lunes, 10 de enero de 2011

El escenario y el crimen (2)


Siguiendo la pista de mi anterior post, encuentro en The Guardian este artículo de Stuart Evens y me entran unas ganas irrefrenables de traducirlo libérrimamente, resumirlo, adaptarlo, comentarlo y compartirlo con ustedes, mi parroquia, a ver qué piensan.

Se titula "Por qué el escenario es tan importante como el crimen en la ficción detectivesca" y arranca comentando las cinco primeras páginas de Máscaras, de Leonardo Padura, la primera novela de la serie del policía Mario Conde, que en su versión traducida al inglés se titula Havana Red. Dice Evens que estas primeras cinco páginas son una buena muestra del nivel literario que puede alcanzar la ficción criminal: son sencillas, atmosféricas y una soberbia introducción al estilo alterado, errático y tan entretenido de Padura.

En un anochecer veraniego de La Habana, Mario Conde pasea por las calles del barrio de su infancia y se topa con un grupo de niños que juegan al béisbol. Conde conoce a algunos de ellos, pues son hijos de sus antiguos compañeros de escuela. Sin pensarlo demasiado, les pide permiso para poder jugar con ellos y le dicen que sí, pero Conde percibe algo extraño en sus intercambios de miradas, se siente mal, murmura una excusa y se aleja. Entonces se da cuenta de que todos esos chicos saben que él es policía y que estaban jugando dinero. Esta escena inicial sella el tono elegíaco, corrupto y decadente del resto de la novela.

Máscaras no es una novela sutil, ni mucho menos. La trama gira en torno al asesinato de un travestido y se lleva bien, a pesar de no convencer del todo, de no volver a alcanzar el poder de la escena primera. Así y todo, algo empuja irremediablemente a hacerse con la siguiente entrega de la serie y es, sin duda, el retrato que Padura hace de La Habana.

Padura escribe cosas muy hermosas de su ciudad, al detenerse en el estuco desconchado de las casas, los árboles ahogados de calor y los garitos ilegales. Desde esas primeras páginas, La Habana se constituye en un personaje más, mucho más logrado que otros de carne y hueso. Aunque no hayas estado nunca en Cuba, la novela te transporta y te envuelve en su hechizo.

El escenario es importante en todas las novelas, pero en la ficción criminal actual es prácticamente indispensable. Se insinúa en el Londres neblinoso de Sherlock Holmes y las casas de campo de Allingham y Christie, pero sólo alcanza su verdadera expresión en autores posteriores, más interesados por los personajes y el desarrollo narrativo que por esbozar simples whodunits.

Puede decirse que todo empezó con Raymond Chandler y Los Ángeles, un estilizado agujero de vicio y corrupción. Su biógrafo, Frank McSahane, escribió que Chandler usaba las historias de detectives para crear literariamente la ciudad de Los Ángeles, igual que Dickens creó Londres y Balzac creó París.

La mejor topografía criminal es la que revela algo del detective y de la realidad en la que vive; la que construye espacios personales que son a la vez el cielo y el infierno, condena y salvación, dicotomía perfectamente visible en la serie de novelas de Martin Beck escritas por Sjöwall y Wahlö (en adelante, S y W). Describen un Estocolmo glacial y de apariencia respetable, pero donde aflora el colapso moral y espiritual. S y W no pretenden darnos lecciones, sino que el lector absorba por ósmosis el significado de esta sociedad. Así, las novelas de Beck abrieron el camino a detectives como Rebus o Wallander.

Esta visión del cielo y el infierno no se limita a policías urbanos, sino que también el rural Kingsmarkham de Ruth Rendell, de clase media-alta, esconde horrores que el imperturbable inspector jefe Reginald Wexford apenas puede colegir. Resulta interesante comprobar cómo Wexford apenas ha cambiado en todos estos años, pero Kingsmarkham ha cambiado de arriba a abajo y Rendell se vale de esto para sugerir que el país entero se ha ido al garete.

Las buenas escritoras y escritores policiales describen simplemente el suelo que pisan sus detectives; las y los excelentes, le dan pulso, vida. Y aunque Padura no juegue en la misma categoría que Rankin, Rendell, McDermid, Connelly o Burke, ha creado una Habana verosímil y empapada de sudor. Un lugar que merece la pena visitar.


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24 comentarios:

Laura Uve dijo...

Muy, muy interesante... gracias por traerlo así, sacadito del horno.

Un abrazo.

J dijo...

Buen escritor Padura, la lieratura cubana está dando excelentes narradores en los últimos tiempos, mala suerte que sea poco conocida aún

Terri dijo...

Muy interesante el post. Me parece un poco jevi eso de que "aunque Padura no juegue en la misma categoría que Rankin, Rendell....". Estoy pensando por ejemplo en "La neblina del ayer" que a mi me pareció una gran novela o en "Adios Hemingway", una novela que me emocionó como no ha conseguido todavía hacerlo ninguno de los autores y autoras mencionados.
Se han pasado un poquito los hijos de la Gran Bretaña.

Noemí Pastor dijo...

LAURA, de nada, eres muy amable. Recién sacadito del horno, no es, porque tiene ya unos cuantos años. Besos.

Noemí Pastor dijo...

J, de acuerdo. Es cierto que no se conoce mucho lo que se escribe en Cuba. Saludos.

Noemí Pastor dijo...

TERRI, pues sí, es una apreciación personal que, si se refiere a calidad literaria, no comparto. Si se refiere a cualidad, quizás sí, porque Padura se sale un poquillo más de los límites del género. Igual se refiere a volumen de ventas; vete tú a saber.

Laura Uve dijo...

Me refería a la traducción... ¿lo he entendido mal?...

Noemí Pastor dijo...

LAURA, pues no sé qué has entendido. Yo quería decir que el artículo tiene ya un tiempo, que no está recién escrito. La traducción es más reciente, eso sí.

SRO dijo...

gracias por traducir compartir este texto que es tan bueno y abre tantas perspectivas a la teoría y al lector. "Darle pulso y vida a un escenario" "transmitir por ósmosis", hay mucho que absorber...

"El escenario en las novelas criminales es indispensable" dice
porque es verdad que en "las otras novelas" a veces el escenario es fundamental y otras no pinta nada
Jane Austen por ejemplo, no pierde tiempo en describir la topografía
si es por ella no te enteras de cómo es inglaterra salvo que llueve
o Cervantes: parece que el paisaje se escapa y luego vas a la Mancha y te das cuenta de que no es así del todo
tampoco Dashiell Hammett y este sí es de la escuela. sin embargo recuerdo de él unas descripciones de personajes muy buenas que siempre me han llamado la atención
No sabía lo de Raimond Chandler. A éste no le he leído.
Dickens, que el crítico menciona sí que da vida a sus escenarios
claro que Dickens es todo lo retórico que quiere
hiperbólico sobre todo
y Conan Doyle también con Londres me parece genera ambiente con bastante exactitud topográfica
eso me hace pensar:
se puede permitir un escritor de negro ser retórico
sin sentir que ya no es imparcial
ya sé que sí claro pero ¿es lo que se hace?
no puedo examinar a Padura porque es bastante imparcial en lo poco que leo de él en este artículo salvo cuando menciona que los árboles se ahogaban de calor algo que transmite ciertamente un sofoco exagerado y que casi me hace sudar a mí...

Noemí Pastor dijo...

SRO, menudo ensayo, hijo. Mira, precisamente Padura tiene un estilo peculiar: es más lírico de lo habitual en el género, es cubano, tiene un toque como de bolero. Bueno, mejor que lo leas para que sepas de qué hablo.
El género ya ha evolucionado lo suficiente como para admitir casi todo.

loquemeahorro dijo...

Me quedo con la duda ¿recomiendas a Padura entonces, o no?

pd. Anda que no simplifico yo ni nada, lo sé.

Noemí Pastor dijo...

LOQUEMEAHORRO, por supuesto que recomiendo a Padura, aunque mi política general es no recomendar nada, sino animar a todo.
La simplificación es bienvenida en este blog. Besos.

El jukebox dijo...

Así como no soy nada mitómano, me encanta todo esto de las topografías literarias. Aquí van tres de novela negra: George Pelecanos, que describe los barrios obreros de Washington, Dennis Lehane, que hace lo propio con los de Boston y Richard Price, que está describiendo la desaparición de los 'barrios' neoyorquinos y su colonización por parte del ejército de 'yuppies' y 'arties'.
Leí un libro del Mario Conde, pero ya no recuerdo nada. Vuelvo a recordar que el último de Padura,k 'El hombre que amaba a los perros' es una novela enorme.

Saludos

*Ah, bueno, y me olvidaba de Izzo y su Marsella...

Noemí Pastor dijo...

JUKE, sí, y las ciudades se elevan a categoría literaria, se convierten en territorios míticos.
Yo a Padura solo lo he leído en la serie de Mario Conde, pero voy a tener que picar con los otros, pues tienen buenas críticas.

Uno dijo...

No sabía ni que existía Padura pero soy un enamorado de la Habana y tengo que leer ese libro.
Mucho antes de conocer Cuba tuve que escribir unos poéticos textos describiéndola para una marca de cigarrillos. Sonaban tan bien. Recibí muchas felicitaciones por aquello. Años después conocería la Habana y conocería también un sentimiento nuevo:la vergüenza retrospectiva del atrevimiento y la ignorancia.

Un abrazo

Noemí Pastor dijo...

UNO, lo siento, pero vas a tener que leer TODOS los libros de Padura, a quien tuve el gusto de escuchar en directo en Barcelona hace un año o dos, no recuerdo ya.
Qué interesante eso del atrevimiento y la ignorancia y las dosis en que se combinan en cada ser humano. Por ejemplo, a mí me sobra ignorancia y me falta atrevimiento.

El jukebox dijo...

Uno: ni te preocupes, hombre. Pero si las mejores novelas de viajes las escribieron gentes que nunca estuvieron allí, tipo Julio Verne o Salgari. Si encima el texto era publicitario, seguro que te quedó mejor que si hubieras conocido realmente La Habana.

Noemí Pastor dijo...

JUKE, UNO, qué casualidad. Esta tarde tengo que dar una charleta en una entrega de premios y pensaba hablar de eso, de quienes escriben de lo que solo conocen a través de la erudición.
Mi aportación a esa impostura es que en la uni a veces me pusieron buenísimas notas por trabajos sobre libros que nunca leí.

peke dijo...

Como siempre, muy interesante e ilustrativo tu post. Gracias.

Noemí Pastor dijo...

PEKE, de nada, maestra. Aunque mi aportación es poca: seleccionarlo y traducirlo. Bueno, en fin, algo es.

Anónimo dijo...

Hola! Gracias, Noemí por traducirnos el artículo. Soy seguidora incondicional de Padura y quise conocer La Habana empujada por sus libros, del mismo modo que quise conocer Los Ángeles por haber leído a James Ellroy. Ahora estoy leyendo "Pasado perfecto", de la serie de Mario Conde. Por cierto, durante la BCNegra, se podrá saborear su cóctel favorito, el Cuba Punch, en uno de los establecimientos que este año se adhieren al evento. Dejo este comentario como anónima porque no me deja utilizar la cuenta de google. Soy Montserrat, la que pedía por su prima en la última novela de Paretsky ;-)

Noemí Pastor dijo...

Hola, Montserrat, encantada de tenerte otra vez por aquí. Y de nada, es un placer traducir para ustedes. Te diré que a mí me pasa lo mismo: que me apetece viajar a los sitios que conozco por el cine o las novelas. A Los Ángeles ya fui, pero no conozco La Habana. Me tienta el Chicago de Paretsky, que tampoco conozco in person. Bueno, maja, recibe un abrazo y ya me contarás cómo van tus transleisions.

Montserrat dijo...

Hola, Noemí. Casualmente, sobre el Chicago de Paretsky el otro día encontré este interesante artículo
http://www.ocholeguas.com/2010/11/10/america/1289386689.html
En realidad, son una serie de artículos sobre detectives y sus ciudades.

Las transleisions bien, el mes próximo salen unas nuevas memorias de Ellroy y en primavera, el tercero de la saga de los patrulleros de Hollywood de Joseph Wambaugh.
Otro abrazo, ya iré dando señales de vida.

Noemí Pastor dijo...

MONTSERRAT, muchas gracias por el artículo. Le echaré un vistazo. Enhorabuena por todo ese buen trabajito. Y yo que lo disfrute. Hasta prontito.