo...

Otro que cualquier día se nos jubila. Es que siempre se van los mejores... no hay derecho.

Besos.

malvisto dijo...

Noe: descubro que cada vez te vuelves insuperable en cuanto a las reseñas; a un abrecocas. Este me ha dejado con muchísimos antojos.
P.d ¿Y no has pensando en una novela?: a mí me gusta escribir; pero soy poco ducho con las tramas. A menos de que en la novela negra exista esacio para la experimentación con el lenguaje.

besos,

perem1 dijo...

No se nada del Sr. Montalbano. Aboslutamente nada.... pero creo todos tenemos "Un extraño envejecer..." me ha parecido leer algo de "cuanrenta y no se que.."....... uhhh que peligro!!! con razón tengo esa sensación de envejecer....

Un saludo.

Noemí Pastor dijo...

Helua, envejecer bien es una de las máximas aspiraciones humanas. Bueno, envejecer a secas ya es bastante. No todo el mundo lo consigue.
Goroka, te envidio, tienes muchas novelas para disfrutar.
Alberto, es cierto, lleva ya unas cuantas entregas un pelín obsesionadito. Pero alegre, el tío.
Julen, a mí también me cuesta hacerle evolucionar. No lo hago y ya está. Los personajes de ficción se lo pueden permitir.
Escalones, fíjate que a mí el Zingaretti me parece apropiado. Lo pésimo de esa serie es el doblaje. ¡Qué dolor de oídos!
Malvi, en la novela negra hay espacio para TODO. Hace mucho que el género rebasó sus propios límites. Y si no, siempre puedes ser tú el primero en experimentar.
Lucía, no quiero pensar que puede haber un futuro sin Montalbano. ¡Qué triste!
Perem, te digo lo mismo que a Goroka: tienes mucho con lo que disfrutar. Ya sé que no es tu estilo, pero en esta novela la trama tiene algo que ver con la canción melódica-pop italiana.
En fin, como dice Julio Iglesias,
I love you all.

peke dijo...

Sí, me llamó mucho la atención que un hombre tan... "así" como Montalbano manifieste tanto miedo a envejecer. La opción contraría no molaría nada de nada.

Noemí Pastor dijo...

Hola, Peke. El miedo de Montalbano es como subterráneo, subconsciente, inquietante...