miércoles, 22 de septiembre de 2010

Cosas que tengo en común con Wolfe

Lee, si te apetece, lo que escribí sobre Oigo girar los motores de la muerte. Y también de quién me ha hecho acordarme Wolfe.

1) Los megacentros comerciales ("macroinfiernos del consumo" los llama Wolfe) nos producen malestar físico.

Me pierdo últimamente por centros comerciales. Ya no son simples hipermercados, sino conglomerados de hipermercados y franquicias. Es espantoso, lo sé. Y me pongo literalmente enfermo. Yo creo que hasta me dan bajones de tensión.

A mí me sucede algo parecido. Me producen mareos, me nublan la vista, por no hablar del disgusto estético. No sé si tendrá algo que ver con la agorafobia.


3) El gusto por la lengua

Como lingüista vocacional que soy, me he divertido mucho con sus reflexiones sobre el lenguaje y la escritura, la música del idioma, los diálogos cacofónicos que tenemos que sufrir y las descripciones inútiles e insignificantes. Wolfe también es traductor y sabe que, al traducir, hay que entrar sin remedio y sin piedad hasta la entraña de las lenguas, despedazarlas, romperlas para volverlas a armar. Pero también cuando las haces trocitos, los fragmentitos brillan como piedras preciosas, deslumbran, encandilan, golpean con una fuerza descomunal, enamoran.

4) La tele

Como teleadicta confesa, me han interesado sus reflexiones sobre la tele, porque son originales, desprejuiciadas, sin pose. Reconoce que, con el cine y la música, la televisión es una de sus grandes influencias extraliterarias y afirma que, si Shakespeare se mantuviera hoy día en activo, escribiría guiones de culebrón. Y lo dice admirativamente, no para chinchar.
Sobre la tele se acatan demasiados lugares comunes y el sentido crítico no funciona. Reina una especie de pudor, de impostura, de tontería al fin y al cabo, que hace que no veamos lo que quizás deberíamos ver. Como esto que he escrito suena difuso porque lo es, amenazo con elaborar algo legible. Quedan ustedes sobre aviso.

4) La novela negra

A los diecisiete años no se me hubiera ocurrido dejarme ver con una muestra de eso que llaman novela "policíaca", "negra" o "de misterio" entre las manos. El género no me merecía el más mínimo respeto, y bastaba que alguien me hiciera algún comentario elogioso sobre él para que desestimara las palabras de mi interlocutor, y a mi interlocutor mismo, con un gesto de indiferencia o de desprecio. Ahora, a mis treinta y cinco años, me ocurre justamente lo contrario: nueve de cada diez novelas que leo son de género negro. Si en un hipotético futuro algún historiador de la literatura vuelve la mirada sobre el malhadado siglo veinte, en busca de su más profunda esencia, no será en las áridas disquisiciones de sus más ilustres hijos donde encuentre las respuestas a su encuesta, sino en la tropa de desheredados que habitaron en silencio sus turbias zonas de sombra: Hammett, Chandler, Cain, Thompson, Goodis...; los auténticos clásicos de nuestra época.

A los dos nos gusta este género, esta especie de poesía urbana que se ha criado "fuera de los recintos sagrados y enmohecidos de la Gran Literatura". De la "presunta" Gran Literatura, diría yo.
Wolfe cuenta más cosas bonitas sobre la novela negra en este artículo que publicó en Ajoblanco.

Discrepo con Wolfe en muchas cosas, pero me ha dado por ser simpática y me lo voy a callar. De momento.



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25 comentarios:

SRO dijo...

Si esos megacentros te provocan aprensión, ¿qué me dices de los "Corte Inglés"?
En cuanto a la tele, ese sí que es "el tema" de nuestra época. O uno de los gordos.
Gracias a tu blog ahora en casa se consume novela negra sobre todo en femenino. Yo antes del género sólo consumía Hammet como tú bien dices: un clásico del siglo XX. Saludos

calamarin dijo...

Lo de los centros comerciales es unan plaga imparable (no hay crisis que pueda con ellos) que cosa más extraña...

Icíar dijo...

¿Sabes lo nuevo de los centros comericales? la gente joven de 15 años, quedan con los amigos en estos centros comerciales. No entiendo muy bien esa moda.

Con la novela negra, que no leo, aunque respeto. No leo porque no puedo con todo. Pero me gustará en un futuro más tranquilo. Pero lo que te quería decir: yo he empezado a ver este tipo de novela cin mucho más respeto, por el perfil de la gente que las lee. ¡ya ves!

Espero que se cumpla esa amenaza de hablar sobre la televisión. Yo dejé de verla, salvo algunos programas conocidos.

peke dijo...

Bonito e interesante post. Me ugsta, sobre todo, lo que dices de las palabras. Será porque soy lingüista.

Uno dijo...

Comparto y no comparto.
Odio los centros comerciales (no El Corte Inglés que tantas veces me ha salvado la vida)

Disfruto, al nivel de mis pobres conocimientos, con el lenguaje.

No tengo prejuicios con la tele pero la verdad que es ponerla y volverla a quitar enseguida porque, ultimamente, no encuentro casi nunca nada que me interese.

Me pasa con la novela negra como con tantas otras cosas, que no me acuerdo de lo que me gustan hasta que no las hago. Cuando termino de leer una me digo: qué bien, tengo que darle mas a esto. Y hasta el año que viene. Me gustan tantas cosas...

Laura Uve dijo...

Coincido con esta selección de lo que dice Wolfe en: el horror por los macroinfiernos (simplemente no voy porque me mareo) y el gusto por la novela negra (también ha ido creciendo, pero ya hace muchos años que soy adicta al género).
No veo nada de TV hace años y la lengua sin excesos (no soy lingüista para disfrutar con ella).

¿Serás mala y nos dirás en qué no coindides en absoluto?

Un abrazo.

Noemí Pastor dijo...

SRO, el corteinglés lo tolero mejor porque lo conozco desde niña. Además, como no me gusta ir de compras, me resulta cómodo tenerlo todo junto.
No veas lo que me apetece entrar a saco en la tele, pero tengo que reflexionar.
Me siento muy honrada de tener que ver con tus (vuestras) lecturas hogareñas. Un honor me haces. Te visito en cuanto pueda.

Noemí Pastor dijo...

CALAMARIN, sí, es un fenómeno muy interesante. Qué pena que no soy antropóloga para analizarlo bien. Con todo, es posible que algún día se pasen de moda y haya otras costumbres de consumo. Vete tú a saber. Besos, amore.

Noemí Pastor dijo...

ICíAR, yo te explico esa moda: están en una edad intermedia en la que son demasiado mayores como para salir con mamá y papá y demasiado jóvenes como para ir a los bares. Es triste, pero es así.
La afición a la novela negra, como dice Wolfe, aumenta con la edad. Como eres joven, ya te convertirás.
Vale, si tú me lo pides, me animaré con lo de la tele.

Noemí Pastor dijo...

PEKE, pues claro, a las lingüístas nos gusta la lengua y las palabras. Si no, sería una tragedia. Biquiños, maestra.

Noemí Pastor dijo...

PEKE, usted perdone, que he puesto una tilde de más: lingüistas. Mira que es puñetera la diéresis.

Noemí Pastor dijo...

UNO, ya le he dicho a SRO que el cortinglés para mí es diferente, aunque sólo sea porque no está en un no-lugar de esos, sino en el maldito centro de la city.
En cuanto a la tele, ya sabes que me encanta, pero a veces me sucede que, después de recorrer cien canales (y no es un número simbólico), tengo que usar una de las frases de mi madre: "¡No dan más que mierdas!".

Noemí Pastor dijo...

LAURA UVE, aunque quisiera, de momento no podría decir en qué no estoy de acuerdo con Wolfe, porque en mi mudanza que no cesa he traspapelado el libro y no tengo puñetera idea de dónde está.
Bueno, te adelanto que no comparto su androcentrismo. Elemental.

39escalones dijo...

Me apunto al nº 1.
Besos.

SRO dijo...

nadie ha dicho que el Corte no sea práctico. Es sólo que su diseño es de otra época: claustrofóbico, sin claraboyas, sin manchas verdes aunque sean falsas... Tendrán que renovarse

HLO dijo...

Pues yo comparto otra cosa con Roger Wolfe: antología. Los dos estamos (casi cerca en el libro) en "Relato español actual", publicado por el Fondo de Cultura Económica en 2003.
En su relato, al final, se pone la tele...

Kaplan dijo...

Noe, sabe ud. qué tiene en común conmigo? Pues un premio que me han concedido y que yo, a mi vez y con mi albedrío, le he concedido a vuecencia. No me odie.

Noemí Pastor dijo...

ESCALONEs, pues mira que nos hemos apuntado gente a eso. No me lo puedo creer. ¡Si los centros comerciales siempre están llenos!

SRO, interesante lo que apuntas, pero, si lo que tienen les funciona bien, ¿para qué cambiar?

HLO, jo, tía, cómo molas. ¿Cómo puede una hacerse con el librito?

Noemí Pastor dijo...

KAPLAN, ahora mismito voy a por mi premio y ensayo el discurso: No me lo merezco, bla, bla, bla.

SRO dijo...

Ya te entiendo: para qué cambiar si el balance sale. Y aparte: tienen un lugar, cerca de las catedrales. Lugar de referencia, vamos. Me pregunto si pueden llegar a ser iconos de lo inequivocamente Español a añadir a la tortilla de patatas, la paella, Toro de Osborne y ya no dejen que nadie "los retoque" De Wolfe no puedo contrastar porque no le conozco

Mita dijo...

A mí me ha pasado al revés, desde los 18 hasta los 30 me parecía un género fascinante...después...un género imposible.
Pues no sé qué decir de las nuevas hipergalerías-catorcemilplantas...a veces voy, me paseo...disfruto. Otras pasan meses y no recuerdo ni donde están.
Besillos

Noemí Pastor dijo...

SRO, te aseguro que los guiris turistas tienen noticia del cortinglés y lo buscan, al menos los franceses en Bilbao. En Francia está arraigada la costumbre de ir a hacer compras a l'Espagne. Dicen que la apertura de centros de cortinglés sirve como indicador económico; pues bien, va a ser verdad eso de que salimos del agujero (¿???), porque para Navidad tendremos otro cortinglés en Bilbao.

Noemí Pastor dijo...

MITA, recuerdo que en Alemania las galerías comerciales tenían un punto bastante menos cutre que aquí. Además, las hay en los centros de las ciudades, que aquí no funcionan.
Me interesa eso de la novela negra como género imposible. ¿Podrías precisar? Kusssssss

HLO dijo...

Querida Noemí: aunque es un libro que se publicó hace años, puedes encontrarlo en tiendas "on line" como agapea.com.

Ah, y pronto tendré novela en el mercado...

Noemí Pastor dijo...

HLO, gracias por la información y enhorabuena. Ternme al corriente.