Pido mil perdones por el retraso, pero, aunque tarde, no quiero dejar de agradecer a Planeta su regalo de Sant Jordi, Día del Libro.
[Nota mental. Un año de estos tengo que dejarme caer ese día por Barcelona. Me han entrado más ganas después de charlar el viernes con Gonzalo Garrido.]
Como decía, el martes 23 recibí puntualmente un ejemplar de Ojos de hielo, de Carolina Solé.
A pesar de que lleva ya unos días en mi casa, solo he podido hojearlo un poquito y leer la contraportada.
De ese acercamiento superficial y de sus casi 700 páginas deduzco que el asesinato del terrateniente Bernat en un pueblecito de la Cerdanya me va a traer gratos recuerdos de los crímenes rurales de Claude Chabrol y Ruth Rendell (tampoco he podido evitar acordarme del crimen de Fago) y que me apetece mucho guardarme el novelón para la playa.
Pero, ¡um!, no sé si aguantaré hasta entonces.
domingo, 28 de abril de 2013
viernes, 5 de abril de 2013
La vida es un largo río tranquilo

La vie est un long fleuve tranquille, 1998
Dirección: Étienne Chatiliez
Guion: Étienne Chatiliez y Florence Quentin
En una ciudad del norte de Francia coexisten dos familias que no tienen ninguna relación entre ellas.
Por
un lado está la familia pobre, los Groseille: madre, padre y seis hijos
viven de las ayudas públicas y de delitos menores en un piso social.
Y, por otro, la familia rica, los Quesnoy: la madre frecuenta la parroquia, el padre dirige una empresa pública y los cinco niños estudian en un colegio privado.
Los Groseille y los Quesnoy nunca se habrían conocido si el doctor Mavial se hubiera portado de otra manera con su enfermera y amante Josette. Un día de Navidad el doctor le comunica a Josette que no va a pasar las fiestas con ella, sino con su esposa legítima, y la enfermera, a modo de venganza rabiosa, cambia a dos recién nacidos de sus cunas de la maternidad. Así Maurice Quesnoy pasa a ser Momo Groseille y Bernardette Groseille se convierte en Bernardette Quesnoy.
Doce años después fallece la santa esposa del doctor Mavial, pero el
viudo se niega a casarse con su amante enfermera. Entonces Josette
sufre otro ataque de rabia y escribe una carta a las dos familias para
revelarles el intercambio de bebés.
Los pudientes Quesnoy deciden adoptar a Momo y mantener en su familia a Bernardette sin decirle nada sobre su verdadero origen para evitarle disgustos. Pero las cosas nunca salen como se planean.
Los pudientes Quesnoy deciden adoptar a Momo y mantener en su familia a Bernardette sin decirle nada sobre su verdadero origen para evitarle disgustos. Pero las cosas nunca salen como se planean.
¿Quieres leer más sobre esta peli? ¿Te apetece verla en VO? Pues pásate por Zinéfilaz.
jueves, 28 de marzo de 2013
Anhedonia
Así es el ser humano, así soy yo: en invierno añoro el calor y en verano, el frío. Cuando estoy en la ciudad, me apetece el verde del campo y, una vez entre flores, echo de menos una buena película en versión original. Como si me repugnara ser completamente feliz.
Alicia Giménez Bartlett
Nadie quiere saber
Destino 2013
Alicia Giménez Bartlett
Nadie quiere saber
Destino 2013
“It's not that Allen is unable to enjoy himself (though he did want to title "Annie Hall" "Anhedonia," which means the inability to experience pleasure); it's that he's convinced the moments don't add up to redemption.”
Newsweek: Take the Bananas and Run
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cine,
literatura,
mitomanía,
novela negra
viernes, 15 de marzo de 2013
La danza de la gaviota
Andrea Camilleri:
La danza del gabbiano, 2009
La danza de la gaviota, 2012
Traducción de Teresa Clavel Lledó
Salvo Montalbano, protagonista de más de veinte entregas de la serie, es ya un héroe crepuscular. Su autor, el insigne Andrea Camilleri, se inmiscuye en la ficción, la ficción salta a la realidad y el crimen se globaliza.
Si te apetece, léelo todo en Calibre 38. Allá nos vemos.
martes, 12 de marzo de 2013
Más de Kramer y Zondi
- ¿Cuál es?
- Dime: cuando Dios hizo a los cafres, ¿les dio alma?
- ¿Quiere decir como al hombre blanco?
- Por supuesto.
- Dios nunca haría algo tan horrible, teniente.
- Excelente -dijo Kramer-.
James McClure: La canción del perro (The song dog, 1991)
Reino de Cordelia, 2012
La traducción es de Susana Carral.
Otras entradas en Boquitas Pintadas sobre La canción del perro:
sábado, 9 de marzo de 2013
El teniente Kramer y el sargento Zondi
Cuando se acercaron, vieron dos ambulancias.
- Pero ¿qué pasa aquí?
- El helicóptero del ejército ha aterrizado junto a un terraplén en el momento en que los negros estaban en pleno lío: las balas y las lanzas silbaban sin parar y unos cuantos cafres daban la lata con las escopetas, bailando encima de unas rocas. Los shabala llevaban quince muertos y los sithole catorce, aunque intentaban empatar. Los cuervos, encantados, claro. Las mujeres hacían el ruido ese que hacen y que viene a decir "No tenéis pelotas", para picarlos. Pues eso, lo de siempre, que no suele dar problemas. Pero los del helicóptero no se dieron cuenta de que estaba tan cerca del terraplén y, cuando los tres primeros soldados saltaron a tierra, para ponerse a cubierto fueron directos hacia el terraplén y ¡zas, zas, zas!, los rotores los pillaron y los decapitaron. Entonces el helicóptero se inclinó un poco y los rotores dieron contra el suelo. El aparato entero dio una voltereta y se cayó por el precipicio.¡Bum! Una bola de fuego y todos los negros salieron por patas. El segundo helicóptero se ha ido a buscar a los demás muertos, antes de que los negros se apoderen de los restos para hacer sus medicinas tradicionales. ¿Le apetece un chicle, jefe?
James McClure: La canción del perro (The song dog, 1991)
Reino de Cordelia, 2012
La traducción es de Susana Carral.
La adaptación, mía.
Otras entradas en Boquitas Pintadas sobre La canción del perro:
La canción del perro
Un feliz reencuentro
- Pero ¿qué pasa aquí?
- El helicóptero del ejército ha aterrizado junto a un terraplén en el momento en que los negros estaban en pleno lío: las balas y las lanzas silbaban sin parar y unos cuantos cafres daban la lata con las escopetas, bailando encima de unas rocas. Los shabala llevaban quince muertos y los sithole catorce, aunque intentaban empatar. Los cuervos, encantados, claro. Las mujeres hacían el ruido ese que hacen y que viene a decir "No tenéis pelotas", para picarlos. Pues eso, lo de siempre, que no suele dar problemas. Pero los del helicóptero no se dieron cuenta de que estaba tan cerca del terraplén y, cuando los tres primeros soldados saltaron a tierra, para ponerse a cubierto fueron directos hacia el terraplén y ¡zas, zas, zas!, los rotores los pillaron y los decapitaron. Entonces el helicóptero se inclinó un poco y los rotores dieron contra el suelo. El aparato entero dio una voltereta y se cayó por el precipicio.¡Bum! Una bola de fuego y todos los negros salieron por patas. El segundo helicóptero se ha ido a buscar a los demás muertos, antes de que los negros se apoderen de los restos para hacer sus medicinas tradicionales. ¿Le apetece un chicle, jefe?
James McClure: La canción del perro (The song dog, 1991)
Reino de Cordelia, 2012
La traducción es de Susana Carral.
La adaptación, mía.
Otras entradas en Boquitas Pintadas sobre La canción del perro:
La canción del perro
Un feliz reencuentro
miércoles, 6 de marzo de 2013
Un feliz reencuentro
En mayo del año pasado, como ya os conté, las buenas gentes de Reino de Cordelia me hicieron llegar un ejemplar de La canción del perro, de James McClure y servidora de ustedes, que acumula más libros de los que puede asumir, no ha empezado a leerlo hasta hace bien poco.No será esta la única entrega que dedique a la novela, así que comencemos por su colorido estilo figurado, plástico, burlón, directo, eficaz. Voy a dejarme de adjetivos y a poner ejemplos.
... un ombligo saliente como el nudo que cierra un globo rosa.
(...)
... fugaz como los malos pensamientos de una monja.
(...)
... una calva como la de la alfombra del recibidor de una pensión barata.
(...)
Frunció el ceño como intentando concentrarse en un concepto revolucionario.
(...)
Está tan agotado que camina como un hipopótamo con hernia.
(...)
Provocó un sonido como una salida nula en un campeonato de natación para discapacitados borrachos.
(...)
Tenía delante un asnal surtido de urbanitas con pantalones cortos, rodillas rojas, chanclas y guirnaldas de cámaras con teleobjetivos, como si cada uno tuviese una erección múltiple.
Tengo más, pero igual lo dejo para otro día.
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