miércoles, 15 de octubre de 2008

Gotzon Garate y la novela policiaca

Encuentro por casa un artículo de hace ya unos cuantos añitos. Lo escribió y publicó Gotzon Garate en el numero 105 de la revista Jakin. El artículo se titula Los comienzos de la novela policiaca en lengua vasca y cuenta cosas que quiero compartir con ustedes.

Empieza diciendo que la novela policiaca es lo que más se lee en el mundo, el género literario que más gusta a la gente en general. La consume todo tipo de personas: con estudios, sin estudios, con dinero, sin dinero, y de todas las edades. Al año se publican miles de novelas policiacas y se venden millones de ejemplares en todas partes: además de librerías de pueblos y ciudades, kioscos de estaciones y aeropuertos y de la misma calle.

Las novelas policacas nos gustan a tantísima gente porque nos sacan del aburrimiento cotidiano, nos despiertan la curiosidad, son fáciles de leer y tienen mucha acción y mucho diálogo.

Quizás sea esa popularidad del género la culpable de que se haya considerado subliteratura. Garate, por supuesto, no está de acuerdo con tal opinión. Cree que hay muchas novelas policiacas execrables, pero porque hay muchas novelas policiacas en general. Lo mismo sucede con otros géneros muy cultivados: con las novelas románticas, por ejemplo.

Hay novelas de detectives que han alcanzado las cumbres literarias. Para Garate, Crimen y castigo entra de lleno en el género policial, con el añadido del toque de genialidad de Dostoievsky.

Charles Dickens también tiene La casa desierta, con el detective Bucket, y El misterio de Edwin Drood, que dejó inacabada.

Faulkner es en opinión de de muchos especialistas uno de los mejores escritores del siglo XX. Pues bien, en Santuario hay trabajo detectivesco tras el asesinato de una muchacha, e Intruso en el polvo puede considerarse una novela de suspense.

Tiene también todas las características del suspense Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Márquez. Y El nombre de la rosa, de Umberto Eco, ocupa el puesto número 13 en la lista de las 100 mejores novelas policiacas elaborada por la Crime Writers Association (1).

El autor preferido de Garate es Chandler; admira sus descripciones enérgicas y coloristas, sus diálogos agudos y sus ambientes oscuros y amenazantes.

Luego pasa a hablar Garate en su artículo de la historia de la novela policiaca en lengua vasca, historia de la que él mismo forma parte, pero eso vamos a dejarlo para otro día.

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(1) Éstas son las diez primeras: 1.- La hija del tiempo, de Josephine Tey. 2.- El sueño eterno, de Raymond Chandler. 3.- El espía que surgió del frío, de John le Carrée. 4.- Gaudy Night, de Dorothy L. Sayers.- 5.- El asesinato de Rogelio Ackroyd, de Agatha Christie. 6.- Rebecca, de Daphne du Maurier. 6.- Adiós, muñeca, de Raymond Chandler. 7.- La piedra lunar, de Wilkie Collins. 9.- The Ipcress File, de Len Deighton. 10.- El halcón maltés, de Dashiel Hammet.

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lunes, 13 de octubre de 2008

Gotzon Garate. In memoriam


No me gusta tener el blog pegado a la actualidad, porque es una forma de esclavitud, pero el fallecimiento de Gotzon Garate, el miércoles pasado, 8 de octubre, a la edad de 74 años, en Bilbao, me ha tocado el corazón y, a modo de homenaje, quiero poner unas líneas sobre este buen hombre.

La mejor definición de Garate la hizo el otro día el presidente de la Academia de la Lengua Vasca, Ander Urrutia: dijo que era un todoterreno y no le faltaba razón, pues Garate tenía un currículum de caerse de espaldas.

Veamos. Se doctoró en Filosofía en Madrid, se licenció en Teología en Innsbruck y en Filología Románica en Deusto y se especializó en marxismo en Friburgo. Hablaba nueve lenguas. Colaboró con montones de revistas y publicó más de treinta libros sobre lingüística, literatura, Lenin, Marx, Mao, Rosa Luxemburgo... En una de sus obras más conocidas, Refranes, recopiló 30.466 expresiones en vasco, español, inglés y latín.

Pero yo voy a destacar aquí otras dos cosas sobre Gotzon Garate. La primera, que fue uno de los precursores de la novela negra en lengua vasca, con obras como Esku leuna (1977), Izurri berria (1982) o Alaba (1988), y creó a los detectives Jon Bidart y Haitz Zumeta.

Y la segunda, un librito delicioso, New York, New York, que publicó en 1988. Garate enseñaba durante el curso en la Universidad de Deusto y en verano se iba a Manhattan, concretamente al depauperado barrio de Washington Heights, donde colaboraba en una misión jesuita. Allí tuvo contacto con gentes que, siendo creyentes o no, se acercaban a contar sus problemas: drogadicción, abandono, delincuencia, sida y mucha mucha soledad. Así construye Garate, sin pizca de morbo ni paternalismo, quince relatos apasionantes sobre el lado chungo y salvaje de la Gran Manzana.

Que alguien me corrija si me equivoco, pero creo que, lamentablemente, ninguna de sus obras está traducida. Transvasarlas a otras lenguas sería un bonito homenaje, ¿no?


P.D. La foto, que sirve al mismo tiempo de promoción turística de Bilbao, es de eitb24.com.


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viernes, 10 de octubre de 2008

miércoles, 8 de octubre de 2008

El mundo según Süden


Hablábamos ayer de Friedrich Ani, el de la foto, que es un escritor alemán, hijo de polaca y de sirio. Este dato no viene a cuento, lo sé, pero me apetecía darlo.

Según la Deutsche Wikipedia, Ani ha escrito diez novelas con el inspector Tabor Süden como protagonista. La primera es La promesa del ángel caído, que salió en Alemania en 2001. También es lo primero de Ani que he leído yo y sabe el cielo que no será lo último.

El inspector Süden es un tipo peculiar que narra en primera persona y suelta de vez en cuando cosas que merece la pena repetir. Así que os voy poner unos párrafos selectos, para que disfrutéis conmigo. Allá van.

La verdad no es lo contrario de la mentira. La verdad pertenece a otra categoría. La mentira forma parte de la verdad. Y por eso a veces es difícil comprender las situaciones, comprender a la persona y la habitación que lleva consigo a todas partes y en la que sólo ella sabe orientarse. Si no comprendemos la clase de habitación en la que vive una persona, no comprendemos nada. Y entonces tenemos que conformarnos con la variante de la verdad que más nos tranquiliza.
(...)
Era uno de esos bares en los que el sol se queda fuera, como un perro obediente.
(...)
El entierro estaba llegando a su fin y empezaba la parte agradable. Cuando se hablaba del muerto. Y se lo elogiaba. Y había carcajadas. Y el cadáver empezaba por fin a tener sentido.
(...)
Soy un hombre que sobrevalora su soledad y a veces pierde el equilibrio hormonal. Mi trabajo sólo me sirve para aguantarme a mí mismo. Me gusta porque me obliga a mantener un orden.
(...)
¿Cuántas veces puede rompérsele a alguien algo dentro, hasta que ya no queda nada entero? ¿Cuántas veces? Muchas.
(...)
La gente que está determinada a rehacer su vida en un lugar lejano no suele fallar en el empeño. Algunos necesitan varios intentos; a algunos les fallaba el plan y volvían a la casilla cero, seguían su estilo de vida habitual y hacían creer a todo el mundo que habían vuelto al buen camino y lamentaban sus descarríos. Pero en realidad lo que hacían era acumular fuerzas. E información. Y pulir sus planes, sus argucias. Y luego, un buen día, aparecía una carta sobre la mesa, idéntica a la primera, quizás añadiendo: "No me busquéis, porque esta vez no tendréis ninguna oportunidad." Y de nuevo a los familiares se les caía el mundo encima, un mundo cuyas grietas habían intentado tapar sin éxito.

¿Qué? ¿Qué os parece?


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lunes, 6 de octubre de 2008

Más vale tarde


Demasiadas veces había aplazado mi primera cita con Friedrich Ani y su inspector Tabor Süden, pero por fin se produjo el encuentro, y fue feliz.

Süden es un personaje construido con los mejores retazos de sus antecesores. Es lacónico y bastante borracho, como Scuder; tiene una novia siempre ausente y malhumorada, como Montalbano; tiene olfato, especiales dotes de observación y ese tipo de intuición, dizque femenina, que no consiste más que en fijarse y sacar conclusiones.

Es curiosón, casi cotilla, no abandona los casos, aunque se lo ordenen, hasta que no encuentra una explicación que lo satisfaga. Tiene cuarenta y cuatro años. Cita a The Sweet, Kris Kristofferson y Dylan (Los setenta eran una de las pocas cosas imperecederas que todavía quedaban). Va siempre mal vestido y sin afeitar, parece ser que tira a gordo y tiene un toque extravagante: comete esas pequeñas locuras que todos hacemos y no confesamos para que no nos tomen por tontos o pirados.

Como narra en primera persona, tenemos total acceso a su desastrosa vida personal, no menos destartalada que la de su compañera Sonja y su buen amigo Martin. Comparten todos un jefe perfecto y relamido al que sacan de quicio para regocijo de los lectores.

Süden trabaja en el departamento de desaparecidos de la policía de Múnich y eso, al menos en esta novela, no le hace verse las caras con grandes criminales, sino con gente vulgar: adolescentes revoltosillas, tenderos aburridos y amas de casa convencionales, cada uno con su particular infierno doméstico en el que las llamas alcanzan considerables alturas, no se crean.

Bueno, dirán ustedes, mucho has hablado del personaje, pero la historia ¿qué? Pues la historia no está a la altura: se contiene mucho, apenas avanza en los primeros capítulos, se deja adivinar (¡menos mal!) sin pretendidas revelaciones inesperadas y luego, muy al final, estalla a borbotones quizás demasiado melodramáticos.

Para acabar, la ciudad de Múnich (no la conozco; habrá que ponerle remedio inmediatamente) se hace también protagonista y la traducción de Joan Parra solventa airosamente varios problemas peliagudos del transvase alemán-español.

Otro día os pongo unos párrafos selectos. Hasta prontito.

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viernes, 3 de octubre de 2008

El meme del alfabeto


Este meme también lo vi discurrir por diferentes blogs en inglés y, aunque nadie me lo pasó, decidí apropiármelo por toda la face y porque sí. De manera que lo inauguro después de haberlo robado, cosa que, fuera de la blogosfera, es delito, así que no lo hagáis.

En fin. Consiste en rellenar el alfabeto con nombres de escritores y escritoras que nos gustan. No tiene, pues, ninguna complicación. Se lo dedico a la G de Grafton, Sue, que inventó El Alfabeto del Crimen, y se lo paso, con todo mi cariño, a quien lo quiera coger.
Vamos allá.

A de Austen, Jane.
B de Block, Lawrence, y de Bayly, Jaime.
C de Camilleri, Andrea.
D de Dörrie, Doris.
E de Ellroy, James.
F de Fajardie, Frédéric.
G de Grafton, Sue, of course.
H de Himes, Chester.
I de Izzo, Jean-Claude.
J de Jonquet, Thierry.
K de Kahdra, Yasmina y de Kureishi, Hanif.
L de Le Roy, Philip.
M de Márkaris, Petros.
N de Noll, Ingrid.
Ñ de ñadie.
O de Opell, Jean-Hugues.
P de Puig, Manuel (mi santo patrón), Paretsky, Sara y Padura, Leonardo.
Q de Quiroga, Horacio, que también debería figurar, aunque no suele hacerlo, entre los cultivadores del relato tirando a negro.
R de Rendell, Ruth.
S de Silva, Lorenzo.
T de Tolstoi, León.
U de Urretabizkaia, Arantxa.
V de Vargas Llosa, Vázquez Montalbán y Vallejo, Fernando. Esto es trampa, pero como el meme es mío, ¿qué vais a hacer? ¿Denunciarme?
W de Westlake, Donald.
Y de Yourcenar, Marguerite.
Z de Zubizarreta, Patxi.
Seguro que se me olvida alguien importante. Besos.

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miércoles, 1 de octubre de 2008

El caso Leavenworth


Anna Katharine Green: El caso Leavenworth
Traducción de Lorenzo F. Díaz
Imágica Ediciones. Madrid, 2008

Esa señora del retrato es Anna Katharine Green. La pongo aquí porque acaba de publicarse en castellano su primera novela. Green (1846-1935) nació y murió en Nueva York y es considerada, con Poe, una de las creadoras de la novela de detectives.

El ingenio de Green parió a un detective llamado Ebenezer Gryce y, ¡oh, maravilla!, a la primera mujer detective de la historia literaria, Violet Strange. Más tarde creó también a otra investigadora, Amelia Butterworth, que, al parecer, inspiró el personaje de Miss Marple, pues las dos son señoras mayores observadoras, muy agudas y listísimas.

Si queréis leer el original de El caso Leavenworth en inglés, gracias al proyecto Guttemberg lo tenéis aquí.


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