viernes, 2 de septiembre de 2011

Partida

Os decía el otro día que una se ha pasado la vida pensando en huir, como tantos otros seres humanos, como, por ejemplo, Juan Ramón Jiménez, que tiene un poema que me ha gustado siempre mucho, titulado Partida.

Juan Ramón siempre quería huir y una vez que fue en barco a Nueva York, de noche, mirando al océano desde la cubierta, se dio cuenta de que el camino por el que siempre, desde niño, había querido marchar era precisamente el camino de plata que dibuja la luna sobre la superficie marina.

Él mismo lo cuenta, mucho más bonito que yo, faltaría más, en este poema que me sirve para darme la bienvenida a casa. Ya sé que es un poco incoherente una partida para el regreso, pero, lo siento, es lo que hay.


PARTIDA

Hasta estas puras noches tuyas, mar, no tuvo
el alma mía -sola más que nunca-
aquel afán, un día presentido,
del partir sin razón.

Esta portada
de camino que enciende en ti la luna,
con toda la belleza de sus siglos
de castidad, blancura, paz y gracia,
la contajia del ansia de su ausente
movimiento.

Hervidero
de almas de azuzenas, que una música
celeste fuera haciendo de cristales líquidos
en varas de hialinas cimas de olas,
con una fiel correspondencia de colores
a un aromar agudo de delicias
que extasiaran la vida hasta la muerte.

¡Majia, deleite, más, entre la sombra
donde arden los brillantes ojos sostenidos,
que la visión de aquel cantado amor,
leve, sencillo y verdadero,
que no creímos conseguir; tan cierto
que parecía el sueño más distante!

¡Sí, sí: así era, así empezaba
aquello; de este modo lo veía
mi corazón de niño, cuando, abiertos
como rosas, mis ojos,
se alzaban negros desde aquellas torres
cándidas por el iris, de mi sueño,
a la alta claridad de un paraíso!
¡Así era aquel pétalo de cielo,
en el que el alma se encontraba,
igual que en otra ella, única y libre!
¡Esto era, esto es, de aquí se iba,
por lisas galerías de infalibles
arquitecturas de agua, tierra, fuego y aire,
como esta noche eterna, no sé a dónde,
a la segura luz de unas estrellas!
¡Así empezaba aquel comienzo sin fin, gana
matinal de mi alma
de salir, por su puerta, hacia su ignoto centro!

¡Oh blancura primera, sólo y siempre
primera!
¡Marmórea realidad de la inconciente lumbre blanca!
¡Locura de blancura irrepetible!
¡Blancura de esta noche, mar, de luna!


Juan Ramón Jiménez
Partida
en Diario de un poeta recién casado, 1917

6 comentarios:

peke dijo...

Nunca me encantó J.R. Jiménez, pero comprendo tu asociación de ideas. ¡Feliz regreso!

Noemí Pastor dijo...

Pues ya ves, PEKE. En mi caso siempre fue de mis preferidos de entre los clásicos. y este poema siempre me ha tocado mucho. Gracias por tus buenos deseos. Besos enormes.

Laura Uve dijo...

Precioso, me encanta el poema y el poeta.

Feliz partida/regreso!!

Noemí Pastor dijo...

Hola, LAURA. Ya digo que este poema siempre me gustó mucho, aunque lo encuentro ya un poco demodé, demasiado rimbombante. Ya no se lleva la lírica tan exaltada. Es eso. Mis mejores deseos también para ti.

David C. dijo...

la vida es un mar de continuas partidas ... así pienso yo.

Noemí Pastor dijo...

Gracias por la definición, DAVID. Es bastante acertada.