
Cae fuego en lugar de maná,
se disfraza el asfalto de mar,
el zapato no encuentra el pedal,
parece que anda suelto Satanás.
Canta Bob Dylan en el cassette,
tinta roja escrita en la pared,
un cadáver abraza el arcén,
parece que anda suelto Lucifer.
Un semáforo va a dar a luz,
una novia vestida de tul
se masturba sobre un ataúd,
parece que anda suelto Belcebú.
Lo que les faltaba en Bogotá. No tenían pocos problemas y se les vienen encima nada más y nada menos que unas cuantas posesiones diabólicas, a las que se va a tener que enfrentar el padre Ernesto en su parroquia de La Candelaria.
El padre Ernesto es un curita izquierdoso, muy buena gente, que soporta mal el precepto de la abstinencia sexual y se ha pasado toda la vida soñando con mujeres. Y es que Bogotá está llena de mujeres; mujeres pobres, bellas como demonios y solas:
Usted sabe cómo son los hombres, padrecito, que van sembrando el mundo de hijos y luego los abandonan sin que nadie les diga nada.Nadie es del todo inocente en esta novela, pero aprecio que el narrador se identifica con el padre Ernesto y trata también con una pizquita más de ternura a estas mujeres desvalidas que lo han sufrido todo (pobreza, orfandad, guerra, guerrilla...) y que, a base de golpes, acaban por convertirse también en monstruos.
No son, pues, gratuitas las referencias a "El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde", de Robert Louis Stevenson. Al fin y al cabo, incluso el mismo Satanás fue primero un ángel y luego cayó.
Mario Mendoza: Satanás, Seix Barral, 2002
Se me olvidaba decir que a Mario Mendoza tuve el placer de escucharlo en la Semana Negra de Gijón y que de la novela se ha hecho una peli, pero no la he visto.
Este post está dedicado a Andrés Malvisto, que me dio a conocer la endiablada belleza de Bogotá.
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