viernes, 30 de octubre de 2015

"Las viudas de los jueves" en Zinéfilaz


Claudia Piñeiro (@claudiapineiro), guionista, dramaturga y novelista argentina, publicó Las viudas de los jueves hace ya diez años, en 2005, y enseguida se convirtió en una novela exitosa.

¿Cómo se mide, entre otros baremos, el  éxito de una novela? Pues se suele tener en cuenta si ha sido o no llevada al cine, porque las películas, en contra de la opinión general, muchas veces engrandecen los textos narrativos; o, al menos, permanecen a su altura o en absoluto los dañan. 

Eso podemos decir de la versión fílmica de Las viudas de los jueves que realizó el también argentino Marcelo Piñeyro, que no nos consta que sea primo de Claudia.

Marcelo acostumbra a adaptar al cine piezas literarias argentinas; así lo ha hecho recientemente con Betibú, otra novela de Claudia, y ya lo hizo en el año 2000 con Plata quemada, de Ricardo Piglia, por la que se llevó un premio Goya. Desde ahora aviso que la novela de Piglia y la peli de Piñeyro caerán próximamente por aquí en otro de mis Del papel al celuloide.

Sigue leyendo en Zinéfilaz.

martes, 22 de septiembre de 2015

"La balada de Rikers Island" en Calibre 38

Después de daros la tabarra con varios posts dedicados a párrafos selectos de esta obra, por fin publico una reseña comme il faut en Calibre 38.

Y aprovecho para soltar mi habitual reivindicación a las señoras y señores responsables de las editoriales: hay mucha y mucho autor francés que gozaríamos enormemente en español. Ánimo, pues.

Régis Jauffret:
La ballade de Rikers Island
Seuil 2014


Otros artículos sobre Jauffret en Boquitas Pintadas:

viernes, 18 de septiembre de 2015

Joyas robadas en Zinéfilaz

El verano es bueno para el cine. Siempre lo ha sido. Diría incluso que antaño lo era más; al menos en mi vida, pues recuerdo cierta época en la que, para escándalo y preocupación de familia y amistades, no asistía a ningún evento veraniego, me pasaba las tardes en las salas viendo pelis de reestreno y hacía descubrimientos tan eclécticos como maravillosos.

Así me vi las primeras pelis de un jovencísimo Massimo Troisi (cuánto disfruté la comedia Ricomincio da tre), casi todo lo de Arthur Penn, Alan J. Pakula, Sam Peckinpah... Qué gozada, amigas.
Esos milagros ya no suceden en verano; al menos en mi entorno. Ya no quedan cines que en julio y agosto, a falta de estrenos, programen clásicos ni retrospectivas. Pero, gracias a los dioses, existe la televisión y existe, entre otros deliciosos canales cinematográficos, el canal Sundance, de donde he extraído este verano varias joyas robadas.

¿Por qué digo joyas robadas? ¿Por qué le he puesto ese título al artículo? Pues porque me he acordado de un hermoso disco, de la italiana Alice, que se titula así, Gioielli rubati, en el que interpreta piezas hermosas como joyas que dice haber robado a su compositor, Franco Battiato.

Así pues, yo también este verano he recuperado tres joyas que habían sido robadas a mi conocimiento, porque no sabía que existían, y que he extraído de las profundas simas de mi ignorancia gracias a la televisión.

De estas tres joyas cine-televisivas os hablo en Zinéfilaz. Allá nos vemos. Ciao.

sábado, 12 de septiembre de 2015

Una suerte pequeña

Tabú

“Una suerte pequeña”, a pesar de ese titulo inofensivo, nos pone ante los ojos uno de los grandes tabúes de estos principios del siglo XXI: las madres que abandonan a sus hijos.

No lo hace al estilo del melodrama folletinesco; no se trata aquí de la prototípica madre sola y joven que deja a su retoño  en manos de una institución benéfica. No.Se trata de tener un hijo ya crecidito, largarse, no dejar rastro y no volver a aparecer. Abandonar para sobrevivir. Tener que elegir entre el bienestar de un hijo y el propio y elegir el propio. Hacer eso que se supone que no hacen las madres. He ahí el prejuicio destructivo y la raíz del tabú.

Es inevitable, con estas premisas narrativas, acordarse de “Las horas”. No tanto de la novela de  Michael Cunningham, que no he leído, como de la peli de Stephen Daldry, en la que Julianne Moore interpreta brillantemente a ese “monstruo” (sic; así la llaman en la película) que elige salvarse a costa de su familia. Y, aunque no me hubiera venido a la memoria, me lo habría recordado la propia Claudia Piñeiro, pues cita expresamente la novela en “Una suerte pequeña”.


Pero vuelven

Hace falta un nudo novelesco para construir una novela y, claro, las madres vuelven. La protagonista y narradora de “Una suerte pequeña”, como sucedía también en  “Las horas”, regresa a su ciudad y reencuentra lo que quería reencontrar y lo que no.

Este regreso trae consigo, como podéis suponer, una excesivísima carga emocional muy difícil de resolver literariamente sin caer en lo peor del melodrama. Con todo, Claudia Piñeiro sale triunfadora del trance, gracias a cierta contención y contundencia estilísticas y a una sólida estructura narrativa, a una buena arquitectura del relato.


La arquitectura del relato

“Una suerte pequeña” descansa sobre un puñadito de elementos, muy escogidos, que salpican todo el texto. El más gordo, el central, el que lo determina todo, es el de la maternidad y el abandono, ese tremendo tabú con el que he arrancado esta reseña.

Cuelga de este pilar central otro secundario, que es la propia madre de la narradora, quien sirve para explicar su relación con la maternidad. Y hay otros elementos menores, menos intensos, pero no menos eficaces. Uno de ellos es muy de mi gusto: la lengua, las lenguas, el inglés y el español en convivencia, en interferencia y en contraste, el discurso, el relato. Este elemento encaja en la novela porque la protagonista, argentina, es profesora de inglés para extranjeros en Boston.

Otro pilar de los que apuntalan el relato es algo a lo que nos tiene acostumbrados Piñeiro: la disección crítica de la “buena” sociedad bonaerense, la podredumbre de la clase media-alta,  la tontería de la apariencia y el consumo, la competitividad entre familias, hombres, mujeres y niños.
Piñeiro, como ya hizo en “Las viudas de los jueves”, dibuja un grupo social asfixiante, muy dado a juzgar a la gente ya sentada en el banquillo, porque saben que nunca estarán allí sentados.


¿Thriller?

“Una suerte pequeña” se publicita y se describe como thriller. Y empieza como thriller, con intriga, pero, a diferencia de lo que sucede en anteriores novelas de Piñeiro, no se trata de intriga policial, sino de otro tipo de intriga mucho más desgarradora: intriga familiar, íntima.

Piñeiro va poquito a poco adelantando un terrible suceso, nos va ofreciendo brochacitos, pinceladas. Va dejando miguitas de información para que las lectoras las recojamos y reconstruyamos la hogaza.
Piñeiro nos engaña. Como la buena literatura, su obra es engañosa: como digo, empieza con apariencias de thriller y luego se transforma en otra cosa, se convierte en relato muy íntimo, en primera persona, porque, como escribe lapropia Piñeiro, “el dolor solo se puede contar así”.


Hasta pronto

Leo que Claudia Piñeiro prepara la segunda entrega de “Betibú” porque se ha encariñado con los personajes (y quién no).

Ansiosa ya por leerlo, me pongo a buscar “Un comunista en calzoncillos”, que no he leído, y me despido hasta pronto. Hasta pronto, pues, Claudia. Va a ser un placer reencontrarnos.

Una suerte pequeña
Alfaguara 2015


Otras entradas en Boquitas Pintadas y en Doce Miradas sobre Claudia Piñeiro:


viernes, 4 de septiembre de 2015

"La trampa" en Calibre 38

Hola, ¿qué tal? Vuelve septiembre y vuelve Calibre 38 con una reseña mía sobre una novela de intriga y asesinatos: "La trampa", de Melanie Raabe.

Id a Calibre 38 a leerla. Hasta pronto.

domingo, 16 de agosto de 2015

ESPedizioa

Literatura eta mendia

Literatura eta mendizaletasuna nekez ibili dira elkarren eskutik. Orain arte behintzat, oraintxetik aurrera, berriz, betiko lotu baitira. Estu-estu. Hain estu ezen ESPedizioa, liburu hau, mendia eta literatura betiko lotzen dituena, bi ataletan topatu baitut liburu-dendetan, literaturaren atalean eta bidaienean, arduradunek non kokatu ez zekitelarik eta liburu aleak erditik puskatzea aukera balekoa ez zela.

Lotura estu, komuniyo horren aurreneko froga libruko lehen orrietan dugu: argazkia da, zeinetan Juanra Madariaga mendizale idazlea Unai Elorriagaren “Sprako tranbia” liburuaren irakurle agertzen baita. Non egina al da argazkia? Bada, Shisha Pangma mendi luze pisutsuaren gailurrean.

Liburuan barna abiatzen garelarik ikusiko dugu nola beste mendizale batzuk ere agertuko dituen Madariagak literaturari josita, haren kontakizunean mendi erraldoi beldurgarri horietan ibilitako heroi europear izendun  gehienek liburu bana motxilan jo baitute goia. Astronautek musika omen daramate espaziora. Mendizaleek, ordea, liburuak. Fikzio polita da mendizaleak literaturzale ere izatea. Egia ote? Ez dakit, bada.

Paragrafotxoa merezi du egiaren eta fikzioaren arteko gatazka hori, autofikzioa irakurtzen dudan guztietan, guzti-guztietan bezalaxe, oraingoan ere tentazio handiegia izan baitut ikertzeko, aberiguatzeko, ESPedizioak kontatzen duenetik zer den egia eta zer ez, nahiz eta ondo jakin horrek inora ez naramala, literaturaren kontrako miaketa tentela dela.

Beraz, aurreko askotan bezala egitea deliberatu dut: hots, nik neuk erabakiko dut zer gertatu zen benetan eta zer ez, hori bai datorrela bat literaturarekin, literatura bezain literario eta fikziozkoa baita.

Literatura egiteko parada ederra dira desagerpenak, mendizale mendizerren inmensitatean betiko galduak. Bide hori, ordea, ez du gehiegi jorratzen Madariagak. Carlos Fuentes mexikarrak “Gringo Viejo” eleberrian egiten zuen moduan egitea zeukan: asmatu zer gertatu zitzaien desagertuei, nola hil ziren edo nola salbatu ziren, nola Shangri-La moduko batean gelditu ziren gozo eta betiko zoriontsu bizitzera edo nola itzuli ziren, milaka abentura igarota, mendebaldera, beste nortasun bat hartuta, amnesiak jota apika, nola bizi ziren beste inor izanik …

Ez du jorratzen, ez, Madariagak bide zabal hori. Beste bidexka bat, ordea, bai, haluzinazioena. Hirugarren ibiltaria aipatzen du. Mendizale higatuen buru zoratu ilunduan bidelagun agertzen zaien hori da hirugarren ibiltaria. Horrek zeru literario oso bat zabaltzen du, imaginatuzko bidelagun horiek edozer izan daitezkeelako, mota guztietakoak, mendizale makalduaren eta idazle zorrotzaren irudimenak nahi duena hain zuzen ere.

Niri, ordea, bururatu zait hirugarren ibiltari hori irakurleok garela; ni neu izan naizela mendizale izarren bidelagun munduko mendi luze eta pisutsuenetan eta horrek, munduko sapaietan barna haluzinazio gisara ibili izanak, nolabaiteko eskubidea edota parada ematen didala esateko irakurle literaturzale askori urrun eta arrotz egin zaigula guztiz goi mailako mendizaletasunaren unibertso hori; literaturrak, ordea, tarteko delarik, leundu egin duela nabarmen urruntasun estratosferiko hori.


Maupassant eta megalofobia

“Ez dut uste mendiak gaiztoak direnik, baina batzuek itxura hori islatu nahi
dutela begitantzen zait”
Hala dio Madariagak liburuko pasarte batean. Eta, nahi ta nahi ez, Guy de Maupassant ekarri dit gogora, Maupassant baino lehen, mendiak literaturan, margolaritzan, artean ere bai, izaki onberak zirelako, natura onuragarriarekin bat eginda zeudelako; Maupassant baino lehen ezin zen mendietatik ezer txarrik etorri.

Guy de Maupassant idazle frantziarrak, ordea, goitik behera aldatu zuen mendien ikuskera idiliko hura. Maupassant sentiberaren irudirako, mendiak erraldoi kupidagabeak ziren, munstro hiltzaileak. Eta zer esanik ez, ni beti sentitu naiz Maupassanten sentimenduetatik gertuago, beste edozertatik baino. Are gehiago esango dut: Maupassanten ipuin zoragarriak irakurri baino lehen, uste nuen neu nintzela bakarra munduan mendien beldur, neu baino ez zela unibertsoan megalofobiak jotakoa. Oker nenbilen. Eta poztu zitzaidan Maupassanten ipuin guztiz gomendagarrietako orrialdeetan jabetu nintzenean nire umetako eta ez hain umetako ikara bakarti haiek Maupassant txit argiak ere pairatzen zituela.

Ikusten, adiskideok? Horretarako ere balio du literaturak, munduan bakarrik ez zaudela, bakarra ez zarela, sentitzeko.

Maupassantek, beraz, lotu zituen betiko mendiekin hainbat elementu literario oparo: hala nola, heriotza, arriskua, zoramena, haluzinazioak, gizakien ahuldadea natura ankerraren aurrean… Fantasiara lerratzeko parada zabaldu zuen, paisaiaren ederrean gelditu barik.


Lirika, mistika, epika eta Hollywood
“Bostehun tona tximeleta hilik ezin irudikatuzko imajina da”.
Aipu eder horrek argiro adierazten du “Espedizioa”ren alde lirikoa, lirikara bultzatzen baitu edonor bakardadeak, bakardade zuriak, lirikara eta dibagazioetara, gauza bat eta bera ez badira biok.

Baina mistika ere agertuko zaigu, lirikarekin bat eginda, Madariagak paisaia barrutik deskribatzen digunean. Eta preseski deskripziozale, ez eta naturazale ere, ez naizen honek, gizakien eremua naturarena baino milaka aldiz nahiago dudan honek gozatu egin dut, halarik ere, esaterako, airearen potret honetaz:


“Airea harizkoa da, bigunegia, gardenegia, zuloak dituela ematen du, zuloak non oxigenorik gabeko airea dabilen, hutsa, ezereza”.

Aparteko espazioetan, diosku egileak, gizakiok “lebitazio moduko zerbait” sentitzen dugu. Hori mistika ez bada?

Epika, bestetik, altuerak, hotsak, eguraldi etsaiak dakarkigu, batez ere Madariagak horrek guztiak giza gorputzari nola eragiten dion jakinarazten digunean.

Baina epika beste zerbait gehiago ere bada. Epika bizi izateko modua da. Sufrimenduari aurre egiteko kapaz denaren bizimodua, gorengo sari bati begira bizi denarena. Bizimodua da epika eta bizitza, oro har, sarritan da mintzagai liburuan.


“Bizitza bi modutan bizi daiteke: dena mirakulua ez balitz bezala edo dena mirakulua balitz bezala”.

Esaldi hori pasafraseatzeko gogoari ezin eutsi eta egin egingo dut, neure modura birbotako dut; hots: “Bizitza bi modutan bizi daiteke: epikaren erara edo epikarik gabekora”.

Genero horiek guztiak, beraz, topa ditzakegu, nahasi eder harmoniatsuan zein bata bestearen atzean, “Espedizioa”ren kapitulu labur soil batean, egileak konfekzionatzen dituen zerrendetan ibuprofenoa eta pinpilinpauxak harmonia osoz nahasten diren bezalaxe.

Eta azkenik, Hollywood dugu, gailurrera iristen diren eszena hori Hollywooden filmatua bezalakoa da-eta. Mirespenaz idazten dut hori, ez pentsa, txalotu nahian, bat ere ironiarik gabe.

Magnificat entzuten dugula (berriz ere austronauten musika), garaipenaren eszena loriatzen du musikak eta toke epikoa ematen dio eszenari. Gero, berriz, Lascia ch’io pianga entzuten da airean, malkoak datoz, beraz, negarra, eta horra hor berriro lirika. Zalantza izpirik gabe, berriro diot Hollywooden ederto filmatuko luketela eszena hori. Produktoreren batek interesik ote?

Juanra Madariaga:
ESPedizioa. Mendi ororen pisua
Txalaparta 2015


Beste sarrera bat Boquitas Pintadas blog honetan ESPedizioaz: Hay gentes.

lunes, 27 de julio de 2015

Hay gentes

Hay gentes
a las que, cuando hablan, se les pone en los ojos una especie de ahogo
 y no pronuncian palabras claras jamás;
marcan la danza de los números y al instante se arrepienten,
sin un propósito.

Hay gentes de verbo seco, labios desertizados
 y manos eternamente frías,
 que escriben nombres en el vaho de los espejos.

Hay besugos encorbatados, beduinos amables, fracasados de los de verdad
y de los que no pueden imaginar una vida entera en el fracaso.

Hay ballenas poliformes, alacranes que mutan a humanoide
y reparten besos tóxicos.
Hay quienes hacen promesas para incumplirlas
y nunca asimilarán hasta qué punto te hieren
cuando te dejan sin luz.

Hay gentes que no son bumeranes,
pues se van y no regresan.
Hábiles para caer hacia arriba, se manejan bien en la verticalidad.

Se traban al definir el mundo; nacidas para perder, no saben qué hacer
con tanta vida y se acobardan
bajo una bandada de mirlos.

Hay quienes ceden y se disponen a agujerearse las venas,
quienes se marean cuando ven sangre; quienes prefieren morir
antes que ensuciarse en el barro de la vida.

Los hay incapaces de decir que sí;
son de palabras como no sé, a lo mejor, no y no; respiran la atmósfera del odio.

Los hay que viven gracias al impacto de un abrazo, en una continua asfixia, en alarma;
quienes, al inclinar la cabeza, muestran que son vulnerables;
quienes han perdido documentos, firmas, formas, su espacio básico de seguridad,
ruidos y oportunidades.

Hay ojos coloreados que saben oscurecerse y son ciegos al porvenir;
hay serpientes letales e insectos con coraza.
Hay quienes amanecen todos los días dispuestos para el combate; quienes luego mueren,
con las fuerzas debilitadas, sin ganas apenas de abrazar.

Quienes se hacen un agujerito en un dedo, se chupan la sangre y luego escupen;
también hay quienes se la tragan toda.

Hay gente falsa, ingrata, farsante, intensa, gente
que humedecerá mil veces las pestañas;
hay quienes sufren descargas de tristeza incontrolable, quienes degustan siempre
días de cloro y betadine.

Hay quienes desayunan sus coherencias y desprecian el pronóstico del hado;
los hay capaces de aplastar orugas, callar por no estorbar, suplicar
que les digan te quiero, decir no te vayas al mirarte.

Hay quienes te ayudan a esperar lo improbable, quienes te lo dan todo y te vacían
o te llenan hasta los topes; hay gente que ha nacido para estar a tu lado.

Y hay quienes te abandonan.

Juanra Madariaga:
ESPedizioa. Mendi ororen pisua
Txalaparta 2015


La traducción y la adaptación, libérrimas ambas, son mías.