
Pues sí, al final fui a Portugalete, a ver qué se contaba Maruja Torres y no me defraudó, a pesar de que tuve que seguir toda la charla de pie, pues llegué un poquito tarde y ya estaban todos los asientos ocupados. Un éxito de público, vamos.
Solidaria ella con las nuevas generaciones de periodistas, a las que las grandes empresas de comunicación, pretendidamente defensoras de la justicia y las libertades, tratan como a ganado, no quiso dar una conferencia al uso, sino que prefirió una charla; solicitó que la entrevistara una periodista jovencita y así lo hizo una chica cuyo nombre no recuerdo (lo siento de veras), con gran acierto, además.
Maruja nos habló de su actual vida en Beirut, plácida y fructífera, a pesar de las guerras y las ruinas, ordenada y televisiva, que tendrá que abandonar en cuanto le empeore la rótula, ya que el Líbano "no es país para cojos": tiene muchas cuestas y ninguna seguridad social.
En Esperadme en el cielo, el libro por el que le han dado el Premio Nadal, se inventa Maruja la
infancia que no tuvo con Terenci Moix y Manuel Vázquez Montalbán. Se conocieron más tarde, en la adolescencia o juventud, a pesar de haberse criado en el mismo barrio, el Raval barcelonés, donde, por sorprendente que parezca, había clases. Sí, esto es algo que choca, pero rigurosamente cierto. Yo también me crié en un barrio obrero que, sin embargo, tenía su aristocracia y sus parias, sus familias "bien" de toda la vida, y las familias como la mía, recién llegada, sin raíces allá. Quien no ha vivido en un barrio pobre se cree que es una especie de democracia pura en la que todos están igualados dans la merde, pero no, no es así.
infancia que no tuvo con Terenci Moix y Manuel Vázquez Montalbán. Se conocieron más tarde, en la adolescencia o juventud, a pesar de haberse criado en el mismo barrio, el Raval barcelonés, donde, por sorprendente que parezca, había clases. Sí, esto es algo que choca, pero rigurosamente cierto. Yo también me crié en un barrio obrero que, sin embargo, tenía su aristocracia y sus parias, sus familias "bien" de toda la vida, y las familias como la mía, recién llegada, sin raíces allá. Quien no ha vivido en un barrio pobre se cree que es una especie de democracia pura en la que todos están igualados dans la merde, pero no, no es así.Maruja se puso tierna y emotiva cuando le preguntaron por Juantxu Rodríguez, el fotógrafo de El País que la acompañó a la invasión de Panamá y que murió con el ojo atravesado por una bala del ejército americano. Es que Juantxu Rodríguez era casualmente de Portugalete, aunque su familia se trasladó hace ya tiempo a vivir a Extremadura. Aprovecho para dejar constancia del hermoso libro de fotos de Juantxu que publicó la editorial La Fábrica en un Photobolsillo. Por supuesto que mis favoritas son las de la margen izquierda de la ría de Bilbao, que es mi casa, mi patria y mi infancia, con ese tremendo blanco-negro-gris que tan bien le sienta a este paisaje.
Me gusta Maruja. No tenemos, por desgracia, muchas señoras mayores a las que queramos parecernos, con lo importante que es tener modelos vitales a imitar. Hoy Cher cumple sesenta y tres años; podría ser otro modelo, claro, pero a mí me es más cercana Maruja, más que nada porque así, de entrada, no sabría a dónde ir a quitarme las costillas. Maruja nos dijo ayer algo bonito: que, al envejecer, el cuerpo se te vuelve enemigo, pero se le puede hacer frente permaneciendo fiel a lo que una ha sido, sin rendirse a abrazar el estereotipo en el que el resto del mundo parece querer encerrarte.
Necesitamos gente como tú, Maruja. Gracias.
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