viernes, 11 de marzo de 2016

¡Salgo en un libro!

Y no una.


Ni dos.


Sino tres veces.


Del libro, #textoefímero Los papeles del bar muerto (A Fortiori Editorial), ya os he hablado antes, en un post que titulé La belleza de lo efímero y que es de los más leídos de este blog. Por algo será.

Pero como recientemente se re-presentó en Bilbao, tengo excusa para seguir hablando de él.


Foto de @Mertxe_Beriain

El libro empezó a gestarlo la editorial A Fortiori allá por julio de 2010, como ya os conté en su momento. Se trataba de lanzar tuits con la etiqueta #textoefimero. Se recopilaban y luego se compartían en "A vivir, que son dos días" con Angels Barceló.

Todo eso lo cuenta la madre del invento, Jaio la Espía, muy bien en http://textoefimero.com.

Yo os cuento que el libro es una delicia visual y que recopila hermosas perlas tuiteras de servidora de ustedes y de amiguitas y amiguetes como @Mertxe_Beriain, @loretahur, @iturri, @javiviz, @alorza, @juleniturbe, la propia @jaio_espia y más gente que olvidaré y quedaré fatal.

Yo ya lo tengo, lo estoy disfrutando mucho y, como quiero compartir mi felicidad con ustedes, hala, a comprarlo he dicho.

viernes, 4 de marzo de 2016

Borgen

¿Ya te gustaban las series cuando no era cool que te gustaran las series?

¿Disfrutabas con Urgencias, Sexo en Nueva York o Friends, aunque no lo habrías confesado en público ni bajo torturas? ¿La ficción televisiva ha formado parte desde siempre de tu colección de placeres culpables?

Pues me juego el cuello a que te va a gustar Borgen, porque es una serie como las de antes, de corte clásico, con unos poquitos escenarios (política, medios y hogar), que acaban haciéndose familiares, y situaciones repetitivas (desayunos en la cocina, ruedas de prensa, reuniones de gabinete…), historias claras, que no simplonas, sin vueltas de tuerca en el guión, sin filigranas narrativas, sin personajes extremos, con conspiraciones creíbles y  tramas de asuntos cotidianos (falta de tiempo, divorcio, conciliación familiar, las mujeres en los círculos del poder, la lealtad, el amor maduro…) y políticos (cuotas femeninas en empresas, intervenciones militares, reformas sanitarias, ecotasas…).

Sigue leyendo en Zinéfilaz.

martes, 16 de febrero de 2016

Ocho resistencias al lenguaje igualitario

Las recomendaciones para un lenguaje igualitario tienen ya cierta historia. Hace tiempo que empezaron a formularse. No me voy a remontar a lo primero que se publicó, sino a lo primero que yo leí sobre el asunto, que fue el Manual de estilo del lenguaje administrativo que en 1991 (¡1991!) publicó el antiguo Ministerio para las Administraciones Públicas de España.
El librito, muy recomendable y aplicable aún hoy en día, incluía a partir de su página 155 un capítulo titulado “Uso no sexista del lenguaje administrativo”, que, como os digo, fue la primera batería de recomendaciones de esta índole con la que me tropecé en mi vida.
Ha pasado mucho tiempo desde entonces. Han sido unos cuantos años en los que, entre otras cosas, me he dedicado a recopilar estas recomendaciones, a estudiarlas, a aplicarlas y a hacerlas aplicar. Comprenderéis, pues, que durante este tiempo he observado muchas reacciones, no todas amigables, y las he englobado en ocho apartados.
Puedes leerlas en Doce Miradas.

La fotografía es de Asun Martínez Ezketa

viernes, 22 de enero de 2016

1087 Sunset Boulevard

¿Os suena esa dirección de Los Ángeles? Pues claro. Es donde vivía Norma Desmond, rodeada de normas desmond, podrida de dinero y al mismo tiempo entre las ruinas de su decadencia. 

En Zinéfilaz he dedicado un humilde homenaje a las Normas Desmond de este mundo, que no solo habitan mansiones en California, sino que habitan también entre nosotras, renegando del presente y ancladas por su rencor en un pasado supuestamente esplendoroso.

Yo he conocido a más de una. Y me he jurado a mí misma no ser nunca así. 

Fuera como fuese, en Zinéfilaz tenéis mi cariñoso homenaje a su crepúsculo y a sus dioses. Amén.

martes, 19 de enero de 2016

"Les Merveilles" en Calibre 38

Después de daros la tabarra con varios párrafos seleccionados, traducidos y adaptados de esta novela, remato con una reseña en Calibre 38.

Pasaos por allí a leerla, a ver qué os parece. 

Aprovecho para seguir dando la matraca: hay mucha buena novela francesa que no sé por qué demonios no está traducida al español.  

Nada más. Hasta prontito.

Claire Castillon:
Les Merveilles 
Grasset 2011


 



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Nunca nada demasiado bueno
Aquellos perros de plástico en la parte de atrás de los coches

sábado, 2 de enero de 2016

Aquellos perros de plástico en la parte de atrás de los coches

El deseo de los hombres no es nada malo ni complicado. Las señoras no deberían enfadarse porque sus maridos se vayan de putas; no pasa nada entre ellos y nosotras. Ni siquiera nos miran.

Un tipo acude a nosotras para que nos ocupemos de su deseo, como quien va al peluquero para que le corte las puntas.

Hay que entenderlo. Pocos hombres son capitanes de un navío verdiblanco, pocos son fuertes y elegantes; la mayoría son más bien torpes, pesados y tristes. En el burdel les damos un poco de alegría; les ayudamos a transformar el plomo en pluma. 

Frieda es muy buena en eso. Para cuando los acompaña a su cabina de masaje, ya han perdido la presión de los hombros.Se les nota que les cae un poco la cabeza, como a aquellos perros de plástico que se ponían en la parte de atrás de los coches, aunque intentan mantener algo de ironía en la mirada, algo de desprecio en las piernas arqueadas, y se esfuerzan por caminar como cowboys.

Una puta es una puta y una masajista es como una puta o peor, pero obra milagros en los hombres; los envuelve, hace que se apeen del caballo, los deja sin motivos para mirarla de arriba a abajo.

Claire Castillon:
Les Merveilles 
Grasset 2011

La traducción y la adaptación son mías.

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martes, 8 de diciembre de 2015

La maestra, la escuela y la esquinita

Este texto es mi aportación al periódico Karakorum que acompaña a la exposición del mismo título del fotógrafo Mikel Alonso. Así he tenido el enorme placer de contribuir al proyecto de Baltistán Fundazioa junto a mis compañeras de Doce Miradas. La exposición permanecerá hasta el 10 de enero en la  Sala Rekalde de Bilbao.


Escuela de Machulu. Karakorum. Mikel Alonso.

Cuando yo era niña, de mayor quería ser maestra, porque para mí en el mundo solo había dos tipos de mujeres: las madres (y quien dice madres, dice tías y abuelas) y las maestras.

Bueno, había un tercer tipo; estaban también las cantantes que veía en la tele, las que triunfaban en Eurovisión. Pero las cantantes pertenecían a otro mundo, al mundo de la pantalla y la ficción en general, donde se mezclaban con los libros y los tebeos,  las heroínas de Dickens y las películas de Tarzán.

Cuando me atrevía a soñar, decía que quería ser cantante. Cuando no, era plenamente consciente de que en mi mundo real, en mi barrio, solo podía ser madre o maestra.

Los hombres podían ser más cosas: podían ser obreros con buzo, carteros o alguaciles con uniforme, oficinistas con corbata… Pero las mujeres no; las mujeres solo podían ser madres o maestras.

Y yo enseguida elegí ser maestra.

¿Por qué? Porque las maestras olían rico, se vestían elegantes para ir a trabajar, tenían las manos blancas y lo más importante de todo:  sabían mucho, sabían muchísimo, y yo intuía, no sé cómo, pero lo intuía, que ese conocimiento las hacía más libres. Que ese sumergirse en los libros era como traspasar el espejo de Alicia y adentrarse en otros mundos mucho más luminosos que el nuestro, que el mío.

§ § § §

Mi escuelita estaba dividida en dos: el lado de los chicos y el lado de las chicas. Tenía dos puertas, dos aulas, dos maestras, dos pasillos, dos todo.

Al patio salíamos los niños y las niñas al mismo tiempo, juntos, pero nunca mezclados. Las niñas nunca jugábamos con los niños. Al menos yo no recuerdo haber jugado nunca con los niños. No recuerdo haber tenido nunca ningún amigo. Sí, recuerdo, en cambio, los nombres y los apellidos de los chicos que nos pegaban y nos tiraban piedras y balonazos.

§ § § §

Los chicos jugaban al fútbol en el centro del patio y las niñas nos quedábamos en las esquinitas. "¡Aparta, chavala!", nos gritaban cuando pisábamos su territorio.

Un día, tres chicos vinieron a ocupar también nuestra esquinita. Llegaron, se desplegaron, tomaron posiciones y, como no tenían balón, se pusieron a jugar al fútbol con una piedra. "¡Aparta, chavala!"

Aquella vez no me aparté. Un poco por cabezonería y otro poco porque ¿adónde querían que nos fuéramos, si nos expulsaban también de la esquina? ¿Qué teníamos que hacer? ¿Desvanecernos?

No me aparté y recibí una bonita pedrada en una ceja.

Sangré como un pollo, lloré como un becerro, la maestra acudió asustadísima y aquellos tres chavales se llevaron una regañina y un castigo. No volvieron a ocuparnos la esquinita.

Y yo aprendí que salirme con la mía tenía un precio. 

§ § § §

Mi escuela, pues, no era tan distinta de la de Karakorum. En ambas las niñas, de una manera u otra, aprendimos que nuestro lugar eran las esquinitas, los márgenes, los rincones; que había que ceder el centro a otros.

Eso tenemos en común las que fuimos niñas en mi barrio y las niñas de Karakorum; esas chiquitinas adorables  que ahogan la risa. Que miran, que se muestran, pero ya saben, porque alguien ya se lo ha dicho, porque es lo único que han visto siempre a su alrededor, que lo suyo no es mostrarse, no es figurar, que su puesto es la esquinita, que la suya va a ser siempre una imagen desdibujada al fondo de la fotografía. Que los primeros planos, los balones, las bicis, los centros y los cetros son para los chicos.


Las niñas de Karakorum lo saben. Pero también saben que de mayores serán maestras. Abandonarán la esquinita, subirán al estrado, tomarán la voz cantante y todo el mundo se dará cuenta de que saben mucho, muchísimo.