miércoles, 9 de julio de 2008

Cuando a uno se le mueren las calles de la infancia

Siempre nos estamos muriendo de a poquito. Porque cuando uno envejece, se le muere la gente que quiere, los papás, los abuelos, los hermanos, los primos, los amigos, y se le mueren las calles de la infancia. Con cada muerto que ha tenido que ver con la vida de uno, uno también se va muriendo. Morirse, en realidad, es acabarse de morir.

Fernando Vallejo en Ñ
Por cortesía de Magda Díaz-Morales



Tiene razón Vallejo. Uno envejece de golpe cuando no reconoce su barrio, cuando le construyen centros comerciales, cuando los rostros de los niños no le recuerdan a nadie. Y es ya definitivamente viejo cuando las cosas, el mundo, emprenden un camino que no le gusta.


Esto lo escribo porque éste era mi barrio


y ahora lo van a convertir en esto:

Así que el escenario de mi infancia sólo existirá en unas poquísimas fotos y en mi recuerdo.


Technorati tags

27 comentarios:

Cristina dijo...

Conservar los recuerdos y mantener el asombro en esa juventud acumulada que nos espera.

Bello blog, saludos!

Javier Vizcaíno dijo...

¡Menos mal que quedan las fotos, que son más fiables que los recuerdos!
Pensando en estas cosas, me pongo esotérico y me da por pensar que eso que conocimos sigue existiendo en otro plano de la realidad donde también correteamos en pantalón corto sin miedo a que nos atropelle un coche...

Un beso solidario

Noemí Pastor dijo...

Cristina, me ha gustado lo de la juventud acumulada. Es justo mi problema. Un beso.
Javi Vi, yo creo que los recuerdos son la verdad única, aunque no los admita ningún tribunal. Gracias por tu solidarité. Beso.

Alberto López Cordero dijo...

A veces paso por mi barrio, el barrio donde me crié, donde pasé toda mi infancia y casi toda mi adolescencia. Intento encontrar alguna cara conocida, algo que me resulte familiar y que me transporte por unos instantes a esos tiempos, sobre todo ahora en verano que uno pasaba gran parte del día en la calle en bicicleta o sin camiseta jugando a tirarnos agura unos a otros.
Cada vez me es más dificil. Hasta el parque junto al acueducto de San Lázaro se han cargado. Una puta pena el paso del tiempo

Alberto López Cordero dijo...

Quise decir tirarnos agua.

Noemí Pastor dijo...

Hola, Alberto. A mí no me molesta el paso del tiempo, sobre todo porque no puedo hacer nada para impedirlo. Me molesta que ... Ahora no sé cómo decirlo. Me lo pienso para otro post. Un beso grande.

Fernando dijo...

El caso es que, desde un punto de vista objetivo, cuando lo juzgue alguien del siglo XXII (si es que llega ese siglo) se dirá que es un cambio a mejor, que qué diferencia no compares, mujer...
Igual es que se muere uno para que algún no sé qué tenga que seguir adelante inexorablemente.

peke dijo...

Cuando voy a mi Compostela natal siempre flipo por lo cambiada que está y eso que la zona vieja no la hay quien la cambie (más o menos). Y sí, alguna vez tengo pensado que me voy haciendo mayor, que nada permanece como en mis recuerdos, que la vida sigue a pesar de nuestra memoria. En fin.

LA CASA ENCENDIDA dijo...

¡Anda que no es verdad! Cuando voy a la calle Utrilla, no reconozco nada y es cuando me miro en la luna del escapareta y me doy unbuen repaso, casi queno me reconozco.
Besicos guapa, siempre me haces pensar.

Möbius el Crononauta dijo...

Si un dia me largo y mi barrio deja de existir no sé si mi importaría mucho, porque de bello tiene poco.

Podría ser peor, ¡podrían poner un Pachá o algo!

Hay una foto que da la impresión de que vivieras en una isla.

Saludos

Julián dijo...

El amor no tiene barreras, todo lo puede, es como una ballena pero que tiene la inteligencia de un ingeniero, las manos de un panadero, los ojos de una cirujana, los pechos de Meg Ryan y la sonrisa de Marcel Marceau. No tiene barreras.

PD sé que muchos me dirán que Meg Ryan no tiene pechos, a lo cual yo contesto: es que los tiene la ballena!

cacho de pan dijo...

puedo firmar estos párrafos, el tuyo y el de eñe...
Todo se va volviendo fantasmal, aunque no me importaría si lo encontrara mejor, más simpático un poco más amable.
Aquí no sucede.

Fantásticamente dañina la Kinsey.

39escalones dijo...

Hombre, el cambio parece para mejor, pero la memoria sentimental es irreplazable, y me atrevo a decir que esos nuevos bloques de
acero, hormigón y cristal no serán capaces de generar esa nostalgia de otro tiempo. Son como las películas coloreadas.
Todos necesitamos sentir que formamos parte de algo, un lugar fijo donde agarrarse. Cuando uno a uno van desapareciendo, sólo queda el aire.

Agatha Blue* dijo...

... De todo esto, lo que peor me sabe es no recordar que había antes en aquella tienda que ahora regentan un par de japoneses... o como era por dentro la papelería donde compraba los cromos de Barbie y las chucherías de los Domingos...

Mi barrio... que cosa tan bonita... hace poco mi madre y Paco terminaron de mudarse porque compraron otra casa... y ya ninguna de nosotras vive en la Pza. San Francisco de Zaragoza... pero... para siempre, siempre, siempre, siempre... será mi barrio. Todas las calles tienen un recuerdo bonito.

Besos querida Noemí.

Agatha Blue*

Luq+uVe: dijo...

La verdad es que molesta que a uno le cambien el entorno, así sin previo aviso, especuladores inmobiliarios, concejales corruptos y arquitectos que parecen que en vez de estudiar una carrera universitaria se han comprado un librito de estos de 'Pinta y colorea' y además se salen de la rayita.

¡Queremos que nos devuelvan los olivos, y que vuelvan los mochuelos!

Benjuí dijo...

...Pero sobrevivir para verlo también tiene su encanto, y ¿a quién le gustaría vivir en una aldea celta?
A mí no, aunque sienta pellizcos en el alma cada vez que me cambian una esquina, un comercio, una plaza de mi barrio...
Cada vez que regresaba a lugares en donde había vivido me daba llorera; ahora ya no lo hago (lo de volver).

perem1 dijo...

Es un proceso natural y sin punto de retorno. Forma parte del proceso evolutivo, todo cambia, todo se transforma, con la sola objeción de que ahora los cambios se producen a un ritmo mucho mas veloz que hace algunos años.

Por cierto, no he acabado de ver claro en que quieren convertir el barrio!!!! luego nos cuentas que proyecto es ese.

Un saludo.

BUDOKAN dijo...

Mucha nostalgia y se me pianta un lagrimón con este hermoso recuerdo que evocas. Saludos!

celebrador dijo...

Yo viví mis primeros 9 añitos en un barrio de la montaña en la ciudad de Barcelona, hacíamos presas de barro cuando llovía para retener al agua junto a las aceras, nos tirábamos piedras a la cabeza, nos divertíamos viendo los carros tirados por mulas que utilizaban los servicios de limpieza y "tyrapaires" en general...

Sonm estampas del pasado, pero aquel niño sigue viviendo (y sus sensaciones, y su anhelo de felicidad) dentro de mi

Alorza dijo...

Feliz tú que tienes barrio. Yo no sé de dónde soy,o igual es que soy una planta de interior.

Noemí Pastor dijo...

No es que mi barrio fuera el más bonito del mundo, ni mucho menos, ya veis las fotos, pero no sólo hay que conservar lo caro o lo bonito. El patrimonio industrial también merece la pena, aunque sólo sea para que no se nos olvide de dónde venimos ni de dónde hemos comido.

ROBERTO MOSO dijo...

Alguien algún día lloró amargamente al ver que su barrio de la infancia se convertía en Sefanitro.

sinseso dijo...

ooohhhh

el futuro ya llega con esos cilindros vidriosos y modernos!

y yo que registro la pavimentación de mi calle. bueno, para todos hay cambios.

un saludos desde el sur.

Noemí Pastor dijo...

Sinseso, ya te conté que, cuando era niña, mi calle estaba sin pavimentar. Ya ves que de ahí a los rascacielos de cristal tampoco transcurre largo tiempo.
Roberto, seguro que Dios también lloró cuando tuvo que crear el mundo, porque le gustaba la nada.

ROBERTO MOSO dijo...

Pero era una nada relativa... había Dios

Francisco Ortiz dijo...

Deploro la especulación, el derribo de lo auténtico para crear mierda supuestamente valiosa, para destrozar con el propósito de seguir hacia adelante, hasta el precipicio. Y sólo consiguen dejarnos sin zonas verdes y meternos en viviendas cada vez más chicas. Otra manera de fascismo.

Noemí Pastor dijo...

Es verdad, Roberto, se me olvidaba que Dios es omnipresente.
Francisco, a mí lo que más me molesta es que se supone que tengo que estar contenta y me tiene que gustar.
Os beso.