domingo, 7 de octubre de 2018

Todos tus nombres


El jueves 27 de septiembre, como todos los últimos jueves de cada mes, la asociación Cómplices Literarios de Portugalete celebró un encuentro de su club de lectura. En tal ocasión el libro a comentar fue ”Todos tus nombres”, de Fernando García Pañeda, viejo conocido de este blog y más viejo conocido todavía de esta bloguera. Fernando tuvo el detallazo de asistir personalmente a la disección pública de su obra.
Antes de entrar a hablaros del contenido del encuentro, que me resultó particularmente divertido, entretenido y agradable, quiero detenerme a elogiar la labor de la asociación Cómplices Literarios, que ha conseguido dar mucha vidilla a la afición lectora de la villa jarrillera y que en junio organizó la primera feria del libro de la localidad con gran acierto y éxito. Enhorabuena.
El mismo García Pañeda tuvo ocasión de presentar “Todos tus nombres” en dicha Feria del Libro de Portugalete y de volver a hacerlo pocos días después en las jornadas Bruma Negra de Plentzia.
Vamos con la novela. “Todos tus nombres” es un relato de intriga, de aventuras, de espías, de espías muy espías, espías dobles, no sé si incluso triples, con varias identidades y múltiples nombres (el título ya nos da una pista).
A mí nunca me han gustado las novelas ni las pelis de espías; ya lo tengo escrito por ahí. ¿Por qué no me gustan? Pues porque me lío; me lío con los buenos y los malos, no sé de qué lado están, no sé quién trabaja para quién… Me acaba cabreando el embrollo y decido que no merece la pena hacer el esfuerzo de desenredar la trama.
Tampoco me gustan las novelas históricas. También lo tengo escrito por algún lado. Me parece inútil esa labor titánica, ímproba, colosal, de reconstrucción, de ambientación, que emprenden los autores. No sé apreciarla.
Pero “Todos tus nombres” es distinta. Es histórica y es de espías, sí, pero es distinta. El estilo fluye y conduce al lector a donde quiere llevarlo y la erudición que despliega resulta deslumbrante, de un colorido que impresiona. La inmediata posguerra española aparece pintada con tonos diferentes a los habituales.
De hecho, es un periodo histórico bastante desconocido y narrativamente desaprovechado, pues daría para mucho ese juego de espías, con contrabando de obras de arte (y falsificaciones), intrigas y negocios prometedores. Con dos bandos en guerra, hubo también posiciones intermedias, como la de los monárquicos que en un principio apoyaron el levantamiento franquista, para luego quedar amargamente desencantados. Algunos de ellos siguieron conspirando una vez instaurado el régimen dictatorial y fueron fichados como espías por los estados europeos. Todo esto nos lo explica el autor en el encuentro, del que contaré más cosas un poco más adelante.
Como digo, la de “Todos tus nombres” es otra posguerra, la de los vencedores, los que habitaban palacios varios en escenarios que geográficamente me resultan cercanos (las páginas de “Todos tus nombres” visitan Gecho, Santurce, Portugalete, Bilbao…, así, con ortografía de la época), pero socialmente me quedan a distancias siderales, ya que se trata, por citar algunos de los especímenes humanos protagonistas, de jerifaltes franquistas, mandos militares, simpatizantes nazis y altísima burguesía industrial vasca.
El protagonista es Martín de Inchauspe, un tipo que se esfuerza por aparentar frívolo, ambicioso, amigo del dinero, muy bien relacionado socialmente, pero con amistades turbias.
Personajes de ficción se mezclan con históricos, como doña Pilar Careaga, por ejemplo, única alcaldesa que hasta el momento ha tenido la villa de Bilbao, quien fue también la primera ingeniera titulada de España. De hecho, salvo tres o cuatro personajes principales, que son ficticios, inventados, todos los demás son reales, incluida Clara, que es uno de los principales y de los más intrigantes. También es real la calle en la que se ubica la casa de los Inchauspe, aunque la mansión, Villablanca, es inventada: la ha construido el propio Fernando con retazos de edificios auténticos de la zona, espléndidos todos en su descarada opulencia.

Foto de familia del encuentro. Tomada del Facebook de Cómplices Literarios.
Vamos ahora, pues, con el encuentro del 27 de septiembre. Me gustó especialmente porque el público no tenía nada de postureo, era absolutamente franco y sincero. Le cantaban sus verdades al autor. No le hacían la pelota, no le adulaban ni intentaban demostrar su sapiencia. No hubo nada de exhibición gratuita de conocimientos literarios, a diferencia de lo que frecuentemente sucede en este tipo de encuentros.
Las y los participantes (más las que los, como de costumbre) se “quejaron” encantadoramente de la trama compleja y se confesaban incapaces de resumirla: muchas tramas entrelazadas, decían. No sabían si hablar de una historia de espías, de una historia de amor…
El autor “se defendió”: no pretende cultivar un género concreto, sino relatar, contar historias que a veces no caben un en género, sino que poseen tramas de géneros diferentes. De sus anteriores novelas también decía la crítica que eran inclasificables. Tampoco quiere tapar para luego desvelar, no pretende sorprender, sino generar un conflicto que se reconduzca ágilmente.
El público “acusa” también a los personajes de falta de pasión y de ser excesivamente religiosos, tan de misa diaria, en un contexto tan frío. Apunta alquien que quizás tengamos una idea demasiado novelesca, demasiado idealizada, del espionaje, la guerra, el peligro y la clandestinidad. Y que los personajes simplemente sean fríos y demasiado correctos porque desconfían unos de otros y sencillamente también porque se comportan con la ceremoniosidad y la etiqueta que les corresponde como clase alta, muy alta, que son.
Opinan que los personajes masculinos están mejor logrados que los femeninos, que resultan demasiado estereotípicos, demasiado sumisos y con demasiada tendencia al rubor.
Subrayan algunos hallazgos estilísticos y el lirismo de ciertos pasajes de la novela y destacan las atrevidas descripciones de los atuendos: minuciosidad femenina, con marcas y todo, lo cual otorga al relato un toque contemporáneo que nos lo aleja de la época que retrata; nos dice que los hechos son pasados, pero la mirada es actual.
Y, para acabar, un bonustrack. Los personajes de “Todos tus nombres” son melómanos. Como corresponde a su refinada clase alta, las señoras tocan el piano y todos se solazan escuchando música clásica. El autor, que ya ha demostrado su exquisito gusto musical en obras anteriores, tiene en Spotify una lista con la banda sonora de la novela. Que ustedes la disfruten.

Fernando García Pañeda:
“Todos tus nombres”
Suma 2018

2 comentarios:

Julen Iturbe-Ormaetxe dijo...

Se ve que lo pasasteis requetebien :-)

Fernando García-Pañeda dijo...

Pero el que mejor se lo pasó de todos, un servidor :D