sábado, 6 de septiembre de 2008

El caballero oscuro


El caballero oscuro, Warner Sogefilms, 2008. Director: CHRISTOPHER NOLAN. Reparto: Christian Bale, Michael Caine, Gary Oldman, Heath Ledger, Aaron Eckhart, Maggie Gyllenhaal, Morgan Freeman, Eric Roberts.

A Calamarin no le gustó. A Cacho, sí. A mí, también. Ya le dije a Calamarin en un comentario que me impresionó su violencia, pero eso no significa nada, porque yo paso miedo hasta con Ben Hur, y que no me diga nadie que lo de las galeras no es violencia de la peorcita.

Le decía, pues, a Calamarin, y repito aquí, que Nolan, el dire, ha querido darle la vuelta a la saga, empezando por el título, que no nombra a Batman expresamente y recurre a un juego de palabras bastante manido en inglés (1), pero suficiente para decirnos que la noche continúa negra como el cartel y el traje con pezones, que no hay amanecer.

De hecho, los actores (las actrices no pintan apenas nada) se pasan el metraje declamando frases biensonantes, al estilo de la Cleopatra de Mankiewicz, sobre la victoria y el fracaso, que si vence el mal, que si vence el bien... Y resulta que, como es de esperar, vence el caos, el simpropósito del perro que, como dice el Joker, corre tras los vehículos y no sabría qué hacer si los alcanzara.

El héroe no es tal, sino alguien tan vulgar como un tipo cansado de salir de noche que quiere casarse con su novia de siempre y sentar por fin la cabeza; o como un profesional estresado que busca un sustituto para continuar su labor. Las dos cosas intenta hacer Batman en esta peli y las dos le salen mal.

Para acabar, el reparto tiene altura y no sé si Heath Ledger está sobreactuado; podría ser que sí; pero sé que consigue sacarme de quicio, y eso ya es mérito.


(1) Más ingenioso resultaba en Night moves (1975), La noche se mueve, estupendísima película de Arthur Penn con Melanie Griffith y Jean Hackman, en cuyo título, el juego de palabras entre night y knight se refiere al movimiento del caballo del ajedrez.


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miércoles, 3 de septiembre de 2008

¿Qué lees en verano?



Así se titula un meme que vi circular, allá por el mes de junio, de blog en blog estadounidense. A mí no me lo pasó nadie, pero me da igual, me lo apropio por la cara y con retraso temporal, además.


Porque éste era un meme preveraniego en el que la gente contaba qué libros se llevaba de vacaciones. Yo lo convierto en postveraniego y os cuento qué he leído durante mi presunto retiro espiritual andaluz. Así os adelanto de qué os hablaré en las próximas semanas.


Bueno, sólo os pongo los libros de entretenimiento; los aburridos de lingüística, me los callo. Vale, a ver si me aclaro: no quiero decir que la lingüística sea aburrida, a mí me encanta, incluso estoy venga a darle vueltas a la idea de abrir un blog sobre el asunto, pero entiendo que no sea de interés general.


En fin, después de este lío, allá van las pocas novelitas y algún ensayito que he leído:


Mario Mendoza: "Satanás"
Sara Paretsky: "Punto muerto"

Bruce Bégout: "Lugar común. El motel americano"

Naomi Klein: "No Logo"

Frances Fyfield: "Sombras en el espejo"

Lawrence Block: "Cuando el antro sagrado cierra"

Emmanuel Carrère: "La classe de neige"


Bueno, por decir toda la verdad diré que estos son los libros que he empezado, pero todos todos no los he acabado. Aunque lo haré.


Más detalles en próximas entregas. Os beso.


¡Ah! Y quien quiera seguir el meme, que lo siga.



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domingo, 31 de agosto de 2008

El regreso

Llevo un boli nuevo en la cartera,
pero tengo arena aún en los bolsillos
y piedras de colores en la mano.

Didier Dufresne: El regreso. La traducción es mía.


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viernes, 22 de agosto de 2008

Quinta y última crónica araceniense


Ya me toca despedirme y empezar a echar de menos las piedras blancas de las iglesias, sus techumbres con reflejos cobrizos y los azulejos con la imagen de Nuestra Señora del Mayor Dolor.

Llevo, en cambio, pegado a los ojos, el azul cielo limpísimo, la sombra de los alcornoques y las flores rojas de los balcones.

Digo adiós y hasta siempre a los pajarillos madrugadores, la brisa agradecible de la sierra, la luz inundadora de la mañana y la doradísima del atardecer; a las calles blancas y las rejas negras de las ventanas.

Me voy de Andalucía, después de haberle robado algo de paz de espíritu.


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jueves, 14 de agosto de 2008

Cuarta crónica araceniense


Me estoy aficionando demasiado peligrosamente a la forma de alimentarse de Aracena. Todo gira alrededor del cerdo y el pan tostado. El pan tostado es una delicia que se toma a todas horas: para desayunar, almorzar, comer, merendar o cenar, con mermelada, manteca, mantequilla, aceite de oliva o solo. Y, claro, hay que acompañarlo con unas lonchitas de jamón o, por variar un poco, con lomo ibérico. Tampoco le va mal un queso de cabra típico de la zona u otro de oveja, muy curado y muy sabroso, que compré en la tienda el otro día.

Luego están las demás partes comestibles del cerdo ibérico: el solomillo, el lomo, la pluma, la presa, el secreto... Antes de llegar aquí, incluso desconocía la existencia de algunas de ellas. ¡Lo que da de sí un puerco, madre mía! Todo eso se puede ver y aprender en el Museo del Jamón, aquí en Aracena.

Me pregunto qué sentirá la población musulmana que vive aquí; soledad, supongo. Bueno, siempre les quedarán las setas, abundantes en la sierra y deliciosas, que se comen en revuelto, cazuela o croquetas. Y, como estamos a escasos cien kilómetros de Portugal, han llegado hasta aquí las benditas recetas de bacalao. El otro día comí aquí en Aracena, en La Serrana, un lomo estupendo con una salsa riquísima de tomate y calabacín. Y, para compensar, otro día, crucé la frontera y en Serpa, en el restaurante O Alentejano, me zampé un sublime arroz con pato.


En la foto, la portada manuelina de la iglesia de Almonaster la Real.

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sábado, 9 de agosto de 2008

Tercera crónica araceniense


Aracena tiene un poco de isla, un algo de microuniverso finito: la ciudad grande que le queda más próxima es Sevilla y está a ochenta y ocho kilómetros de carrerera serrana, nada de autopista. Huelva queda aún más lejos: a ciento cinco kilómetros, también por carretera.

Le falta a Aracena, claro, el cuello de botella de las islas de verdad, el embarcadero o pequeño aeropuerto por el que no hay más remedio que pasar para entrar o salir, pues de aquí parten unas cuantas carreteras para el norte, para el sur y pa to los laos.

Tiene de microuniverso finito, en cambio, que no ofrece mucho donde elegir, sólo uno de cada: una heladería, un solo supermercado grande, un teatro, una televisión local...

Hay, eso sí, montones de confiterías donde venden dulces de aspecto arrebatador, espléndidas tartas y panes artesanos y, cómo no, multitud de tiendas con productos del cerdo y nombres curiosos como Artesanía del Cerdo Ibérico, que me hace pensar en un cochino cestero o alfarero, o La Boutique del Cerdo, donde podrían vender ropita para gorrinos.


En la foto, ventana de Aracena en la Plaza Alta, subiendo al castillo.


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lunes, 4 de agosto de 2008

Segunda crónica araceniense


Mi casa de Aracena estaba antes, según dice mi casera, "en las afueras afuerísimas", pero el pueblo la fue engullendo y ya está dentro del casco urbano, un poco en la esquinilla y justo donde empieza el recinto ferial, la feria, que están empezando a organizar. En mi misma puerta están levantando la portada del recinto; ahora no es más que tubos y alambres, pero pronto será bombillitas de colores.

Eso será de noche, porque aquí, en Aracena, la vida empieza cuando el sol está ya bien caído y no madruga nadie: a las nueve de la mañana el mercado está desierto, con algunos puestos todavía sin instalar, y los kioscos de periódicos, cerrados; las piscinas, las públicas y las privadas, abren a las doce del mediodía; a las ocho de la tarde aún no ha despertado Aracena de la siesta y las plazas están vacías; el cine y el teatro, la animación en bares y restaurantes, comienzan a las diez y media de la noche... Todo de noche.

A mí, más que la noche, me gusta el anochecer, cuando el cielo va pasando por todas las tonalidades del azul al negro, las calles huelen a flores y salen de cacería las golondrinas y los murcielaguillos.

La foto la he hecho por la mañana, temprano, en la plazoleta de San Pedro, donde hay una escultura de un vestidito de niña.


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