viernes, 11 de septiembre de 2009

Vidas que no son la mía (2). Catástrofe, enfermedad y muerte



Leed aquí la entrega número 1.

Vaya título más alegre. A ver si lo aligeramos un poco.

Ha publicado la crítica francesa que uno de los asuntos principales de D'autres vies es la catástrofe; concretamente, la irrupción de la catástrofe en nuestras vidas, que puede venir de fuera (como el tsunami, la enfermedad o el sobreendeudamiento) o del interior de una misma, en forma de tormento neurótico que Carrère dibuja con la imagen de un lagarto que le devora las entrañas.

La novela habla el tsunami y del sobreendeudamiento, pero es más que nada una larga reflexión sobre la enfermedad. Y sobre una de sus consecuencias: la muerte.

Dos de los protagonistas sufrieron un cáncer con dieciséis y diecisiete años, cuando más profundas son las huellas que deja, quizás. Carrère charla largamente con uno de ellos, Étienne, con tiempo suficiente para exprimir todos sus sentimientos sobre la enfermedad y lo que gira a su alrededor.

Étienne odia a la gente que dice que el cáncer "viene de la cabeza, o del estrés, o de un conflicto psíquico sin resolver"; y lo que suele seguir a tal reflexión garrafonera: "Tú te has curado porque has luchado, porque has sido valiente". Étienne, que sabe de esto, dice que es una pobre mentira y tiene razón: todos conocemos a gente que ha luchado, que ha sido valiente, y ha muerto.

Una de las partes más impactantes de la novela es la que dedica a las personas que se inventan sus propias enfermedades, que dicen sufrir cosas terribles, la mayoría de las veces cáncer. Lo hacen "por poner un nombre confesable a la cosa innombrable que los habita", porque el peor sufrimiento es el que no se puede compartir porque nadie lo entiende.

Cuando Carrère se pone a escribir de algo como la muerte, se impone una regla de oro de otra de sus profesiones, la de guionista, que dice que no hay que tener miedo a la exageración ni al melodrama. Carrère no peca de la una ni de lo otro, a pesar de que se deja impresionar y enternecer por las vidas sencillas y sin tormento de gentes a las que la suerte, sin embargo, no ha tratado bien. Son vidas convencionales, en escenarios "ideales", con familias felices y sonrientes. Cuando entra como espectador en ellas, Carrère tiene la impresión de que al guionista se le ha ido un poco la mano, pero son ciertas, son verdad, sólo que en ellas penetra la tragedia como en todas. Y sabe que hay vidas aparentemente exitosas que encierran infiernos.

El tono que emplea para hablar de todo esto es descarnado e incisivo, pero no lúgubre: hay algo de luz y de resiliencia. Guarda Carrère todo el rato un equilibrio difícil, sobre la cuerda floja: un paso en falso a izquierda o derecha y ¡catacroc!, caída en lo patético, lo grotesco o lo ridículo.

Viene a decirnos que sólo se adquiere la verdadera lucidez cuando se mira a los ojos a la muerte. Mientras le esquivemos la mirada, no habremos aprendido nada. Y en esto coincide con algo que decía hace poco Javier Sádaba en una entrevista sobre su libro La vida buena. Cómo conquistar la felicidad. Decía que no hay que esquivar a la muerte, sino integrarla en nuestra vida, aceptarla como el inevitable final.


En la foto, Muerte y fuego, de Paul Klee.


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7 comentarios:

El jukebox dijo...

'"Tú te has curado porque has luchado, porque has sido valiente". Étienne, que sabe de esto, dice que es una pobre mentira y tiene razón: todos conocemos a gente que ha luchado, que ha sido valiente, y ha muerto'.

Y lo que en consecuencia se desprende de esa reflexión majadera: que el que fallece es porque no se está esforzando y luchando lo suficiente.

Saludos

calamarin dijo...

Siempre he pensado que esta sociedad se equivoca en su constante delirio por no querer mirar a la muerte como algo que forma parte de la vida... Siempre se dice "mejor de ese tema no hablamos", "uy no digas eso ni en broma"... Cuando somos increiblemente frágiles y estamos expuestos constantemente a ella.

molano dijo...

Todo lo que cuentas de la(s) novela(s) de Carrere me afecta muy de cerca en estos momentos. Por eso he leido con gran interés estas dos magníficas entradas. Haciéndo un esfuerzo puedo leer en francés pero preferiría una buena traducción. ¿La hay?
Un abrazo

HLO dijo...

Pues Sádaba tendrá sangre de horchata fresca en vena....
Porque la muerte es la catástrofe individual y no hay resignación posible. Lee a Canetti y verás cómo se resistió, cual garo panza arriba, hasta los ochenta y nueve de su edad. Y como se murió mientras dormía, pudo creer en su propia inmortalidad: nunca supo que se moría.

Noemí Pastor dijo...

JUKEBOX, de acuerdo: además de muerto, cobarde.

CALAMARIN, también de acuerdo. Además, tener en cuenta a la muerte tiene su lado bueno: relativiza mucho bastantes bobadas de esta vida.

MOLANO, tienes todo traducido, y supongo que bien, excepto esta última novela. De momento.

HLO, sí hay gente que se resigna a morir e incluso lo desea. Y luchar contra la muerte es una forma de reconocerla, de no obviarla.

Besos de sábado morning.

Julen dijo...

Pues a lo mejor lo de integrar la muerte en la vida llega con la edad, ¿no? Al menos parece más fácil de comprender. ¿O es incomprensible del todo?

Noemí Pastor dijo...

Sí, Julen, puede que llegue con la edad porque nos esforzamos por mantener a los niños lejos de la muerte, lo cual es un error.
Besos mañaneros.