martes, 23 de octubre de 2007

Impostura (y III)

Contábamos antes de ayer la atribulada vida de Jean-Claude Romand y ayer, que Emmanuel Carrère se había servido de toda esa materia literaria bruta para pulir una interesante novela.



No mucho después, en 2001, saltó a las pantallas la primera película basada en la historia de Romand: L'Emploi du temps, de Laurent Cantet, que se tomaba algunas lícitas libertades con respecto a los hechos. Así, al protagonista lo despedían de su trabajo y acababa por confesar la mentira a su esposa.

Un año más tarde, Nicole Garcia permaneció fiel al texto de Carrère y presentó en Cannes El adversario, construida como un flash back desde el día que Romand pasó solo en su casa después de haber cometido los asesinatos. Es una película glacial, opaca e inquietante que no muestra sangre ni violencia.

También en 2002 hubo una tercera película basada en la historia de Romand: la española La vida de nadie, ópera prima de Eduard Cortés. Cortés traslada la acción a Madrid, convierte al personaje principal (estupendo José Coronado) en economista del Banco de España y hace que su engaño se tambalee al enamorarse de una joven, enamoramiento que será lo único verdadero en su vida en muchos años.

Un impostor mucho más simpático que Romand fue Frank W. Abagnale Jr. Todavía no había acabado el instituto y ya se hacía pasar por piloto en una compañía aérea. Luego se convirtió en médico, abogado y profesor de universidad, mientras cobraba millones de dólares falsificando cheques. Abagnale no era un mitómano ni un enfermo, sino un caradura, un sinvergüenza que se tomaba la impostura como un juego y se divertía fingiendo.

Abagnale publicó su autobiografía, Atrápame si puedes, en 1980, y con ella Spielberg nos hizo una película en 2002, con Leonardo Di Caprio y Tom Hanks.

Y acabamos este repertorio de imposturas con una novela de Santiago Gamboa que se titula precisamente Los impostores. Varias personas que desean ser lo que no son, viven una peripecia detectivesca en China. Es la historia de un gran malentendido, con intriga, humor e ironía. Mirad lo que dice Gamboa sobre el asunto que nos ocupa: No creo que la impostura sea mala. Es parte del ser humano, todos vivimos dando imágenes de nosotros mismos que no se corresponden con la realidad. Cuando hablamos de nosotros mismos, todos somos buenos, tolerantes, justos...


Todo nace de la insatisfacción que nos provoca nuestra vida real frente a lo que quisiéramos que fuera nuestra existencia. En el principio siempre estuvo el fracaso. Hasta Don Quijote fue un gran impostor que quiso construir otro mundo y transformarse a sí mismo.

Truman Capote lo expresa triste y claramente: ... tragedia: el destino que aguarda a todos aquellos que rechazamos nuestra propia naturaleza e insistimos en ser algo distinto de lo que somos.



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14 comentarios:

BUDOKAN dijo...

Debo reconocer que las historias sobre impostores, ya sea en el cine o en la literatura siempre me despiertan simpatía, será que en el fondo todos tenemos algo de eso. Saludos!

39escalones dijo...

Me parece muy acertado el comentario del autor de "Los impostores". La simulación es el fundamento de las relaciones sociales, aunque estos elementos que has citado estos días lo hayan llevado al extremo. Ah, y me gustó Coronado. La de Spielberg, nada; en especial la dupla DiCaprio-Hanks me espantó.

peke dijo...

Sí, hasta don Quijote quiso ser lo que no era.

Noemí Pastor dijo...

Es difícil determinar hasta dónde la impostura es simpática y hasta dónde es falta de respeto, dónde empieza el mínimo autoengaño y dónde el delirio. Pero una pequeña dosis de eso la llevamos todos dentro.

ALBERTO LÓPEZ dijo...

La Vida de Nadie, me parece una película excelente pero ignoraba de quien era el relato original. Además me trae muchos recuerdos ya que cuando la ví por primera vez trabajaba en Madrid y una de las escenas en la cual Coronado es invitado por la chica, Marta Etura, a subir a su piso, está rodada en la Plaza de San Ildefonso, en el barrio de Malasaña, lugar donde yo realizaba mis tareas laborales.¡Qué tiempos¡

Noemí Pastor dijo...

Bueno, Alberto, me alegro de haberte traído a la cabeza hermosos recuerdos. A mí me gustó mucho Coronado también en "La vida mancha". Bueno, toda la peli estaba estupenda.

Lucía dijo...

Todos somos un poco impostores. El fin es agradar a los demás y mostramos siempre nuestros mejores aspectos para ello.
Besos.

malvisto dijo...

El empleo del tiempo me espantó: qué angustia ver a ese pobre hombre, que puede ser cada uno de nosotros, queriendo no ir al maldito trabajo, y fuera de eso mintiéndole a la mujer!!!
En cuanto a los impostores; hombre que hace falta un poco de locura, de mal posura e impostura para ir largando: demasiada verdad y realidad choca. Endurece la vista...

Fernando dijo...

Yo conozco a una impostora que va proclamando tener gustos vulgares. Y acabará creyéndoselo.
A mí me pareció genial la secuencición (perdón por el palabro) de la peli de Spielberg, que es un genio de la imagen, no de las historias.
En todo caso, a impostores nadie gana a los que escriben; es que rima y todo.

perem1 dijo...

Buenas.

Interesante y bien documentado tema.
Por cierto al leer los comentarios he recordado que todavía tengo pendiente visionar "La Vida de Nadie".

Noemi, ya vi tu visita a mi blog. El de los libros fue un experimento para otro blog pero no acabo de funcionar.

Un saludo.

M@k, el Buscaimposibles dijo...

Si "a importores nadie gana a los que escriben", ¿quién sois vos, Fernando? ;-))

cacho de pan dijo...

qué infierno el de sus paseos por el bosque! recuerdo mis (pocas) escapadas de la escuela, ¡qué largas se hacían las mañanas, qué interminables! era preferible aguantar a los profesores, esperar el recreo, soñar con la salida.
también el último W.Allen habla de la impostura y su tragedia.

Francisco Ortiz dijo...

El adversario es una de las películas que más me ha costado ver. Es muy, muy dura si te emociona y entras en ella.

Noemí Pastor dijo...

Con vuestros comentarios y sugerencias se puede escribir un tratado de casi mil páginas sobre la simulación y la mentira. Gracias.
Siempre he pensado que la sinceridad es una virtud sobrevalorada.