miércoles, 3 de octubre de 2012

No espabilamos

"Lo que contaban los pescadores era terrible. A menudo recogían en las redes cadáveres o trozos de cadáveres que arrojaban de nuevo al mar. Restos de cientos y cientos de hombres, mujeres y niños que habían esperado llegar, después de un viaje infernal a través de desiertos y lugares miserables que habían acabado con ellos, a un país donde podrían ganarse un mendrugo de pan.

Para realizar ese viaje se deshacían de sus pertenencias, lo vendían todo, alma y cuerpo, para así pagar por adelantado a los negreros que comerciaban con carne humana y que no vacilaban en dejarlos morir, echándolos al agua a la menor señal de peligro. Y a los supervivientes que conseguían tocar tierra, ¡menudo recibimiento les dispensaban en el país! Los metían en centros de acogida; así los llamaban, cuando en muchos casos eran auténticos campos de concentración.

Y había personas, llamadas vete tú a saber por qué honorables, que, no contentas con eso, querrían verlos muertos; decían que nuestros marinos deberían emprenderla a cañonazos contra sus barcas porque, según ellos, todos eran delincuentes, holagazanes, y transmitían enfermedades. Exactamente lo mismo que les había sucedido a los italianos en América. Pero todo el mundo había olvidado eso."

Andrea Camilleri
La edad de la duda
Ediciones Salamandra, 2012
Traducción de Teresa Clavel Lledó

6 comentarios:

peke dijo...

Así que estás con él. Yo lo leí hace unos meses. Como siempre.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

No por mil veces leída (en términos, si no idénticos, muy similares), la reflexión deja de ser, compa NOE, tremendamente descorazonadora. No, no espabilamos, desde luego que no. Memoria histórica de pez, eso es lo que rascamos...

Un fuerte abrazo y seguimos trasteando.

Uno dijo...

Los veo, contentos seguramente de haber llegado hasta la puerta de ese supermercado que abren con un "buenos días señora", y se me pregunto si tenemos derecho a angustiarnos por la crisis.
Tu me presentaste a Montalbano y creo que este puede ser un estupendo libro para leer ahora que voy a conocer Palermo.
Un abrazo

Noemí Pastor dijo...

Hola, PEKE. Sí yo lo tengo hace meses por casa, pero acabo de empezar a leerlo. Y sí, lo que tú dices: de momento, como siempre. Y, como siempre, me gustan esos raptos de lucidez de Camilleri-Montalbano. Un beso.

Noemí Pastor dijo...

Hola, MANUEL. Yo no dejo de escandalizarme de cómo las mismas mentiras racistas tienen tanto éxito en toda época, circunstancia y lugar. Por eso digo que seguimos siempre con las mismas estupideces y no aprendemos, no espabilamos. En fin. Un abrazo gordo.

Noemí Pastor dijo...

Qué bien, Palermo. Yo no lo conozco. He estado en Sicilia, pero no llegué a la capital: me expulsó de la isla el ferragosto.
En el supermercado frente a mi casa hay un chico extranjero que pide dinero en la puerta y ya ha aprendido a hablar vasco.
Por lo poco que he leído, en esta novela a Montalbano le sale una vena destroyer que es lo que más me gusta de él. Besazos.