viernes, 1 de julio de 2011

Párrafos selectos de "El silencio de los claustros"

Como os prometí en mi anterior entrada, aquí va una cuidadosa selección, palabra a palabra, de lo más granado de esta novela.

La gente sencilla aprecia el uso de la frase hecha.
Esto me recuerda, una vez más, que tengo que aprender a manejar tópicos conversacionales, a ejercer la función fática pura, a hablar del tiempo (¡oh, dioses, lo que me va a costar!) y de lo caro que está todo. Pero ¿de verdad es necesario todo eso para ser amable?

Las estadísticas nos dicen que cada vez hay más asesinatos gratuitos, sin un móvil real. Y los asesinos, que no suelen ser superdotados, cada vez consumen más ficción barata; de manera que muy bien pueden dedicarse a copiar los modelos.
Bueno, esto de la interacción de ficción y realidad tiene mucho interés y mucha miga. No me voy a meter ahora con ello, aunque me apetece, porque debería reflexionar un poquillo más e ilustrarme con lecturas apropiadas. ¿Alguien me recomienda algo?

Como siempre que aquella pobre chica abría la boca, me invadió una oleada de indignación.
A mí también me pasa, Petra, querida. Hay gente que me saca de quicio haga lo que haga y diga lo que diga. Y no sé bien por qué; o no quiero saberlo, porque eso supondría adentrarme en las tenebrosidades de mi alma.

El sentido del humor es lo último que queda cuando se ha perdido todo lo demás. Por eso el que no lo tiene anda jodido.
Pues sí. Acabo con este elogio del sentido del humor, que puede funcionar, como las religiones, cual potente droga contra las perrerías de esta vida.

8 comentarios:

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Si mal no recuerdo, compa Noe, ésta es una en la que Fermín y Petra han de investigar un asesinato en un convento de clausura, regido por una priora con un carácter que no veas, y un benedictino de Monserrat por ahí suelto, y los suministradores de fruta del convento como sospechosos, ¿no...? Es que mi memoria de pez no me da para más. Sobre las frases seleccionadas, son auténticas perlas cultivadas, vaya que sí; como tú, casi prefiero no darle mucho a la neurona para reflexionar sobre su posible aplicación a mi terruño personal: igual no salgo todo lo bien parado que me gustaría (bueno, seguro, seguro que no salgo bien parado...).

Buen fin de semana y un fuerte abrazo.

interrobang dijo...

Buena y bien resuelta selección. Leyendo tu post es como una relectura distinta.
Gracias por el experimento!

Noemí Pastor dijo...

Sï, MANUEL, es la de la priora con carácter, un personaje estupendo. Ya sabes que tengo debilidad por las señoras mandonas.
Claro que la introspección es muy jodida: salen coas feas que en otras personas nos horrorizan y no queremos ver. Por eso tienen tan mala fama psicólogos, psiquiatras y demás gentes: nos hacen retratos que no nos gustan.

Noemí Pastor dijo...

INTERROBANG, se trata de resaltar apuntes dispersos por la novela y añadir algún comentario personal más o menos intranscendente. Celebro que te guste. Nos leemos.

troyana dijo...

Noemí,
pues esta vez me has dado qué pensar con eso de adentrarse en las tenebrosidades de tu alma cuando no puedes con alguien diga lo que diga o haga lo que haga.A menudo,cuando me enfado,cuando me irrito por algo que alguien ha podido hacer o decir,después me pregunto cuánto de eso que me molesta tanto,no hay en mí y no quiero ver.

Uno dijo...

Yo creo que tengo sentido del humor. El pelo vale pero ¿quiere eso decir que he perdido ya todo lo demás?

Un abrazo

Noemí Pastor dijo...

TROYANA, yo me doy cuenta de que hay gente que me irrita siempre. A veces es a raíz de algo y a veces no. Se lo conté un día a una amiga psicóloga y me dijo lo evidente: que la causa era yo, no esas personas; y que buceando en mi interior daría con la razón. Pero me pongo a bucear y encuentro cosas muy feas. Por eso es más cómodo echar la culpa a los demás.

Noemí Pastor dijo...

UNO, claro que no. El sentido del humor es compatible con todo, incluso con una melenaza, pero es lo último que se pierde.